Septiembre 16, 2016
LUIS ÁNGEL POV:
Mateo se tomó bastante bien el hecho de que le confesara a mis amigas sobre nuestra relación. Cómo no hacerlo si él ya le había contado a su hermana. Y yo creyendo que nadie más sabía.
Todo pierde relevancia cuando estamos los dos juntos, perdiéndonos en la mirada tímida del otro, en las caricias del otro, en los labios del otro. Como por ejemplo, en este momento tengo la mirada puesta en él, admirando cómo frunce el ceño al intentar comprender lo que ocultan los poemas de Neruda, cómo pasea la vista una y otra vez por los mismos versos, cómo golpea el lápiz en su cabeza, cómo suelta un suspiro de resignación.
—Tierra llamando a Luis Ángel. ¿Estás ahí? —Danna agitaba su mano enfrente de mí.
—Mmm, sí, ¿qué pasó?
—Estabas perdido de nuevo en tu novio.
—Shhh, Baja la voz, alguien te escuchará —le regañé.
—¿Y qué con eso?
—Que aún es un secreto.
—¡Ay, por favor! No es un secreto, querido.
—¿A qué te refieres?
—A que media clase ya lo sabe —confesó como si nada.
—¡Qué! —exclamé en voz alta y luego me tapé la boca con las manos. Todos dejaron de hacer sus cosas y voltearon a verme, lo cual hizo incrementar la sensación de calor en mis mejillas.
Mi amiga, por otro lado, se fue en carcajadas.
—Era una broma. Tenía que ver tu cara de miedo.
—Eso no fue divertido —espeté molesto. Danna aún seguía riendo.
—Claro que sí lo fue.
—Por supuesto que no.
—Por supuesto que sí —interrumpió Pamela—. Te hubiera tomado una foto, te veías tan asustado.
—¡¿Qué clase de amigas tengo?!
—Las mejores —respondió Pamela—. Por cierto, ya sabes con quien ir al baile de fin de año.
—¿El baile de fin de año? ¡Verdad! Me había olvidado por completo.
—¿En dónde tienes la cabeza?
—En Mateo —le contestó Danna.
—Sí, ya lo veo. ¿Con quién irás?
—No es obvio, de seguro irá con él.
—Mmm, no lo sé. No creo que vayamos juntos como pareja.
—¿Por qué no? —preguntó Pamela muy frunciendo la frente.
—Porque todas las miradas estarán sobre nosotros, me sentiría demasiado incómodo. Y creo que Mateo también.
—¿Cómo lo sabes? Ni siquiera se lo has preguntado.
—¿Por qué crees que nuestra relación es secreta?
—Contéstame una cosa: ¿acaso él fue quien te dijo para llevarlo en secreto?
—Mmm, sí —contesté agachando levemente la mirada.
—Mira, no hay nada de malo en que te guste un chico y que quieras bailar con él en la noche más entrañable de tu vida. Es el baile de graduación, no dejes que nadie arruine tu felicidad. Nacimos para amar sin importar el sexo. Además, tú no eres un gay de closet, no te avergüences de ti mismo. Si los demás no lo entienden, pues que se vayan a la mierda.
Las palabras de Pamela vagaron por mi cabeza todo el día tal cual una mujer que se entera que será madre por primera vez.
Una sensación de ansiedad comenzaba a tomar control de mí, dejé de prestarle la más mínima atención a los profesores y a mis amigas. Pamela tenía razón en todo, no puedo permitir que los demás dicten cómo debo ser para ser feliz.
¿Por qué no intentarlo?, ¿por qué no ser felices sin que nos importe lo que los demás piensen? No quiero vivir oculto en las sombras, ni dentro del closet ni nada por el estilo. Quiero amar libremente a quien yo quiera.
Una sensación de confort nació dentro de mi ser, algo parecido a un deseo que se transformó en esperanza. Estaba resuelto a intentarlo.
El timbre del receso sonó, no esperé mucho y fui decidido hacia el lugar de mi novio, pero alguien se interpuso en mi camino.
—¿Qué pasó, Ian? —le pregunté apurado.
—¿Por qué tanta prisa? —preguntó burlón.
—Tengo cosas más importantes que hacer —le respondí con el mismo tono.
—Ja, ja, ja, ya veo —dijo mientras giraba a ver a Mateo para luego mirarme a mí. ¿Podrá ser posible que Mateo le haya confesado algo?—. No te quitaré más tu tiempo, solo quiero preguntarte algo —tragué saliva. ¿Será acaso lo que pensaba?—. ¿Fernanda está saliendo con alguien? —solté un suspiro de alivio. Mi cuerpo se relajó.
—Para eso tanto drama —le dije, él me miró confundido—. No, Fernanda no está saliendo con nadie, tonto. Ahora, si me disculpas, tengo cosas más importantes que hacer. Adiós —lo aparté de mi camino y fui hacia Mateo, pero para mi mala suerte él ya no estaba en el salón.
—¡Ian de mierda! —grité enojado.
—¿Pero yo qué hice? —dijo poniendo las manos en alto.
Salí del salón para ir a buscar a Mateo. ¿En dónde te habrás metido?