Mayo 18, 2016
HARVEY WILKINS POV:
Estaba fatigado por la carga laboral que llevo todos los días: aparte de velar por el orden en esta escuela, tengo que hacer el trabajo sucio de la humanidad.
Escuché que alguien llamó a la puerta de mi despacho. Debía suponer que era mi secretaria: desde el pasillo se podía escuchar el sonido que hacían sus tacones chocando contra el suelo.
—Adelante —ordené.
—Harvey.
—¿Cuántas veces debo decirte que en horas de trabajo me digas director Wilkins? ¡Eh!
—Disculpe, no volverá a suceder —respondió agachando la cabeza de forma sumisa. Me encanta que me respondan así.
—Ahora sí, dime qué es lo que deseas.
—Es sobre él, señor. Ha descubierto por fin su identidad.
—¿Te refieres a Inchausti? —pregunté desconcertado. Ella asintió.
—Pierce lo ha salvado de ser asesinado por los sujetos que contrató.
—¡Inútiles! —golpeé la mesa con mi puño. Maldecía por todo lo alto la ineptitud de mis lacayos—. Sabía que no iban a servir para nada.
—Señor, me temo que ahora nuestra prioridad es otra. ¿Qué hará ahora que Inchausti sabe de sus poderes?
La miré enojado.
—La respuesta es más que obvia, ¿no? —volteé mi silla hacia la ventana para poder apreciar la torre del reloj que adornaba el campus de la escuela, la cual llevo protegiendo por años de esas escorias—. No solo Fernanda Pierce deberá ser eliminada, también tendré que acabar con la escoria de Luis Ángel Inchausti antes de que sea demasiado tarde.
Agosto 29, 2016
—¡¿Por qué carajos fueron detrás del hermano de Luis Ángel?! ¡Qué no saben que existen códigos que no se pueden romper!
—Señor, fue Alexander quien lo mandó, nosotros solo cumplimos sus órdenes.
—Ya me doy cuenta. ¿Encontraron ya el cuerpo?
—Sí, señor. Estaba en el bosque, como se lo dijo aquella bruja.
—Infórmenle de esto a Marcus, él sabrá qué hacer con él.
—Está bien, señor.
—Y esta vez cumplan las normas que rigen nuestra orden, no se dañan a los humanos, por más que sean sus familiares. Solo a brujas y hechiceros. ¿Entendieron?
—Sí, señor.
—Lárguense —los sabuesos de Alexander abandonaron la oficina. Me paré de mi escritorio y fui hacia la gaveta a servirme un trago, lo necesitaba con urgencia.
—¿Me sirves a mí también, tesoro? —preguntó la bruja quien apareció de improviso en medio de mi oficina.
—¿Alguna vez dejarás de hacer eso? —solté mientras sacaba otro vaso para ella.
—¿Cómo van las cosas?
—Ese mocoso y sus amigas mataron a otro de los míos.
—Impresionante. ¡Quién lo diría! Se están volviendo más fuertes.
—Tú ya lo sabías, ¿no es así? No te hagas la tonta —bebió un sorbo del vaso para luego mirarme con arrogancia, como suele hacerlo—. Recuérdame el por qué aún sigo en sociedad contigo.
—Porque sin mí nunca hubieras sabido sobre la existencia de Luis Ángel. Fui yo quien te alertó sobre él, fui yo quien lo ocultó de los demás y soy yo quien permanece atenta a sus movimientos y muy de cerca —cada palabra venía cargada de resentimiento y rencor, como si el muchacho le estuviera quitando algo importante—. Así que no vuelvas a cuestionar nuestra sociedad. Recuerda que yo no te debo lealtad.
—Cuento con ello desde que apareciste en mi oficina.
—Me parece perfecto que lo tengas bien en claro.
—Cómo no hacerlo si fue como negociar con la madre del diablo.
—En eso no te equivocas.
Octubre 03, 2016
Esperé a que Luis Ángel saliera de la habitación para poder hacer mi trabajo. Una vez que estuve seguro de que ya no estaba me acerqué a él y le quité el trapo de la boca.
—¡Eres un estúpido! ¿Cómo dejaste que te capture un niñato como él?
—Lo lamento. Pensé que podía con ellos.
—¡Tonto! —le tiré una bofetada dejándole roja una parte de la cara—. Les advertí que no se metieran con ellos hasta que yo descubriera a la Eterna.
Un ruido electrizante se escuchó a mi espalda. Ella estaba aquí.
—Miren a quien tenemos aquí, un invitado especial —soltó una audible carcajada.
—¡Una bruja! —Samuel abrió los ojos y los alternaba entre ella y yo, como si su cerebro hubiera entendido lo que estábamos tramando—. ¡Tú nos traicionaste! Tú lo hiciste, tú mataste a Kahlo ¡Pedazo de mierda!
—¡Silencio! —la bruja le metió el trapo de nuevo en la boca—. Debes mostrarle quién está a cargo aquí.
—¿Qué quieres ahora?
—Vine a ver cómo iba todo. Déjame decirte que es un gran desastre. Capturaron a uno de tus lacayos. Qué mal te hacen quedar.