Mayo 20, 2016
LUIS ÁNGEL POV:
Ya era viernes y se podía respirar un aire de libertad en la escuela. Las rencillas, frustraciones o estrés que la vida escolar pudiera provocar se diluían con el pasar de los minutos.
Todo se desvanecía, así como mis ganas de seguir viendo a Fernanda, quien pese a lo discutido ayer intentaba aún querer platicar conmigo. En el receso intentó invitarme de su comida, pero la rechacé con una sonrisa fingida para que las demás no se dieran cuenta de que algo había ocurrido entre los dos.
—¿Vendrás mañana al paseo de antorchas?
—¿Perdón?
—Ay por favor, ¿no me digas que lo olvidaste? —seguía sin entender a Danna—. Tu cara me dijo que sí. El paseo de antorchas es mañana en la tarde. Vendremos casi todos al parque, caminaremos por la zona y terminaremos en el colegio.
—Ah claro —solté acordándome apenas del dichoso paseo que había olvidado por estar pensando en lo otro. Por cierto, Fernanda estaba aún en la clase, pese a que ya era salida. Intuyo que es porque aún quiere hablar conmigo. Es demasiado insistente, lo tengo que reconocer.
Sin embargo, ahora que la veo sentada sola, detrás de Danna a tan solo tres carpetas de distancia, lleva la mirada fija en la nada, con el rostro desencajado y con ese tic de golpetear a la mesa con sus dedos. No parecía la relajada y confiada de sí misma, no. Era otra.
Lo del callejón nos cambió a los dos por completo.
—Yuju, tierra llamando a Luis Ángel. ¿Estás ahí —Danna agitó su mano frente a mis ojos.
—Lo siento, decías.
—No sé qué es lo que te ha pasado, pero en serio debes contárnoslo. Estás distraído todo el tiempo. Ya ni caso me haces —dijo soltando un puchero.
—Por favor, no exageres.
—¿Exagerada yo? Fernanda —la aludida giró a prisa a vernos. Yo puse los ojos en blanco por meterla a ella en la conversación—. ¿El señorito aquí presente sigue actúa como un loquito, verdad?
—Mmm… —no podía responderle, creo que no quería confirmarle que sí, pues me miraba a los ojos como pidiéndome permiso para decir la verdad. Lo único que atiné a hacer fue negar con la cabeza, más para mí que para decirle a ella que contestar— . Mmm… pues, mmm.
—¿Y bien?
Fernanda se quedó en blanco o estaba ordenando en su mente qué decir para no hacerme sentir más incómodo de lo que ya estaba.
—Sí, es un loquito —respondió una voz masculina.
—¿Lo ves? Hasta Mateo que es nuevo se da cuenta de que estás actuando como un loco.
—¿Actuando? Yo pensé que así venía de fábrica.
Giré a lanzarle una mirada con fuego en mis pupilas.
—Tú no te metas en esto —espetó Fernanda con un tono defensivo.
—Vaya, no eres el único loco en esta clase.
—Cierra el hocico, imbécil —vociferó Fernanda mientras se paraba a enfrentarlo.
—Relájate, fue solo una broma.
—Intenta que sea de verdad divertida para lo próxima.
—Vaya que aquí nadie tiene sentido del humor.
Soltó alejándose cuando de pronto el sonido de una zapatilla patinando sobre el suelo dio paso a Mateo cayendo aparatosamente sobre el piso.
—Ja, ja, ja. Eso sí fue divertido, Mateo —respondió Fernanda. Mateo se reincorporó visiblemente avergonzado y tras lanzarle una mirada de pocos amigos a Fernanda salió del salón como si nada hubiera pasado.
Fernanda, por otro lado, aprovechó ese momento para guiñarme el ojo como si hubiera cometido una travesura. Oh, esperen, eso fue lo que hizo.
Negué con la cabeza y salí del salón escuchando tras de mí los insistentes llamados de Fernanda, a quien decidí ignorar.
Fue divertido lo que hizo, sí. Mateo se lo merecía, sí. ¿Pero debió hacer lo que sea que hace solo para congraciarse conmigo? Estaba confundido al respecto y ya no quería seguir pensando sobre eso ahora. Tan solo quería llegar a casa y ver qué endemoniada antorcha llevaría mañana para ese dichoso paseo.
Mayo 21, 2016
No se me ocurrió mejor idea que comprar la antorcha con forma del escudo del colegio. De verdad que mi elección fue muy creativa y para nada común.
—En serio, tu antorcha apesta —comentó de nuevo Danna.
—Ya sé que no es bonita. No me lo recuerdes —contesté.
—No, en serio está apestando. ¿Qué cosa utilizaste para que prendiera?, ¿diesel?
—No encontré nada más con que mantenerla encendida, de acuerdo.
—¿De verdad estás usando diesel? Y luego la que toma malas decisiones soy yo.
—Suficiente, vine a acompañarte. No a que critiques mis malas decisiones.
—Está bien —contestó rindiéndose—. Oh, mira quien está ahí —levantó su mano para llamar su atención—. Fernanda, por aquí.
Ay no. ¿Tenía que venir?
Fernanda se acercó se nos unió.