Mayo 31, 2016
LUIS ÁNGEL POV:
La campana del receso sonó y junto con ella los fuertes gritos de Danna avisando que ya había terminado la clase.
Los tres junto con Pamela fuimos a la cafetería a comer. Pamela, como de costumbre, pidió una hamburguesa con doble queso. Danna, una ensalada de frutas; Fernanda, unas galletas; y yo, como algunas veces lo hago, no comí nada.
Quería preguntarles a las chicas sobre el entrenamiento, pero no podía hacerlo: Pamela estaba con nosotros. Así que se me ocurrió hablar de deportes.
—Chicas, ¿están preparadas para la práctica de voleibol? —Danna y Pamela se miraron confundidas, pero Fernanda captó la idea de inmediato.
—Yo sí estoy lista. Ya quiero que Danna nos enseñe su técnica. ¿No es así, Danna? —le preguntó Fernanda haciéndole sutiles gestos con su cara. No obstante, ella seguía sin entender. ¿Cómo es posible que para unas cosas sea más despierta, pero para otras no? Comenzaba a desesperarme, así que le di una pequeña patadita en su pie para que reaccionara.
—Ah, sí. Ya me acordé. La práctica que les había prometido.
—Pensé que te habías olvidado —le dije juntando mis labios.
—Ay, cómo crees que me voy a olvidar.
—Espera, ¿les enseñarás a ellos a cómo sacar la pelota? —preguntó Pamela, a lo que Danna asintió—. Yo también quiero ir. ¿Cuándo lo harán?, ¿en dónde será? —preguntó insistente. Los tres nos vimos las caras al mismo tiempo. No esperábamos que quisiera unirse.
—No creo que puedas ir, Pamela —respondió Fernanda.
—¿Por qué no? —rebatió frunciendo el ceño y cruzándose de brazos.
—Porque... porque… —Fernanda no sabía qué responder. Yo actué enseguida.
—Porque la práctica será aquí, en la escuela, después de clases. Como vivimos cerca, se nos hace más fácil. Además, no creo que puedas venir: tú te vas en el autobús a tu casa, vives lejos y no creo que quieras llegar tarde —respondí. Ella alzó la mirada analizando mis argumentos.
—Por más que no quiera admitirlo, tienes razón —se quejó—. Supongo que será para la próxima. ¿No?
—¡Claro que sí! —contesté.
—¡Definitivamente! —respondió Danna—. Aunque eso va a ser algo difícil.
—¿Por qué? —preguntó Fernanda curiosa.
—Porque debo revisar mi agenda, solo para ver si no tengo ninguna cita con mis pretendientes.
—¡Tus pretendientes! —repetí irónicamente.
—Sí, obvio —respondió ella—. Aunque no lo quieran creer, tengo un club de fans y pues, como verán, varios de ellos me han invitado a salir.
—Una consulta, ¿tus pretendientes no serán como Edgar, cierto? —interrumpió Pamela. Todos rompimos en carcajadas.
—Tú crees que si mis citas fueran como Edgar, yo les cancelaría a ustedes. Eso ni soñándolo —se defendió Danna.
El timbre sonó, la hora del almuerzo había terminado. Las chicas se pararon de su lugar para ir a clases, yo también estaba haciendo lo mismo. Sin embargo, cuando me di la vuelta para caminar, me tropecé con alguien, o mejor dicho, alguien se tropezó conmigo.
—¡Tarado! Ten más cuidado —se quejó Mateo.
—¿Qué yo tenga más cuidado? Fíjate tú por dónde vas —le contesté con el mismo tono grave.
—Como digas, animal —respondió altanero.
No aguanté cómo me había contestado, así que decidí jugarle una bromita.
Caminé rápidamente por delante de él. Cuando estaba a una distancia prudente, apunté discretamente mi mano hacia un batido a medio acabar que se encontraba dentro de la basura, lo moví con mis poderes sin que nadie lo viera y se lo lancé a su cabeza.
El contenido de la bebida se vació por toda su cara, dejando a Mateo helado al sentir el líquido espeso deslizándose desde su cabello hasta su boca.
Todos a su alrededor rompieron en risas, incluyéndome. A pesar de que todo el mundo se burlaba de él, Mateo solo enfocó su furiosa mirada en mí, como si fuese el único en la tierra.
Junté los labios para dejar de reírme, pero me fue imposible. Aunque él quisiera culparme por lo sucedido, no podría: yo estaba más adelante y la bebida provino de atrás de él. Un punto para Luis Ángel, cero puntos para Mateo.
Antes de darme la vuelta y seguir mi camino, juré ver sus labios maldiciendo mi nombre. Qué lástima, Mateo, el karma te pegó duro. Y ese karma soy yo.
Junio 02, 2016
Pasaron dos días, tiempo en que se nos hizo difícil reunirnos para practicar "voleibol". A todos los profesores se les ocurrió hacer al mismo tiempo proyectos de última hora, como si por arte de magia lográramos acabarlos en menos de dos días. Para este punto la escuela bien podía ser comparada con una tortura china: ambos hacen sufrir a las personas.
Ya era viernes, la hora de salida había tocado. Esperamos a que el salón se desocupara para hacer de las nuestras y una vez vacío cerramos la puerta.
—Listo —avisé mientras me sujetaba de Fernanda.