Agosto 22, 2016
LUIS ÁNGEL POV:
Gianfranco no le contó nada de lo que había visto en el bosque a mis padres. Les dijo que vio a un perro muy bonito y decidió seguirlo hasta el bosque, en donde le perdió el rastro y de paso se perdió él mismo. Mis padres le creyeron, pero aun así lo regañaron por habernos hecho asustar.
Me sentí tan mal por esa regañada que le dije que además de la explicación que le prometí también le debía una salida a donde él quisiera.
—¡Guau! ¿Entonces eres así como Harry Potter? —exclamó tumbándose a su cama ansioso y volviendo a sentarse.
—No, soy más genial que él.
El peque sonrió, debe pensar que hago lo mismo que aquel personaje y que uso varita.
—El tipo malo que me llevó al bosque, ¿él volverá?
—No. Él nunca más te hará daño —respondí con una voz serena y sujetándole ambas manos.
—¡¿Lo mataste?! —dijo abriendo los ojos de par en par.
Le expliqué que lo detuvimos para siempre. Le inventé de que hicimos un hechizo que le borró la mente y lo mandamos a un lugar fuera del país. Él me creyó, sin embargo, su temor por otros como él le hicieron seguir preguntando:
—¿Vendrán más como él tras de ti?
—Te haré una promesa, aquí y ahora. Pase lo que pase, mamá, papá, Julio César y tú estarán a salvo. A mí nada me pasará, porque soy más fuerte que Harry Potter y mucho más vengativo que Lord Voldemort. Ayer viste lo que puedo hacer. Confía en mí, ¿estamos? —él asintió sonriendo—. Por favor, te vuelvo a pedir que no digas ni una sola palabra de esto a nadie. A nadie, ¿entendiste?
—Sí, no te preocupes. Te prometo que no le contaré a nadie más. Soy una tumba —pasó su dedo por su boca cerrada.
—Así me gusta. Te quiero mucho.
—Yo también, hermano.
Ambos sellamos nuestro secreto con un fuerte abrazo, uno tan fuerte que sintiera que está seguro conmigo y que nada malo le volverá a pasar.
Cumpliré mi promesa y no permitiré que esos desalmados le hagan daño a mi familia, así tenga que entregar mi vida por la de ellos.
Agosto 26, 2016
Le conté a las demás lo que me pasó el fin de semana, lo que le hicieron a mi hermano para ser preciso. No daban crédito a lo que le pasó a mi hermano y a lo que vivió aquella pobre mujer que perdió a su hija.
Pero también pude ver en sus rostro preocupación. Preocupación ni sus familias estaban libres de las represalias de los cazadores, y ellas ahora ya lo sabían.
¡Ding dong! Sonó el timbre de mi casa. Mis padres aún estaban en el trabajo y mis hermanos estaban metidos en sus mundos, así que fui yo a abrir la puerta.
—Hola, ¿cómo estás? —saludó la persona que menos esperaba ver en la puerta de mi casa.
—Uhm, b-bien. Estoy bien —contesté parpadeando varias veces para comprobar que era él y no un ilusión óptica. Se quedó bajo el marco de mi puerta, con sus manos en los bolsillos y balanceándose adelante y atrás—. ¿Quieres pasar?
Lo dudó unos segundos, pero aceptó. Cerré la puerta tras nosotros y llevé a Mateo a la sala.
—¿Cómo está tu hermano?
Le conté que mi hermano sabe toda la verdad las brujas, hechiceros y los cazadores, pero que también sabe que conmigo estará a salvo.
—¡Qué bien! —exclamó aliviado.
—No te di las gracias por haberlo llevado con mis padres esa noche.
—Oh, no tienes porqué. Te lo debía, tú hiciste lo mismo con Daniela.
—Sí, es una deuda saldada entonces.
—Es una deuda saldada —repitió. Me causaba algo de gracia la actitud de Mateo: su pierna temblaba, no dejaba de sonreír como si fuese un tic y sus cejas se contraían y relajaban al instante.
—Y-yo… —ambos hablamos al mismo tiempo, cosa que nos causó gracia.
—Habla tú primero —le dije.
—No, tú hazlo —me cedió la palabra.
—Está bien. Te quería agradecer también por haber tratado de cuidar de mí la otra noche en la que bebí de más.
—¡Ah, eso! —expresó algo avergonzado.
—También quiero hablar sobre lo que vio Daniela esa noche antes de que vomitara.
Mateo se sonrojó al sacar a la luz el tema del beso, cosa que aún no se me iba de la mente.
—Sobre eso…—habló— yo…
—Tú…
—Yo… —un nudo se le había formado en la garganta, un nudo que no le permitía hablar con soltura.
—Mira, ya hablamos de esto hace semanas en la torre. Sé que para ti puede ser muy incómodo, pero para mí esto ya es muy confuso.
—¿Confuso?
—Sí, confuso. Digo, no es la primera vez que pasa —recalqué dejándolo en claro mis palabras—. Mateo, quiero ser sincero contigo. Yo la verdad dese… —sin previo aviso, Mateo me atrajo hacia él, con una mano rodeó mi cintura y con la otra llevó mi rostro delicadamente hacia el suyo, fundiendo nuestros labios en un inesperado beso.