Artes Prohibidas 1: El Despertar

Capítulo 5. Los sagrados sacramentos

Mayo 24, 2016

LUIS ANGEL POV:

A la mañana siguiente, me levanté de buen humor, así que seguí con la rutina de todas las mañanas. Tomé mi café con extra de azúcar, me bañé, me alisté, me despedí de mis padres y dejé a Gianfranco en su nido.

Al llegar a mi escuela, Fernanda me esperaba en la puerta, como casi todas las mañanas. Di dos pasos, pero alguien se puso en mi camino a propósito.

—Hola, Luis Ángel —me saludó Willow, una de las chicas más antipáticas de la clase. Con su sonrisa torcida y su labial rojo carmesí intentó plantarme un beso en el cachete, a lo que claro me opuse extendiéndole la mano.

—Hola, Willow. ¿A qué debo el honor de tu presencia?

—Escuché por ahí que cierta personita puso los ojos en un chico nuevo. ¿Sabes quién puede ser? —preguntó haciendo una clara alusión a mí, no sabía el porqué.

—No, la verdad es que no y tampoco es que me importe.

—¡Qué bien que no te importe! Odiaría tener que provocarle problemas a ese alguien.

Se cree la reina del mundo solo porque su padre es el dueño de una compañía de seguros.

—Ay, Willow. ¿Qué tan desesperada puedes estar por un chico como para pelear con otro chico? Se ve que te tienes muy poca confianza en ti misma, querida —no iba a dejarme intimidar por esta resbalosa.

—Cuida tus palabras, Luis Ángel, o sino…

—¿O sino qué? —Fernanda se metió en la discusión.

—O sino no querrás descubrir qué soy capaz de hacer por lo que quiero.

—¡Uy, sí! Que miedo, mira como tiemblo —me burlé de ella.

—Deberías —amenazó.

—«No la soporto» —escuché la voz de Fernanda en mi cabeza.

—Yo tampoco —respondí en un murmuro.

—¿Qué dijiste? —preguntó la entrometida de Willow.

—Dijo que tienes unas cucarachas en el cabello —contestó Fernanda poniendo una cara de asco mientras que de verdad le ponía cucarachas del suelo sobre su cabeza.

Willow se pasó una mano por su cabello al sentir unos leves movimientos y en cuanto sintió al primer insecto salió corriendo despavorida.

Fernanda y yo nos sumergimos en un mar de risas.

—¡Gracias! Lo necesitaba —le dije.

—De nada, bebé. Con eso aprenderá a no meterse contigo. Si lo vuelve a hacer, se las verá de nuevo conmigo.

—No me sorprendería que a la próxima lo que ronde en su cabeza no sean inofensivos insectos —solté bromeando—. Cambiando de tema, debes ayudarme a controlar mis —me acerqué a ella cerciorándome de que nadie más escuché y musité— poderes.

—¿Qué fue lo que dijiste? No te escuché bien.

Me acerqué a ella y volví a susurrarle.

—Ayúdame con mis poderes.

—¿Qué?

—Ay, ya sabes lo que dije, no te hagas la que no —solté molesto—. ¿Me vas a ayudar o no? Porque después del lio que hice ayer.

—¿Qué lio hiciste ayer? —preguntó curiosa.

—Digamos que hice mi propia piscina en todo mi baño —confesé agachando la mirada escuchando después carcajadas de su parte—. No le veo la gracia a esto —por el contrario, me asustaba un poco.

—Lo siento. Es que me pasó algo similar cuando descubrí que tenía —se acercó a mí y también me susurró como yo lo hice— poderes.

—Entonces, sabes que no es para burlarse —le dije cruzándome de brazos.

—Lo sé, es solo que cuando alguien más te lo cuenta sí suena muy gracioso.

—Está bien, suficiente. ¿Vas a ayudarme?

—Por supuesto que sí. ¿Qué fue lo que te dije el otro día?

—Juntos hasta el final.

—Exacto.

El timbre de inicio de clases nos sacó de nuestro momento.

—¡Mierda! —me llevé la mano a la cara mientras recordaba que hoy era el examen de matemáticas.

—¿Qué pasó? —preguntó preocupada.

—Con todo y esto de nuestro rollo olvidé por completo que hoy había examen. Y No practiqué nada —dije lamentándome.

—No te preocupes, yo te ayudaré.

—¿Cómo harás eso?, ¿acaso hay un hechizo para saber todo sobre números?

—No, tarado —soltó, palmoteando mi frente—. Solo pídeme ayuda y yo te contestaré: «¿En cuál ejercicio?» —escuché su voz en mi cabeza.

—Honestamente me sigue pareciendo raro que puedas hacer eso.

—¿Comunicarme telepáticamente?

—Sí, eso. Lo aprenderé también.

—Sí, quizás. Algún día —dijo ladeando una sonrisa mientras ambos nos dirigimos a clases.

Fernanda cumplió su promesa. Gracias a ella me sacaré un sobresaliente en el examen de hoy.

Estaba feliz. Comunicarte con tu amiga a través de la mente era sin duda algo muy provechoso, aunque me haya limitado a preguntarle con señas o papelitos, dado que ella es la única que puede hablarme sin mover su boca.




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