Diciembre 16, 2016
LUIS ÁNGEL POV:
Mis padres me bombardearon de miles de preguntas sobre mi paradero que no pude responder. No ensayé ninguna excusa, mi cerebro no podía maquinar respuestas verosímiles. Mi mente estaba en Danna.
Ante el interrogatorio pesado no tuve mejor idea que huir y refugiarme en mi habitación, para desconcierto de mis padres.
Volví a llorar sobre la almohada, me sentía destruido, con un vacío en mi interior y un nudo en el corazón.
Me quedé dormido después de varios minutos de llorar, pero el sueño no duró mucho. Me levanté sudando: tuve una horrible pesadilla.
Soñé que los cazadores habían hecho lo mismo que le hicieron a Danna a mi familia en venganza por la muerte de Harvey, que no pude protegerlos, mucho menos pude revivirlos.
Ya había perdido a Danna, no podía perder a nadie más. La vida de mi familia estaba en mis manos. De mí dependía su supervivencia.
Si estoy cerca de ellos, su vida correrá peligro. Y más aún que los cazadores estarán furiosos por lo que hice. Debo encontrar a todos los que hubiera en el país para asegurarme que nadie más correrá peligro. Tengo que hacerlo.
Ahora debo ser valiente y tomar la decisión correcta, aunque fuese la más dolorosa para mi familia y para mí.
Vi mi reloj. Casi era media noche. Sin hacer mucho ruido, empaqué en una mochila algo de ropa y otras cuantas cosas.
La habitación estaba en penumbras, con solo una pequeña lámpara iluminando mi escritorio, en donde estaban fotos de mi familia y recuerdos de mi infancia.
Sostenía una pluma y una hoja de papel, mientras mis ojos reflejan una mezcla de tristeza y determinación.
"Mamá y papá,
Me apena que esta carta sea la única forma que tenga para que pueda explicarles lo que está sucediendo. Mi vida ha dado un giro inesperado, me enfrento a un mundo que nunca imaginé que existía, uno cruel y despiadado que me engañó.
Siento mucho tener que dejarlos de esta manera, pero no tengo otra opción si quiero que estén a salvo."
Quise escribirles que las brujas y los cazadores son una realidad y que lamentablemente habíamos sido arrastrados a esta guerra, pero no. Era mejor no involucrarlos más.
"Me despido de ustedes rogando que confíen en mí y que esto es lo mejor para todos.
Los llevaré conmigo en mi corazón a donde sea que la vida me lleve. Prometo que cuando esto acaba, tendrán las respuestas que les negué.
Los amo.
Luis Ángel."
Tomé un momento para respirar, tratando de contener la emoción que amenaza con abrumarme. Ya no quería llorar más, creo que ya no tenía más lágrimas.
Doblé la carta y la guardé en un sobre. Escribí "Para mamá y papá" en la parte delantera sintiendo un nudo en la garganta.
Bajé a la cocina a llevarme un poco de comida. Estaba decidiendo si llevarme unos cereales de maíz o de chocolate. Encendieron la luz de la cocina a los pocos minutos
—¿Qué estás haciendo a estas horas aquí? —preguntó con inocencia Gianfranco rascándose los ojos para acostumbrarse a la luz.
—Y-yo… y-yo estoy empacando algo de comida.
—¿Te vas otra vez ahora que mis padres te encontraron?, ¿por qué? —me acerqué a él y me arrodillé para ponerme a su altura.
—Te acuerdas de los tipos malos que te raptaron aquella vez en el campo —el asintió—. Han vuelto.
—¿Nos harán daño?
—Solo si yo me quedo con ustedes.
—Pero si tú te vas, ¿quién nos protegerá?
—Yo lo haré, pero debo estar oculto para hacerlo. ¿Me entiendes?
—No te vayas, por favor, no lo hagas —envolvió sus pequeñas manos en mi torso para que no me moviera. Me rasgaba el alma tener que verlo en esta situación. Era igual de peor que verlo en peligro.
—Te quiero mucho, hermanito —le di un beso en la nuca que prolongué lo más que pude. Me despedí entre lágrimas de él—. **Pero ya es hora de que te vayas a dormir, ahora** —Gianfranco se soltó de mí, me miró una última vez y caminó a su cuarto—. **Alto** —se detuvo y giró hacia mí—. **No le digas nada a mis padres**.
Ordené con todas mis fuerzas desenvolviendo el nudo en mi garganta.
—Está bien —respondió como un zombi y volvió sobre sus pasos a su habitación.
Me llevé una mano a la garganta y la apreté con fuerzas para soltar lo que sea que evitaba que llegara aire a mis pulmones. Respiré profundo para no seguir quebrándome y volví a la calma.
Empaqué ambos tipos de cereales en mi mochila y me dirigí a la puerta. En el vestíbulo, observé sobre la mesa de entrada una foto de mi familia, cuando no tenía idea de quién era. Cuando aún mantenía la inocencia de la edad e ignoraba la verdadera crueldad del mundo. Pero pese a todo mi familia era mi faro, era el único motivo que tenía para ganar esta guerra. Los iba a extrañar demasiado.