Artes Prohibidas 1: El Despertar

Capítulo 8. Amenazas y advertencias

Junio 03, 2016

LUIS ÁNGEL POV:

—Tienes que ser el bueno —me repetía en susurros mientras caminaba a la escuela.

Hoy teníamos que hablar con Mateo y no podíamos permitirnos cometer errores. Si decide contarle a alguien, todo lo que habíamos logrado hasta ahora se vendría abajo.

Estaba convencido de que Fernanda y Danna no dudarían en intimidar a Mateo, serían las policías malas. Por eso yo debía ser el policía bueno, solo para equilibrar la balanza.

Lo cierto es que debíamos actuar con mucha inteligencia. No podemos permitir que nos vea como una amenaza, pero tampoco podemos mostrarnos débiles.

Al llegar a la puerta de la escuela, vi a mi objetivo saludando a sus amigos. El pelinegro agachó ligeramente la cabeza y luego giraba la mirada de lado a lado, como buscando a alguien o quizás sintiéndose observado. Volteó de repente y puso su mirada en mí.

Mis manos temblaron levemente y mi respiración comenzaba a desordenarse. El intimidado no era él sino yo.

Tragué saliva y decidí acercarme a él. Caminé con la cabeza en alto y con paso firme. Cuando estaba cerca, Mateo se apresuró a entrar y perderse en el pasillo junto con su grupo.

—¡Demonios! —mascullé por lo bajo. Ya no pude verlo por ninguna parte.

—¡Luis Ángel! —pegué un brinco del susto, típico de mí. Giré la mirada y me encontré con Pamela—. ¿Qué haces parado como un tonto? Debemos ir a clases taradito.

—Lo sé, taradita —le respondí usando el mismo tono infantil que ella había usado conmigo. La agarré del brazo y juntos ingresamos al salón.

Pamela tomó asiento junto a Fernanda y yo me senté al lado de Danna.

—«¿Hablaste con Mateo?» —me preguntó Fernanda. Negué con la cabeza—. «Mira quién viene ahí» —volteé a ver y era Mateo, quien entraba al salón con ese andar calmado, como si nada hubiese pasado. Esquivó nuestras miradas, como si no existiéramos.

—Sí recuerda lo que hicimos ayer —insinuó Danna.

—«Entonces debemos hacer que lo olvide»

—Así es —respondió mi compañera.

—Amenazarlo debe ser nuestro último recurso —intervine.

—¡No lo creemos! —gritaron las dos al mismo tiempo, llamando la atención de toda la clase.

—No creen que Justin Bieber vaya a volver con Selena —inventé para que dejen de prestarnos atención.

—Yo creo que sí volverán. Se nota que son el uno para el otro —comentó Pamela—. Pero, en fin, es cuestión de ellos.

—Sí, es cosas de ellos —repetí nervioso—. Podrían hablar más bajo, tontas —susurré para que nadie más escuche.

—Volviendo al punto, si no quieres que ajumm… —señaló Danna a Mateo— termine ¡crag! —con sus manos hizo el ademán de romper algo—, habla con él.

—«Caso contrario, tendremos una charla para nada amigable»

—Okey, no se preocupen, trataré de disuadirlo.

—Tienes hasta antes de que acabe el primer descanso para que hables con él —me advirtió Danna.

Giré a ver a Mateo, este me estaba mirando fijamente y cuando vio mi mirada volteó hacia otro lado.

Fernanda vio la escena.

«Piensa bien qué es lo que le vas a decir si no quieres que nosotras hablemos con él» —asentí captando el mensaje. O mejor dicho: la amenaza.

Cuando sonó el timbre del receso, me paré de prisa para ir a hablar con Mateo.

—Inchausti, venga un momento, por favor —ordenó el profesor de ciencia. ¡Rayos! Me acerqué a su mesa—. Inchausti, lamento informarte que si tus notas no mejoran, reprobarás el curso.

Reprobar ciencias no estaba dentro de mis planes esta mañana.

—Profesor, le juro que me estoy esforzando un montón. Sea condescendiente conmigo —nunca me había planteado estar en esta situación: reprobar una materia tan fácil se vería mal. Y eso que ni siquiera es matemáticas—. ¿Qué puedo hacer para subir mis notas?, ¿algún punto extra por alguna tarea? —el profesor alzó la mirada contemplando mi sugerencia.

—De acuerdo, tengo la idea perfecta para que subas tus notas: tendrás que tomar tutorías.

—¡Tutorías! ¿Con usted, profesor?

—No, conmigo no. Con un compañero de la clase.

—¿Con quién?

—Scott, venga un momento, por favor —mis pelitos se crisparon al oír su nombre. ¡No él, no! Mateo dudó varios segundos si venir o no, ya que yo estaba aquí también—. Señor Scott, ¿qué no me oyó? Lo estoy llamando —ante la insistencia del profesor, Mateo Scott tuvo que arrastrarse hasta el escritorio del profesor.

—¿Ocurre algo, profesor? —preguntó sin mirarme, tan solo le prestaba atención al mayor. El aire aquí se sentía denso, pesado. No quería estar a mi lado.

—Su compañero está muy mal en mi curso, así que para que suba sus notas tomará tutorías impartidas por usted.

—¡¿Por mí?! —preguntó con tono de reclamo.

—Sí, por usted. A cambio, obviamente, de unos puntos extras en mi curso. Aunque no los necesita mucho, ya que es el mejor de la clase.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.