Agosto 29, 2016
FERNANDA POV:
Luego de clases, Luis Ángel nos contó que la tal Norma lo había buscado en la torre del reloj para pedirle que le ayude a vengarse de los cazadores por lo que le hicieron a su hija a cambio de ofrecernos su ayuda para entrenarnos, cosa que no nos pareció a Danna y a mí.
Ella estaba a punto de hacerle daño a su hermano. ¿Cómo confiar en ella de la noche a la mañana?
No nos podían culpar por ser muy desconfiadas con ella. Daniela pensaba todo lo contrario, a pesar de haber estado en primera fila aquella noche. Se puede decir que simpatizó muy bien con Norma.
Dejando el tema de lado, me sorprendió saber que Daniela había sido capaz de entrar en la mente del tal Alexander. Me sentía feliz, pues sus poderes telepáticos habían progresado bastante bien. Claro, todo gracias a que tuvo una buena guía: la mía.
—Modelo de pasarela, presta atención —me gritó Norma, a quien miré con molestia. Había intentado burlarse de mí llamándome modelo de pasarela. ¡¿Quién se cree que es?!
—«Fernanda, solo está bromeando. No le des importancia» —Daniela había tratado de calmarme desde que Norma soltó la primera burla.
Todos habíamos venido al bosque para tomar lecciones de "reforzamiento de poderes", como lo había llamado Luis Angel.
—«No sé por qué le hacemos caso»
—«Porque necesitamos algo de ayuda aún»
—«Estábamos bien solas»
—«Pero no porque algo ande bien significa que esté exento de mejoras» —Daniela intentaba convencerme de que era una buena idea.
—«Tampoco sé qué hace tu hermano acá. Se supone que sería una práctica de brujas, no de mortales. Sin ofender»
—«Norma dijo que también lo entrenaría»
—«¿Entrenarlo a él?, ¿en qué?»
—«Lo entrenará para que sea un guardián»
—«¡Raro!»
—«Lo sé» —contestó Daniela soltando una risita— «Pero a quien no le parece extraña su presencia es a Luis Ángel, míralo»
Giré a ver a mi amigo. Estaba intercambiando miradas cómplices con Mateo. Algo se traían esos dos.
—Bueno, bueno, brujitas y hechicero. Sé de buena fuente que sus poderes han ido creciendo con el paso del tiempo y que muchos de ustedes dominan una gran cantidad de habilidades, pero eso no significa que sean las mejores —dijo levantando el dedo—. No, no, no. Solo superan por poco a la media. Aún no canten victoria, solo lo harán cuando aprendan a dominar a la perfección sus poderes y habilidades de nacimiento.
—«¿Nos está tratando de motivar?» —les pregunté a todos con sarcasmo.
—Tú, la niña del medio.
—Me llamo Danna —reclamó molesta apretando los puños.
—Sí, Danna, como sea, ven aquí —ella obedeció a regañadientes y se acercó hacia Norma.
—Luis Ángel me comentó que puedes sentir la energía que emanan las brujas, así como lo hago yo.
—Así es.
—Bien, aprenderás a maximizar tu capacidad —Norma rodeó a Danna hasta ponerse detrás de ella—. Quiero que cierres los ojos y te concentres en mi energía, familiarízate con ella, siente cómo la intensidad sube y baja. ¿Lo puedes notar?
—Sí —contestó con los ojos cerrados.
—Bien. Ahora, me alejaré varios kilómetros. Lo que quiero que hagas es que trates de ubicarme.
—¡¿Que haga qué?! —exclamó abriendo los ojos.
—Que me localices, que descubras de dónde proviene mi energía.
—Ah-ahm.
—¡Tú puedes! ¡Confía en ti misma!
—Está bien —Norma desapareció del lugar para poner a Danna a prueba.
—¿A dónde se fue? —pregunté.
—Silencio, Fernanda. Trato de concentrarme —ordenó Danna. Pasaron varios minutos en los cuales mi amiga seguía en silencio tratando de ubicar a Norma—. ¡Te encontré! —exclamó feliz.
—¿En dónde está? —preguntó Mateo.
—Está en la torre del reloj —inmediatamente Norma se apareció ante nosotros.
—Tomaste mucho tiempo solo para descubrir que no estaba tan lejos como pensabas. Debes mejorar, pero tan mal no estás. ¡Siguiente! —le gritó a Daniela tal cual un sargento—. Tesoro, quiero que leas mi mente y me digas que comí esta mañana —Daniela levantó sus manos hacia ella, cerró los ojos e intentó entrar en su mente—. ¡Vamos! Con Alexander te tomaste tu tiempo, conmigo debe ser más rápido —las manos de Daniela temblaban, estaba esforzándose bastante—. ¡Vamos! ¡Esfuérzate más! Es algo sencillo.
—¡Ah! —gruñó Daniela y de inmediato comenzó a relajarse— Comiste huevos y un jugo de naranja.
—¡Correcto! —al segundo Daniela cayó al piso, estaba mareada y pálida. Todos fuimos a socorrerla, pero dijo que estaba bien, solo que se esforzó demás—. Te contaré un truco, cielo. Para acceder a la mente de tu enemigo debes buscar esos pequeños agujeros en su armadura. Algún recuerdo traumático o doloroso son las vías más rápidas para poder acceder.