Artes Prohibidas 1: El Despertar

Capítulo 11. La Orden Secreta del Lobo

Junio 08, 2016

LUIS ÁNGEL POV:

Cuando llegué al salón, ya había iniciado la clase de ciencias. La profesora me preguntó en dónde había estado, le contesté que tuve una reunión con el director. No me creyó. Pensaba dejarme fuera de la clase.

— **Profesora, déjeme entrar** —le insistí más convencido, tal como lo había hecho ayer con Daniela.

—Está bien, alumno, pase —respondió ella. Funcionó.

Al llegar a mi sitio Danna me observa entrecerrando los ojos, pero no era la única, todo el mundo me miraba de la misma forma.

—¿Pasó algo malo con el director? —preguntó ella.

—No es nada malo, pero tampoco nada bueno.

—¿De qué hablas?

—Es una larga historia.

Esperamos dos horas hasta que tocó el timbre del receso. Fernanda se acercó a mí a preguntarme por lo del director.

—Tenemos que estar todos reunidos para contarles.

—Cuando dices todos, ¿eso también incluye a Mateo? —preguntó Danna enarcando la ceja con cara de fastidio.

—Sí, esto también le concierne a él.

—¿Por qué? Él no es un hechicero —reclamó Fernanda.

—Su hermana sí, así que también le concierne.

—¿Estás seguro de que es solo por eso? —rebatió.

—Ya no molesten y vamos a buscarlos —fue lo último que dije.

—Eres bueno desviando objetos, ¿pero no pudiste esquivar las flechas de cupido? —se burló Danna mientras buscábamos a los hermanos Scott.

Los encontramos en las bancas de la fuente, entretenidos con sus celulares.

—El director Harvey es un mago —solté sin anestesia—. Y sabe de nosotros y de nuestros poderes —las chicas bajaron los brazos y se miraron entre ellas con los ojos bien abiertos—. Me ofreció darme todos los archivos de los alumnos de la escuela para saber quiénes son como nosotros para poder ayudarlos.

Nadie habló por varios segundos, incluso Mateo se veía un poco aturdido por la noticia.

—Y bien, ¿qué piensan?, ¿deberíamos decirle que sí o que no?

—No lo sé —habló Daniela—. No estoy muy segura si podemos confiar en él. Es como nosotros, sí, pero eso no implica que necesariamente tenga buenas intenciones.

—Concuerdo con Daniela. ¿Y si te está mintiendo?, ¿si solo quiere usarnos? —intervino Danna.

—Es por eso que no acepté su propuesta hasta estar cien por ciento seguro de que nos dice la verdad.

—¿Por qué no confiar en él? —intervino Mateo—. Ofreció darte todos los expedientes de los alumnos. Además, que también es un, ¿cómo le dicen ustedes?, ¿brujo?

—Hechicero —le corregí.

—Sí, eso. Un hechicero. No le veo lo malo.

—No podemos arriesgarnos en exponernos de esa forma —le respondió Fernanda.

—Ella tiene razón en ese punto —secundó Danna—. No podemos seguir exponiendo nuestros poderes. No después de lo que hicimos ayer.

—¿Ayer? —las miré confundido—. ¿Qué pasó ayer?

—Oh, eso. Díselo tú, Fernanda —dijo Danna.

—Yo por qué si tú fuiste la de la idea —le respondió.

—¿Idea?, ¿de qué están hablando? —Danna le lanzó una mirada acusadora a la más alta.

—Está bien, yo lo haré —se quejó Fernanda—. Ayer, Danna y yo salimos en una misión.

Las miré indignado, pues se fueron sin avisarme.

—No te enojes —habló Danna—. Salió de la nada. No pudimos avisarte —se excusó.

—Continúen.

—Nuestra repentina misión tuvo que ver con los cazadores —confesó.

—¿Cazadores? —repitió Daniela en un susurro. Mateo pasó su brazo sobre el hombro de su hermana para reconfortarla.

—No te preocupes, hermanita, te juro que esos imbéciles no te tocarán ni un pelo.

—No sabía que nos había cazadores.

—Con nosotros estarás segura —le dijo Danna para animarla.

—Bueno, volviendo a la historia. Antes de llegar a la escuela, Danna y yo sentimos que alguien nos estaba siguiendo.

—Así que, para asegurarnos, nos desviamos del camino y fuimos hacia el bosque —continuó Danna.

—¿Están hablando en serio? —interrumpió Daniela—. Ese lugar es muy peligroso, hay animales salvajes, personas con malas intenciones y…

—Y brujas —agregué.

—Como estaba contándoles, nos dirigimos al bosque para asegurarnos de que no nos estuvieran siguiendo. Sin embargo, ellos también entraron. Así que se nos ocurrió aparecer en las ramas de los árboles para espiarlos.

—Fue ahí cuando los escuchamos hablando por celular sobre una ceremonia que se llevaría a cabo en una fábrica cerca al aeropuerto.

—¿Solo por eso no vinieron ayer?

—Déjanos terminar —hablaron ambas al mismo tiempo.




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