Artes Prohibidas 2: El Ascenso

Capítulo 11. La prueba

Diciembre 21, 2018

LUIS ÁNGEL POV:

Con paso firme caminé hacia la arena para unirme con el resto de los competidores. Éramos 40 en total. Todos lucían de mi edad, más o menos. Algunos no me quitaban la mirada de encima, mientras que otros lo hacían disimuladamente.

Una chica pelirroja a mi lado me miraba de reojo mientras no dejaba de mover su pie. Parecía ansiosa.

—¿Asustada? —le pregunté amablemente. Ella volteó hacia mí y con una cara de espanto contestó:

—No mucho —bajé la cabeza y la miré con los ojos abiertos para que me dijera la verdad—. Bueno, en realidad sí estoy asustada. Es la primera vez que postulo y temo más hacer el ridículo que no entrar al equipo.

—Tranquila, lo harás bien. Tú solo confía en ti. Te apuesto a que llegarás entre los diez primeros.

—¿De verdad lo crees?

—Por supuesto que sí, ya lo verás —realmente no lo creía, pero no iba a decírselo: destruiría la poca seguridad que tenía.

—Gracias —susurró sonriendo levemente—. Tania Lozano —me extendió su mano.

—Luis Ángel —me presenté correspondiendo su gesto.

—Sí sé quién eres. De hecho, todos aquí lo sabemos.

—Mi reputación me precede —ella se rio. Logré relajarla un poco.

El sonido estridente de un gong nos alertó a todos. Miramos hacia la mesa en donde estaban las Cromwell, Lukas y Erick.

Nerissa se puso de pie y tomó la palabra.

—Bienvenidos alumnos a la convocatoria semestral para integrar la Guardia de Oridia —todos los alumnos comenzaron a aplaudir y a gritar—. Como la comandante en jefe de la guardia y presidenta del comité seleccionador es mi deber informarles cuáles serán las reglas de esta prueba —alzó las manos y las movió desde el centro hacia los extremos.

La tierra debajo de nosotros comenzó a temblar. Muchos de los participantes, incluyéndome, perdimos por breves segundos el equilibrio. La tierra se partió por la mitad separándose de sí y el nivel del suelo comenzó a descender dejando por encima de nosotros al público, como en un coliseo.

La arena plana comenzó a tomar la forma de una verdadera pista de combate ampliándose a niveles impensados.

Nerissa continuó hablando.

—Al sonar el gong, deberán trepar el muro usando cualquier habilidad mágica que se les ocurra. Luego correrán hasta aquella pared gigante esquivando las bolas de fuego que se les serán lanzadas y se cuidarán de no ser devorados por las arenas movedizas o ser atrapados por las enredaderas de loft. Al llegar a la pared, la treparán sin utilizar sus poderes apoyándose en los palos, los cuales cambian de posición o desaparecen. Por último, al llegar a la cima deberán alcanzar los brazaletes de plata que se hayan en la mesa del jurado, pero cuidado, una sorpresa les aguarda —soltó con un tono misterioso logrando encrespar a mi compañera de al lado.

—Todo saldrá bien —traté de animarla, pero sin mucho éxito.

—Suerte a todos y que los mejores venzan —finalizó Nerissa.

Tomé aire y comencé a moverme para calentar. Erick se puso de pie y caminó hacia el instrumento. Cogió el palo y al cabo de unos segundos golpeó el gong. La prueba había iniciado.

Los 40 postulantes corrimos hacia la primera pared. Algunos crearon una cuerda para treparla, otros más habilidosos utilizaron sus poderes para deformarla y crear unos peldaños de los cuales apoyarse para subir. Yo en cambio usando mi telequinesis levité por sobre todos y llegué a la cima.

Me alegré porque estaba en primer lugar, tal como me lo había propuesto. En cuanto di el primer paso para seguir, una inmensa bola de fuego salió disparada a gran velocidad hacia mí. No me dio mucho tiempo para reaccionar así que me agaché tan rápido como pude esquivando la bola. Esta impactó contra uno de los competidores que recién había terminado de subir el muro. El chico cayó llevándose a en el proceso a varios otros al suelo.

Los que subieron comenzaban a esquivar el resto de las bolas de fuego que se aproximaban hacia ellos.

Me puse de pie de inmediato porque estaba quedándome atrás. Otra bola se dirigió a mí, pero la mandé a volar a otro lado. Lo mismo hice con las demás que se me iban encima mientras corría por el sendero.

Los chicos que andaban delante de mí dejaron de correr, porque se quedaron atrapados en las arenas movedizas. Si levitaba para pasar por encima, corría el riesgo de ser impactado con mucha mayor facilidad por las bolas.

Una de ellas cayó en las arenas, se apagó y se solidificó. Lo utilizaría a mi favor, entonces la siguiente bola de fuego que vino la desvié hacia las arenas y apagué el fuego tirando la arena encima de ella, creándome un camino sólido para cruzar.

«Genio» —me felicitó Fernanda.

Llegué al otro extremo y volví a correr hacia la pared, pero una planta se enredó en mi pierna. Eran las enredaderas de loft.

Me tumbaron al suelo y comenzaron a jalarme hacia un lado de la pista. Intenté liberarme, pero fue en vano, eran muy fuertes. Una de ellas me tomó la mano y la puso contra el suelo. Con la mano libre intenté soltarme, pero terminó igual de aprisionada.




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