Artes Prohibidas 1: El Despertar

Capítulo 29. Sorpresas

Diciembre 08, 2016

LUIS ÁNGEL POV:

Hoy es el gran día.

Me levanté de la cama con una sonrisa de oreja a oreja y con el espíritu de un perro que se impacienta al ver a su amo. Es un día muy especial que todos los años espero con ganas: mi cumpleaños. Pero este año es especial: cumplo 18 años. ¡Por fin ya soy mayor de edad!

Abrí las cortinas esperando recibir la cálida luz del sol, pero con lo que me encontré fue con un cielo nublado, más gris que en invierno.

—Estas son las mañanitas que cantaba el rey David a los muchachos bonitos se la cantaban así —mis padres entraron a mi cuarto cantando como siempre lo hacen en cada cumpleaños—. Despierta, mi bien, despierta, mira que ya amaneció. Ya los pajaritos cantan, la luna ya se ocultó. Feliz cumpleaños, mi amor.

Mi mamá caminó hacia mí, me plantó un cálido beso en la frente y me abrazó como nunca en la vida; mi padre hizo lo mismo.

—¡Gracias!

—¿Irás a clases hoy? Puedes faltar.

—No, quiero ir hoy. Mis amigos estarán ahí, aparte saben que me gusta la atención este día: no perderé la oportunidad.

—Está bien, mi vida. Será como tú quieras.

—¡Feliz cumpleaños, Luis Ángel! —mis hermanos entraron a la habitación y fueron directo a abrazarme.

—¡Gracias, mocosos!

—¿Qué se siente ser viejo? Ya te duele la espalda, anciano —se mofó mi hermano mientras Gianfranco se reía tapando la boca.

—Ja, ja, ja. Gracioso

Mi mamá les dijo a ambos que me dejaran en paz para que pudiera alistarme. Y en cuanto todos se fueron, me puse manos a la obra.

El clima parcialmente horrible no iba a impedir que mi cumpleaños se desarrollara con normalidad. No señores, nada puede arruinar este día.

Ya en la escuela la primera en atraparte en un fuerte abrazo fue Fernanda, quien me deseo un hermoso cumpleaños.

—No respiro —dije con poco aire en un susurro. Se disculpó mientras relajaba su agarre.

Danna le siguió el paso, pero me abrazó con menos fuerza que Fernanda, pero eso sí con el mismo entusiasmo que el de ella.

—¡Feliz día al rey de las brujas! —gritó Pamela a los cuatro vientos—. Upsi, se me escapó —se disculpó, pero lo dejé pasar: nadie más se había dado cuenta.

—Eres el primero del grupo en ser mayor de edad. ¿Cómo te sientes? —preguntó Danna.

—Más viejo —respondió Pamela entre risas.

—Gracias —contesté sin una pisca de humor—. Entremos a clases, mejor —dije y apenas puse el primer pie en el salón fui recibido por abrazos y saludos de Ian y Frank.

—¡Feliz cumpleaños, amigo!

—¡Gracias a todos! —dije sobándome la espalda—. De tantos abrazos necesitaré una nueva espalda —todos rieron.

Ojeé por todo el salón para ver si ya había llegado Mateo, pero no estaba.

«Tu amor todavía no llega» —dijo Fernanda al darse cuenta de que lo buscaba con la mirada—. «Pero de seguro ya no tarda en venir»

No fue así. Durante las primeras horas de clases Mateo nunca apareció. ¿Le habría sucedido algo?

Luego de que el timbre del receso sonó, salí del salón en busca de Daniela. La encontré sentada en la fuente. En cuanto me vio, se puso de pie y corrió a abrazarme.

—¡Feliz día, Luis Ángel! Espero que la pases muy bonito —ella fue más delicada que el resto con su abrazo.

—Muchas gracias. Por cierto, ¿sabes por qué no vino tu hermano?

La menor de los Scott esquivó mi mirada al escuchar la pregunta, como si tratara de ocultarme algo.

—Mmm, no sé qué pudo haber pasado, pensé que sí había venido.

—Lo llamaré.

—¡NO! —gritó alarmada. La miré con los ojos bien abiertos—. No lo llames, porque… porque… porque su celular está malogrado.

—¿Así?

—Sí, se le cayó al inodoro ayer. Pobre de él —explicaba con una risa temblorosa. Podría jurar que me mentía—. Bueno amigo, debo ir a la biblioteca a sacar un libro, nos vemos al rato —se despidió de mí y salió corriendo.

Decidí regresar a clases antes de que tocara el timbre, pero a mitad de camino divisé una figura conocida que me observaba desde lejos. Apresuré el paso y le di el encuentro.

—¿Qué haces por acá, Norma?

—Hola, niño.

No la veíamos desde aquella última vez en que sugirió que hiciéramos el sacramento del viaje al más allá.

—Hola. ¿A qué has venido?

—Me gusta mucho el ambiente escolar, sabes. A diferencia de otros niños, a mi hija le encantaba venir a la escuela, estar con sus compañeras, estudiar, algo muy atípico en los adolescentes.

Relataba con una sonrisa y con la mirada enfocada en la nada.

—La debes extrañar mucho.

—Así es —contestó mirándome a los ojos—. En fin, vine a hablar contigo. El poder de la luna en la noche de Halloween fue todo un fiasco.




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