Artes Prohibidas 2: El Ascenso

Capítulo 4. Inconsciente

Diciembre 10, 2018

LUIS ÁNGEL POV:

Me removía en mi sitio. Con las yemas de mis dedos acaricié una suave y lisa textura debajo de mí: era una frazada.

Los ojos los sentía pesados. Los entreabrí y lo único que pude ver de forma borrosa fue el techo. De color blanco y estaba demasiado alto. Debía estar en una habitación grande.

Moví ligeramente las piernas. Ya no me dolían como antes.

Entré en pánico en cuanto recordé lo que había pasado, según yo, hace unas horas. Intenté levantarme de prisa, pero no pude: algo me retuvo de las muñecas.

Parpadeé para aclarar mi vista mientras veía mis manos. Lo que me impidió moverme fueron dos lianas que envolvían mis muñecas.

Intenté quemarlas. Nada pasó.

—¡Qué rayos! —exclamé sorprendido.

Intenté desaparecer. Tampoco funcionó.

Me asusté: mi magia no funcionaba. Iba a lanzar la quintaesencia, cuando de escuché el sonido de una garganta aclarándose.

—Veo que intentas escapar —volteé a ver al dueño de aquella profunda voz. Estaba a contraluz, solo veía una figura oscura.

—**Libérame** —le ordené. Falló igual que los anteriores intentos.

—Es inútil que te sigas esforzando. Tu magia no funciona aquí —reveló caminando hacia mí.

—¡¿Pero qué estás di… —me quedé sin palabras en cuanto salió de la oscuridad. Era él, el chico que vi por última vez antes de llegar acá. No tenía pruebas, pero tampoco dudas.

—¿Qué te sucede?, ¿te dejé mudo?

—¿Por qué no puedo soltarme? —pregunté luchando por moverme. Él sonrió develando una hermosa y perfecta dentadura—. Contesta la pregunta.

—Esta habitación fue diseñada para anular cualquier tipo de magia hostil —intenté levantar las manos, pero el agarré se intensificó haciéndome gemir de dolor. Estoy confundido: si la magia no funciona en este cuarto, ¿entonces por qué parece que las lianas tienen vida propia?—. La magia que te tiene atado funcionará en tanto no dejes atrás tus impulsos violentos de querer hacer daño —contestó, como si hubiera oído mis dudas.

—¿Dónde están mis amigas? —pregunté aún molesto.

—Te lo diré —se acercó más a mí, tomó una silla que se encontraba cerca, la giró y se sentó a mi lado, apoyando sus manos en el respaldar—. Pero antes quiero que me digas cómo llegaron aquí —ahora que lo tenía más de cerca, podía apreciar con mayor claridad su rostro.

Su cara era ovalada y definida. Sus pómulos, sutilmente marcados, añadían contorno a su rostro. Sus labios tenían distintos grosores: el labio superior bien delineado y el inferior un poco más lleno. Alrededor de su boca y en la barbilla lleva una barba muy corta y cuidada, de un color castaño similar al de su cabello, que le da un aspecto ligeramente rudo pero a la vez pulcro.

Su cabello es corto, de un color castaño arena, con un corte ligeramente despuntado y una textura que sugiere cierta rebeldía natural. Está peinado hacia adelante y hacia arriba en la parte superior, con los lados más cortos.

Llevaba un pequeño pendiente de aro plateado en la oreja izquierda, que añadía un toque moderno a su apariencia. Su tez es clara, sin imperfecciones visibles.

Pero no cabía duda de que lo que más llamaba la atención de él eran sus hipnotizantes ojos de tono azul claro, casi grisáceo, ligeramente almendrados. Como el azul de aquel pájaro exótico que vi en el bosque cuando llegué a este lugar

—¿Y?, ¿piensas decir algo o te mantendrás callado?

—Libérame —volví a ordenar, pero no con el tono imponente que quería tener.

—Veo que no quieres cooperar —se paró de la silla—. Bien, veamos cuánto aguantas encerrado.

—¡¿Qué?! No, suéltame —se alejó hacia la puerta.

—No hasta que me digas quiénes son ustedes —detuvo su mano en el picaporte y se quedó observándome, quizás con la esperanza de que dijera algo. Yo solo lo miré frustrado—. Parece que no. Adiós.

Abandonó la habitación.

Volví a intentar liberarme llevando mis manos hacia mi pecho, pero las lianas jalaron mis muñecas hacia la cama. Me recosté rendido y cansado.

Como lo dijo aquel chico: mientras más luchaba, más fuerte las lianas ajustaban.

Grité exasperado. Por lo menos pude ver por un instante que la pulsera que me regaló mi madre sigue en mi muñeca.

Lo único que me reconfortaba, en algo, era saber que por lo menos estos sujetos misteriosos no son cazadores, sino hechiceros. Pero eso no quita el hecho de lo peligrosos que pueden ser.

Me removía en mi lugar mientras imaginaba las manecillas del reloj avanzando a gran velocidad. La luz del día desapareció: ya era de noche. ¿Cuántas horas habrá pasado sin noticias de las chicas?

Cuando estuvimos prófugos ideamos algunos planes de contingencia por si es que en algún momento terminábamos siendo capturadas.

Confiar en alguien sería difícil, dado lo acontecido con el director Harvey, por eso acordamos que fingiríamos ser novatos en la magia hasta ver si nuestra situación era favorable.




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