Junio 08, 2016
LUIS ANGEL POV:
Mateo fue el primero en girarse hacia su hermana.
—¡Suéltala! —gritó mientras corría a embestir al sujeto que tenía a Daniela. El hombre movió la mano para hacer notar el arma apuntando la cabeza de Daniela. Mateo tuvo que detenerse.
—Un paso más y le vuelo los sesos —amenazó vociferando para que todos en el lugar pudieran oírlo.
—Amigo, no tienes que hacer esto —le dije mientras caminaba lentamente entre las chicas.
—Quédate quieto, hechicero —pegó más el arma hacia Daniela—. No me tomes por tonto. Sé lo que puedes hacer.
—Hasta una bruja sabe que eres un tonto, Steve —una voz ronca habló a nuestras espaldas. Cuando giré, el desgraciado me estampó su puño en la cara haciéndome caer al piso—. Me la debías por esa vez en el bosque —habló mi viejo amigo Brad—. Tu estúpido truco mató a Andrés.
—Yo también te extrañé —respondí sintiendo el sabor metálico de la sangre en mi boca.
Un segundo, dijo que maté a su amigo. Yo maté a alguien. No sé qué es lo que me causaba mareos: el puñete o el golpe de saber que soy un asesino.
Brad estaba a punto de tirarme una patada en la cara, pero una voz femenina lo detuvo.
—Kahlo me envió para ver por qué demoran tanto —era una mujer de cabello dorado. Miró a sus compañeros con dagas en vez de ojos. Su tersa piel blanca contrastaba con sus ensombrecidos ojos negros. Se agachó hasta mi altura y me miró analizando mi rostro con detenimiento. Inexplicablemente sacó un pañuelo de su blusa y me lo entregó—. Límpiate. Te está sangrando el labio —lo recibí para luego botarlo. No quería nada de ellos. Lanzó una malévola sonrisa ante mi respuesta—. A Kahlo no le gustará ver a sus presas con heridas que no hayan sido provocadas por él.
Se marchó de la habitación. Brad nos ordenó seguirlo mientras aun mantenían de rehén a Daniela.
Brad me levantó como un saco y tomándome de la barbilla espetó:
—Si Kahlo no te mata, yo me ocuparé de ti —me solté de su agarre y le volteé mi cara.
Les dije a las chicas que estuvieran conectadas. Fernanda me respondió telepáticamente.
Salimos del cuarto, bajamos por unas escaleras y luego entramos por un largo pasillo. El olor a gasolina y a metal oxidado se hacía cada vez más fuerte con cada paso que dábamos hacia él.
La cazadora de cabello dorado nos detuvo en la puerta, les hizo una señal a Brad y Steve para que no entraran.
—Adelante, chicos —nos invitó a entrar con una amabilidad que asustaba.
Yo di el primer paso y entré en la sala de reuniones. Casi todos los líderes se habían ido, solo quedaba el de túnica roja: Kahlo.
—Bienvenidos a todos —nos recibió con una sonrisa de psicópata solo comparable con la del Guasón—. Qué gusto conocerlos al fin —se paró de su silla y caminó hacia nosotros—. He escuchado la historia sobre como una banda de mocosas le ha causado problemas a mis sabuesos —me tomó con delicadez por el mentón, pero me alejé—. Veo que ellos ya te marcaron. Lo siento, les dije que él único que podía hacer eso era yo —resopló enojado—. Tendré que castigar a mis hombres por desobedientes, pero eso será más adelante. Ahora, quiero conocerlos mejor.
Todos estábamos tensos y asustados, no sabíamos qué hacer ni qué decir. Nuestro sepulcral silencio molestó a Kahlo, quien comenzó a desesperarse.
—¡¿Que tienen?! ¿Acaso el gato les comió la lengua? Vamos, chicos, yo no les haré daño si hablan. Bueno, no aún —terminó soltando una fuerte carcajada.
—Nunca en mi vida había visto a un león hablar con su presa —contestó Mateo rompiendo el hielo.
—Disculpa, hijo. ¿Qué fue lo que dijiste? —Mateo se paró firmemente en su lugar, enderezó su espalda y le contestó.
—Estás sordo o qué, anciano. Te dije que nunca vi a un león hablar con su presa —dijo burlándose del mayor. Kahlo parpadeó varias veces mientras apretaba sus uñas en su palma.
—Tienes agallas, lo reconozco. ¿Nunca habías oído que los leones examinan a sus presas antes de comérselas para ver si están enfermas o no?
—¿Qué estupideces dices, anciano? —Kahlo miró con detenimiento al chico que lo comenzaba a exasperar.
—¡Qué interesante! Nunca vi a un humano entablar amistad con brujas.
—¿Cómo sabes que no estás ante el Eterno en ascenso? —el mayor de los Scott intentaba hacer que lo maten.
—«Luis Ángel, a la cuenta de tres quemamos a los cazadores cercanos» —me avisó Fernanda.
—Repito nuevamente, quiero saber quiénes son ustedes —Kahlo comenzaba a perder la cordura.
—«Uno» —el mayor retrocedió y volvió a tomar asiento.
—Bueno, si no quieren hablar, pasemos a la parte divertida —dijo soltando una risa macabra.
—«Dos» —chasqueó los dedos y rápidamente ingresaron a la habitación todos sus sabuesos, quienes nos tenían en la mira con sus armas.
—Mátenlos —ordenó.
—«Tres».