Diciembre 14, 2018
LUIS ÁNGEL POV:
Me levanté muy temprano. Quería evitar todo contacto posible con los chicos. Salí del cuarto y me encontré con otro inquilino del palacio que también madrugó a quien le pregunté en dónde estaban las duchas. Respondió que al costado de las escaleras por donde subí ayer.
A paso apresurado corrí a meterme debajo de la regadera para tener privacidad. Gracias a Dios no había nadie despierto a esa hora, por lo que pude, después de días, darme un buen baño con agua caliente. Cuando terminé de enjuagarme el cuerpo, entró el rubio junto con su amigo.
—Miren a quien tenemos aquí: al niño gruñón —espetó burlón. Cogí mi toalla y me la enrollé en la cintura.
—Ya Erick, no lo molestes. Suficiente tiene con existir —soltó Hunter.
—Dúo de estúpidos. ¿No tienen nada mejor que hacer? —dije molesto—. No respondan, se les quemará el cerebro.
Cuando estaban a punto de rebatir salí de ahí.
Me sequé tan rápido como pude y me cambié velozmente para no tener que verlos de nuevo.
Salí a buscar a Ravenna, pero justo en el pasillo me encuentro con Nerissa. Le dije que justo la estaba buscando, a lo que me respondió que ella también.
—Hoy tendrás la prueba para determinar a qué nivel irás.
—Lo sé, pero tengo otra cosa que decirte con respecto a… —me silenció.
—Lo que sea que tengas que decir puede esperar. Esto es más importante.
—Pero Nerissa.
—Nada de peros. Vámonos.
No me dejó hablar y enseguida me llevó con ella a no sé dónde.
—Nerissa, en serio tengo que…
—Silencio, eso puede esperar —¡qué irritante!
Después de arrastrarme con ella por todo el palacio, terminamos en la puerta que parecía ser del despacho de Ravenna. Era blanca y a diferencia del resto de puertas que he podido apreciar en el castillo esta tiene una mayor calidad y finura en los detalles de madera que adornan el marco.
Nerissa tocó dos veces y enseguida entramos a la oficina. Adentro nos esperaban Daniela, Fernanda y Ravenna, quien se encontraba sentada detrás de un lindo escritorio de roble.
Nerissa se aclaró la garganta mientras señalaba a su prima con insistencia. Yo le respondí alzando los hombros.
— El saludo, jovencito —señaló frunciendo el ceño molesta.
Daniela y Fernanda me miraron igual.
—Ah, eso. Buenos días, Ravenna —saludé a la mayor.
—Los modales son algo que deberás aprender en esta escuela, niño —soltó ella—. Detalles —comentó restándole importancia a mi total falta de respeto a su investidura—. En fin. Como Nerissa ya les habrá adelantado, el día de hoy, justo en este momento, se les aplicará la prueba para determinar a qué nivel serán asignados. Dado que son nuevos permítanme explicarles las reglas —se puso de pie y caminó hacia una mesita que se hallaba en una esquina para tomar un cigarro y prenderlo con sus poderes—. Es una prueba sumamente sencilla. Se les hará preguntas sobre nuestra sociedad y después pruebas de habilidades y reflejos. El jurado determinará a cuál de los cuatro niveles serán asignados cada uno.
—¿Y quién es ese jurado? —pregunté. Ravenna sonrió para luego calar del cigarro que sostenía entre sus dedos.
—Son tres integrantes: La directora, en este caso yo; la Comandante en Jefe de la Guardia de Oridia.
—O sea, yo —dijo Nerissa.
—Y el tercer jurado es el alumno más antiguo del último nivel.
—¿Que en este caso sería? —pregunté mirando a mi alrededor.
La puerta se abrió estrepitosamente dando paso al rubio, quien hacía su entrada triunfal a esta reunión.
—Yo —soltó de la nada—. Yo soy ese tercer jurado.
—Me tienes que estar jodiendo —exclamé irritado—. ¿Él es el tercer jurado?, ¿el alumno más antiguo del último nivel? —me quejé indignado.
—¿Hay algún problema con eso? —preguntó Ravenna.
—Sí —respondí.
—Por supuesto que no —respondieron las chicas. Giré a mirarlas contrariado.
—Es decir, no hay nada de malo —dijo Fernanda. La miré fijamente con cara de odio.
—«Compórtate» —soltó la más alta. Abrí la boca para quejarme de nuevo, pero Ravenna me ganó.
—Bueno, ya que no hay problemas, hay que comenzar. Primero tú, Daniela —dijo posicionándose de nuevo en su escritorio—. Por cierto, las pruebas son en privado. Así que pueden esperar afuera —indicó abriendo la puerta de su oficina.
Antes de abandonar la oficina, pasé por el costado de Erick chocando su hombro con sutileza. El rubio comprendió bien el gesto, puesto que antes de que se cerrara la puerta volteó a mirarme con una mirada burlona. Cuánto lo detesto.
—¿Se puede saber por qué dijiste que estaba bien que el rubio esté aquí? —le reclamé a Fernanda.
—Porque no tiene nada de malo. Te estás haciendo un gran lio en la cabeza —respondió cruzando los brazos—. Ese chico no ha hecho nada por lo que tenga que odiarlo.