Artes Prohibidas 2: El Ascenso

Capítulo 8. Bienvenidos a Oridia

Diciembre 14, 2018

LUIS ÁNGEL POV:

Tengo que admitir que durante el caminó hacia la oficina de Ravenna comencé a sentir nervios por los resultados. No sé la razón, pero esta prueba, pese a que sentía que no me serviría, me ha provocado una sensación de inseguridad en mí.

Entré y las chicas ya estaban sentadas en frente del escritorio de Ravenna. La Eterna, Nerissa y el tonto de Erick se encontraban del otro lado.

—Al fin llegas. Te han estado buscando un largo tiempo —soltó la Eterna.

—Estaba en el jardín. Pudo haberme encontrado fácilmente —respondí.

Ravenna no inmutó. Parece que ya esperaba que contestara así.

Me acerqué hacia la tercera silla y me senté al lado de Fernanda, quien hasta el ahora no se digna a mirarme.

—Ya que has llegado, es hora de decirles a qué nivel han sido asignados cada uno.

«¡Qué emoción!» —exclamó Daniela en nuestras mentes.

—Esto será muy breve. Daniela Scott, luego de tu desempeño en la prueba, el jurado ha decidido clasificarte en el nivel tres del Programa Integral de Magia. Felicidades.

¡Tercer nivel! No me hizo caso.

—¡Sí! Gracias —dijo la pelinegra con voz chillona. Fernanda la miró y le lanzó una mirada cómplice. De nuevo.

—Fernanda Pierce, después de ver tu gran desempeño en la prueba, el jurado ha decidido por unanimidad clasificarte en el nivel tres del Programa Integral de Magia. Felicidades.

Definitivamente se pusieron de acuerdo.

—Gracias, Ravenna —agradeció con una cara de felicidad que no había visto en meses, pero definitivamente menos exaltada que Daniela

—Luis Ángel Inchausti —mierda, los nervios aumentaron. Ahora todos tenía puestas sus miradas sobre mí, incluso aquellos bonitos ojos de Erick estaban analizándome de pies a cabeza—. Luego de un amplio debate con respecto a tu desempeño en la prueba, el jurado decidió donde clasificarte —esperaba a que pronunciara el mismo nivel que mis amigas, dado que acordamos no darnos a conocer, pero veo que ellas se excedieron—. Como Eterna, he optado por clasificarte en el nivel uno del Programa Integral de Magia.

—¡Nivel uno! —resondró por toda la habitación. Lo más gracioso fue que yo no fui quien lo dijo, sino más bien todos los presentes.

—Así es, nivel uno —confirmó Ravenna.

—Nivel uno —susurré yo. Estaba para mi sorpresa en un pequeño shock.

Pese a que sabía que estar en un nivel inferior era mi objetivo, no esperaba que fuese un tanto incómodo, por no decir doloroso.

—Los detalles de sus cursos y horarios serán entregados en una hora en sus habitaciones. Eso es todo, ya pueden retirarse —fui el primero en pararme para abandonar la oficina, inmediatamente me siguieron Daniela y Fernanda.

—Chicos —nos llamó Ravenna una última vez cuando la puerta ya estaba abierta. Achicó ligeramente sus ojos y tensó su boca en una sonrisa simulada—. Bienvenidos oficialmente a Oridia.

Soltó con una voz que logró ponerme los pelos de punta.

Una vez afuera las quejas de Daniela no se hicieron esperar.

—¿Cómo es posible que te hayan puesto en un nivel tan básico? No me parece justo.

—A mí sí —respondí cruzándome de brazos—. ¿Sabes por qué? Porque yo sí respeté el acuerdo que hicimos.

—¿Te refieres a la orden que nos diste de tener un perfil bajo? —habló por fin Fernanda.

—Acuerdo, fue un acuerdo.

—No, Luis Ángel, no lo fue. Fue una imposición tuya basado en la desconfianza.

—Era necesario para protegernos.

—¿De quién?

—De los cazadores —le respondí exaltado.

—Aquí no hay cazadores. ¿Qué no lo ves?

—Me niego a creer que incluso aquí estemos seguros.

—¿Entonces por qué sigues aquí? —explotó.

—Fernanda, no digas eso —le dijo Daniela intentando calmar la situación que se había salido de control.

—Si tanto miedo tienes de permanecer en un lugar que no te trae confianza, ¿por qué no te vas?

—Por ustedes —respondí tajante—. Por ustedes no me voy. Prometí cuidarlas y no perder a nadie más.

—Por favor, sabes perfectamente que podemos cuidarnos solas. No necesitamos de un niñero majadero como tú.

—Bien, perfecto. Así están las cosas. Que tengan una buena estadía aquí entonces —sentencié dando pasos agigantados hacia la habitación para recoger mis cosas e irme.

—Luis Ángel, alto —dijo Daniela intentando detenerme.

—No, Daniela. Ustedes ya tomaron su decisión. Yo ya no tengo nada que ver.

—No te pongas así, no puedes irte.

—Claro que puedo y lo haré.

Me teletransporté a la habitación H-35. Por suerte no estaba Hunter ahí para ver lo que hice.

Metí mis cosas en la mochila determinado a irme. Nada puede ser color de rosas. Nada.




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