Farijh.
Esto no puede estar pasando, de verdad que no, debe ser un sueño, una horrible pesadilla de la que despertare pronto, pero sé que es la realidad cuando saboreo la sangre en mi boca, había mordido tan fuerte mi labio que me había lastimado sin darme cuenta. ¿Por qué? ¿Por qué tuvo que pasar esto? Lo oculté tan bien, que pensé que nadie lo descubriría, pero aquí estoy, sentada en el interior de la camioneta con Jin, quien me observaba con curiosidad, empatía y algo parecido a la comprensión, aunque estoy muy segura de que lo último me lo estoy inventando.
Jin fue testigo del acoso de Ha-Na hacia mí, escucho todo, lo vio todo, la manera en la que me humillan, golpean e intimidan, me vio ser tan vulnerable, débil y patética que no me atrevo a mirarlo a los ojos, no quiero enfrentarme a eso, no puedo.
–G-gracias por tu ayuda–murmuró en voz tan baja, que seguramente no me escuchó, pero aun así no me atrevo a repetirlo.
–¿Sabes que sería mejor que eso? –pregunta con voz suave, como si no quisiera asustarme –Que me expliques que es lo que está pasando.
–N-no, no puedo –negué varias veces con la cabeza, abrazándome con más fuerza –, yo…
–¿Qué te detiene? –interrumpe mi balbuceo –¿Miedo? ¿Vergüenza? ¿Poca confianza? Sea cual sea el motivo, no borra mis deseos de ayudarte.
–¿Cómo lo harías? –pregunto a la defensiva –No puedes cambiar mi vida –siseo, sin controlar todo el caos de emociones que hierve en mi interior.
–En eso tienes razón –concede –, pero al menos puedo escucharte y tratar de ayudarte de alguna manera, ninguno de los dos pierde nada.
Me quedé en silencio, reflexionando en sus palabras. Una parte de mí se niega a hablar, temerosa de que vea lo débil, patética y tonta que soy, obligándome a guardarlo todo sin importar lo mucho que me duela y me rompa, aún importar que eso vaya marchitándome hasta que no quedé nada, pero, ¿para qué? Mi silencio no ha hecho nada más que lastimarme y hundirme en un pozo profundo y oscuro lleno de desesperación, miedo, impotencia y dolor, mucho dolor, me ha dado cicatrices que repudio y temores que me vuelven loca y obsesiva con hacerlo todo de manera perfecta y silenciosa.
Ya no puedo más con esto, siento que podría morir en cualquier momento, no de una manera metafórica, de una manera muy real que me aterra, siento que en cualquier momento dejare de respirar y nadie se daría cuenta porque lo oculte demasiado bien. El pensamiento de la muerte está presente cada día, antes era un susurro, ahora parece más un grito que me atormenta en las noches más silenciosas cuando no puedo dormir, que ignoro pensando que poder escapar pronto, pero siendo sincera, esa salida la veo más lejana que nunca.
Zaida tiene razón, ya no puedo esconderlo más, este secreto está destruyéndome de tantas maneras, que no sé cómo voy a repararlo, ni siquiera estoy segura d que podre lograrlo, pero al menos hoy estoy cansada de callar, por hoy, no quiero seguir escondiendo mi dolor y mis miedos. Limpió las pocas lágrimas que resbalaron por mis mejillas, que seguramente no serán las últimas, girando hacia Jin, haciendo un enorme esfuerzo para decir las siguientes palabras:
–¿Podrías darme un abrazo? –susurró con la voz tan rota y vulnerable que me estremezco –Lo necesito, por favor.
La mirada de Jin se suavizó, acercándose para tomarme entre sus brazos y estrecharme con tanta, pero tanta fuerza, consuelo y apoyo que comencé a llorar más fuerte, apretando mis puños en las solapas de su sudadera, dándome el permiso para quebrarme en los brazos de alguien más, de alguien que dudo que me juzgue y me abandone cuando más lo necesito. No me contuve más, era tanto lo que había guardado y soportado, estaba tan desesperada por sentir que no estaba sola y que había una salida, alguna especie de milagro que me sacara de esta tortura, que con ese abrazo pude sentir que por fin podía liberarme de todo, aunque sea por unas horas.
Mi cuerpo temblaba sin control, sollozaba en voz baja y las lágrimas no dejaban de empapar mis mejillas, me ardían los ojos y me dolía el pecho debido a los sollozos, pero, aun así, nunca me había sentido más libre y consolada, las manos de Jin acariciaban con suavidad mi espalda y mi cabeza, meciéndonos suavemente mientras me dejaba desahogarme sin interrumpirme y con la paciencia más infinita del mundo, lo que conmovió mi corazón de una manera muy cálida. Cuando me sentí más tranquila, las lágrimas fueron disminuyendo, respirando lo más profundo que pude, comenzando a hablar sin detenerme, sin filtros ni suavizando las palabras, hablando con total honestidad y sin reparos.
–E-esas chicas con las que discutiste han estado acosándome desde que inicié la Universidad –murmuré con la voz rasposa y ronca –, comenzó de manera paulatina, hasta pensé que estaba exagerándolo todo, pero en el último año han sido más agresivas e hirientes, tengo tanto miedo que no sé cómo defenderme, estoy aterrada de lo que puedan hacerme, no sé por qué lo hacen…
–No debes buscar ninguna razón por la que hacen eso –dice Jin con firmeza –, lo hacen porque es un pobre y patético intento de sentirse menos miserable en su insignificante vida, buscando a quien puedan maltratar para ignorar su propia inferioridad.
–Pero… aun así no lo entiendo –sollocé con dolor –, nunca hice nada para merecerlo…
–Oh, pequeña –sostiene mi rostro con suavidad entre sus manos, limpiando con ternura las lágrimas que aún seguían cayendo –, no puedo decir que conozco tu dolor, nunca he pasado por nada parecido y no voy a faltarte al respeto insinuando que lo hago, pero, si puedo asegurarte que no mereces nada así.