Artes Prohibidas 1: El Despertar

Capítulo 13. ¡Aleluya, eureka!

Junio 22, 2016

LUIS ÁNGEL POV:

Pasaron dos semanas desde el enfrentamiento en la fábrica y la afortunada muerte de Kahlo, uno de los seis jefes de los cazadores.

En ese tiempo les comenté a las chicas que parece ser que había aprendido el sacramento de la dominatio, el don de dominar y controlar la voluntad ajena, y que lo había aplicado sin saberlo en Daniela para tranquilizarla cuando perdió el control.

Y hablando de Daniela, ella se integró con facilidad en el grupo. En los recesos nos reunimos para comer en grupo, hablar de cualquier cosa que se nos venga a la mente o discutir los hallazgos de nuevos reclutas.

Desde lo ocurrido en la fábrica, la menor de los Scott había desarrollado un nuevo poder: la adivinación, el don de saber lo que no podemos saber.

Este nuevo despliegue de habilidades la motivó a seguir superándose. Por lo que después de la escuela, Fernanda le enseñaba a dominar sus poderes telepáticos. Ahora ha logrado perder el miedo a su don que antes la consumía.

Mateo, a diferencia de su hermana, no se junta con nosotros. Siempre está con sus amigos del equipo de fútbol. Con ellos y con el séquito de chicas que los rodean. ¿Y quién las lidera? Pues nada más y nada menos que la chupasangre mayor de Willow, quien había puesto la mirada en Mateo desde el día uno.

Hoy en particular está más pegada al chico que de costumbre. Aprovechaba cada oportunidad que tenía para tocarlo descaradamente, acariciar su rostro y hasta susurrarle al oído de forma provocadora Dios sabe qué.

Luchaba por ignorarlos, pero no podía quitarles la mirada de encima.

—Se te van a salir los ojos de tus cuencas. Ya voltea —soltó Fernanda, quien notó en dónde tenía puesta mi atención.

—No sé de qué hablas —negué con descaro tomando un sorbo de mi bebida.

—Puedes engañarme a mí, pero no a ti —rebatió.

Le saqué la lengua y luego volví a mirar a Mateo, quien para mi sorpresa también me estaba observando.

Willow volvía hacia él su cabello, se le pegaba más y le sonreía coquetamente. Mateo no hacía nada por apartarla. Solo sonreía, según yo disfrutaba verme así de contrariado por verlos a ambos en arrumacos.

Pero ni él ni yo contamos con que las caricias subirían de nivel. Willow se posicionó frente a los labios de Mateo para robarle un beso a Mateo. El chico se puso tieso al sentir que estaba a nada de rozar sus labios con los de ella.

Esto ya era un exceso. Evité que la escena llegará al clímax y con un movimiento de mi mano por debajo de la mesa le lancé la botella de refresco que estaba cerca de Willow sobre su blusa.

La chica pegó el grito al cielo como si hubiera visto un fantasma.

Mateo se empezó a reír junto con sus amigos por su exagerada reacción. Yo también reí, pero por lo bajo.

El chico volvió su mirada hacia mí y sabiendo que yo lo había hecho, me dedicó una sonrió y susurró “gracias”.

Lo había salvado del beso de Judas.

¿Qué se sentirá besar los labios de Mateo?

Me di un pequeño golpe en el cachete para reaccionar. ¡¿Por qué mierda acabo de pensar eso?!

Julio 08, 2016

Como lo prometió, el director Harvey nos proporcionó los archivos de todos los estudiantes de la escuela, incluso el de los exalumnos.

Entre todos nos pusimos a buscar indicios de magia en la escuela.

Al inicio, la búsqueda no dio los resultados que esperábamos. Habíamos leído, investigado y hasta espiado a más de ciento cincuenta estudiantes. Ninguno daba señales aparentes de poseer magia. Pero no nos dimos por vencidos y continuamos.

Y luego de semanas de ardua búsqueda, nos topamos por fin con un hallazgo.

—¡ALELUYA! —gritó Danna—. Encontré una.

—Creo que hasta los cazadores de China escucharon la noticia —bromeé.

—Graciosito —espetó haciendo muecas.

Nos alcanzó el expediente de la nueva recluta.

NOMBRES: Penny Johnson-Ortiz

EDAD: 14

CURSO: 3º año “B”

—¡Eureka! —exclamé.

Vivía cerca de la escuela, por lo que a sugerencia de Danna fuimos a buscarla. No vaya a ser que esté atravesando por lo mismo que vivió Daniela.

Llegamos a su vecindario, el cual era muy bonito. Las casas aquí eran enormes y con bonitos acabados, pero lo que le daba un toque distinto eran los frondosos árboles que se erguían a los extremos de toda la calle.

—Esa es su casa —Danna señaló una imponente casa color blanca que estaba enfrente de nosotros.

La niña tenía padres acaudalados. Te podías dar cuenta de eso cuando veías que el jardín no solo está bien cuidado, sino que también estaba adornado por un sinfín de coloridas orquídeas.

Si así es por fuera, el interior debe lucir como un palacio. Tocamos el timbre y segundos después un mayordomo salió a la puerta a recibirnos.




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