Artes Prohibidas 1: El Despertar

Capítulo 10. El director

Junio 08, 2016

LUIS ÁNGEL POV:

A la mañana siguiente, pasé por la casa de Mateo para ir junto con Daniela a la escuela. Quería ver si ella se encontraba bien, después de lo que pasó ayer.

Toqué el timbre de su casa y esperé pacientemente a que me abrieran la puerta. Luego de unos segundos, una señora de mi tamaño abrió la puerta. Llevaba el cabello ondulado, unas cuantas pecas en el rostro que hacían juego con sus ojos marrones claros. Si no me equivoco, ella debía ser su madre.

Me preguntó amablemente a quién buscaba mientras me observaba con detenimiento. La saludé cordialmente, me presenté y le dije que era amigo de sus hijos y que quedamos en vernos aquí antes de ir a la escuela.

—Un segundo, ahorita les aviso, cielo.

A los pocos segundos, un hombre de camisa y corbata salió por la puerta. A comparación de su esposa, él era más alto.

—¿Se te ofrece algo? —me preguntó con voz ronca.

Le respondí que esperaba a Mateo. Omití decirle que también estaba esperando a Daniela, pues no quería que piense que vengo solo por ella. Sería lógico pensar que él es uno de esos padres que son sobreprotectores con sus hijas.

Él sí me escrutó de pies a cabeza siendo más evidente que su esposa.

—Tú debes ser Luis Ángel, ¿cierto? —asentí sonriendo un poco desconcertado.

Me contó que conocía a mi padre desde niños y que era un buen hombre. Luego de eso se despidió con un fuerte apretón que dejó mi mano blanca.

A los segundos salieron Daniela y Mateo. Ella corrió y me envolvió en un fuerte abrazo.

—No fue un sueño, eres real.

—De pies a cabeza —agregué bromeando. Pensó que había sido un sueño. Estaba contenta de ver que la realidad había superado a la ficción.

Mateo apareció con un nuevo corte de pelo. Se había cortado pegado de los lados, pero dejando un poco de la parte de arriba.

—Nuevo estilo —dije en tono burlón.

—No jodas, Luis Ángel —contestó bufando.

—No te queda mal —respondí con sarcasmo.

Y dicho eso caminamos hacia la escuela sin decir otra palabra. Llegamos y nos posicionamos en la fuente, en donde nos esperaban Fernanda y Danna.

—Esperen aquí, ahora regreso.

Al llegar a ellas, noté que Fernanda llevaba una bufanda. Su outfit me pareció extraño, ya que a ella le gustaba presumir su cuello.

—¿Dónde se habían metido ayer? —pregunté al mismo tiempo que las abrazaba—. Tengo mucho que contarles.

—Nosotras también tenemos algo que contarte —manifestó Fernanda un poco preocupada.

—¡Ay! No me asusten. ¿De qué se trata?

—Será mejor si tú nos cuentas primero —habló Danna.

—¿Seguras? —pregunté. Ellas asintieron—. Está bien. Adivinen quién es la nueva integrante del equipo —ambas abrieron los ojos sorprendidas por la noticia.

—¡¿Quién?! —preguntó Fernanda muy ansiosa. Tomé aire y proseguí.

—Resulta que la nueva bruja del equipo, y que por cierto es telépata al igual que tú, es Daniela Scott, la hermana de Mateo —ambas se quedaron con la boca abierta. No se lo esperaban.

—¿Ella es una bruja? —preguntó Danna.

—¿Y también es telépata? —prosiguió Fernanda.

—Sí, sí y sí.

—¿Dónde está? —volvió a preguntar Fernanda.

—Pues está por allá esperando a su nueva profesora de telepatía.

—¿Profesora? —inquirió confundida.

—Así es. Tiene problemas para controlar sus poderes. Si te contara lo que sucedió ayer, te sorprenderías —le dije rememorando lo vivido—. Pero eso será en otra ocasión. Ahora, me pueden decir por qué no vinieron ayer.

No me prestaron atención: sus miradas estaban puestas sobre Daniela.

—Te lo contaremos más tarde. Ahora déjanos conocerla —dijo Danna.

Puse los ojos en blanco y luego las llevé para presentarles a Daniela, quien estaba jugando con su hermano piedra papel o tijera. Me aclaré la garganta consiguiendo llamar la atención de los hermanos.

—Daniela, ella es Fernanda —la presenté—. Probablemente ya sepas que ella es una de mis mejores amigas y también es una…

—Telépata —interrumpió Daniela—. Puedo escucharte en mi cabeza ahora mismo —ambas chicas se quedaron calladas por un largo tiempo, el contacto visual entre ambas era fuerte. Debo suponer que estaban conversando telepáticamente. Mateo, Danna y yo nos sentíamos excluidos.

—Chicas, hablo por todos al decir que, por favor, se comuniquen con la boca —dijo Danna.

—Que ganas de arruinar el momento —le recriminó Fernanda.

—Creí que era la única con esta habilidad —dijo Daniela con cierto alivio en su voz.

—Pues no eres la única —hablé esta vez yo—. No estarás sola nunca más, ahora nos tienes a nosotros —aproveché en tomar de los hombros a las chicas.




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