Artes Prohibidas 2: El Ascenso

Capítulo 13. Primer entrenamiento

Enero 05, 2019

LUIS ÁNGEL POV:

Un nuevo día llegó. Me desperté muy temprano en mi dormitorio, aún un poco adormilado. Me levanté de la cama y me acerqué a la ventana para abrir las cortinas para dejar que entre los tenues rayos del sol. Miré hacia el paisaje de Oridia con una expresión pensativa.

Mis compañeros de cuarto todavía no llegaban de las vacaciones, por lo que aún tenía la habitación para mí solo.

Luego de una breve ducha, me puse el uniforme de la guardia y me dirigí a las arenas.

Fernanda y Daniela me esperaban en las escaleras del salón de honor.

–Hola. ¿Cómo dormiste? —preguntó Fernanda evitando bostezar. También madrugó.

—Bien, supongo. Solo estoy un poco nervioso por mi primer día de entrenamiento —respondí mirándolas

—No te preocupes. Estaremos aquí para apoyarte —dijo Daniela con tono tranquilizador. O quizás con sueño—. Nerissa pueda que se vea exigente, pero parece que es una excelente entrenadora.

Caminamos hacia la arena de entrenamiento. Algunos otros estudiantes que también se dirigían hacia allí creaban un ambiente animado y lleno de energía, que contrastaba con el ánimo de mis amigas y el resto de estudiantes que iban de espectadores.

Ya afuera en la arena, los nuevos reclutas se reunían junto con algunos otros miembros de la guardia, entre ellos y para mi sorpresa Hunter y el rubio.

En cuanto aparecí en su radar ambos dejaron de conversar y solo me observaron. Yo no me inmuté y seguí mi camino hacia un grupo de chicos que estaban en círculo conversando. Para mi buena suerte ahí se encontraba Tania, la chica con quien platiqué antes de empezar la prueba de admisión.

La saludé con una sonrisa. Ella me regresó el saludo de forma tímida. Le pregunté si estaba lista para el entrenamiento, a lo que me respondió que no, pero que aquí estaba al fin y al cabo.

—¿Conoces a los demás?

—Sí, claro. Te los presentaré —Tania se giró hacia su grupo y les pasó la voz—. Chicos, les presentó a Luis Ángel.

Todos me saludaron con la misma actitud tímida que Tania. La pelirroja me fue presentando uno a uno al grupo: Martha, una chica morena y de gran altura; los gemelos Samuel y Matías; y a una chica de cabello corto casi rapado, María.

—¿Es cierto lo que dicen de ti? —se aventuró a preguntarme uno de los gemelos.

—¿Qué cosa dicen de mí?

—Ya sabes. Lo que hiciste aquí en tu primera noche, que le pateaste el trasero a los guardias.

—Ah, eso. Bueno, qué les puedo decir. Supongo que los agarré con la guardia baja —bromeé.

Se rieron por el intento de chiste que me salió bien.

—Eso no volverá a pasar —todos saltaron en cuanto escucharon la voz del rubio. Yo no.

Volteé lentamente solo para encontrarme con la mirada gélida de Erick. Hunter estaba a su lado erguido, con el pecho hacia afuera y mirándonos por encima. Según yo parecía su guardaespaldas.

—¿Qué hacen todos parados como una sarta de imbéciles? Hagan una fila, ahora mismo —ordenó el rubio. Todo el mundo obedeció—. ¿Qué acaso no oíste lo que dije? Vete a formar —se dirigió a mí al ver que no me había movido.

Lo miré desafiante por unos breves segundos, pero luego con una sonrisa de suficiencia me coloqué al lado de Tania.

—«No causes problemas» —dijo Fernanda. Le levanté mis manos en señal de rendición.

—¿Tienes algo qué decir, Inchausti? —me regañó el rubio. Estaba a punto de contestarle, pero me calló—. Creo que no —soltó con una sonrisa socarrona.

—No se suponía que Nerissa debía ser quien esté aquí también —señalé para incredulidad de mis demás compañeros—. Lo siento. Sí tenía algo qué decir —dije devolviéndole la sonrisa socarrona.

El rubio sin dejar de mirarme tensó aún más el rostro y comenzó a vociferar.

—¡Escuchen, novatos! Hoy es el primer día de entrenamiento y quiero que sepan que no estoy aquí para acariciarles el ego. Aquí no hay lugar para los débiles y para aquellos que no estén dispuestos a sudar la camiseta. Si quieren formar parte de la guardia, deben estar dispuestos a esforzarse al máximo e ir más allá de sus límites.

—«¡Qué orador! Cualquiera diría que es el próximo Winston Churchill del mundo mágico» —comentó Fernanda. Luché por reprimir una risa ante tremenda genialidad.

Eso aún no explica el porqué Nerissa no está aquí.

—«Por favor, no lo interrumpas» —rogó Daniela.

—El camino que les espera no será fácil. Aquí enfrentarán desafíos que pondrán a prueba su resistencia física y mental. Solo con esfuerzo, dedicación y sacrificio podrán superar esos obstáculos y convertirse en verdaderos y respetados guardias de Oridia. No esperen que los trate con guantes de seda. No habrá piedad para los que se rindan o se quejen. Deben ser fuertes y valientes en cada momento. La disciplina y el trabajo en equipo son la columna vertebral de este grupo, por lo que no toleraré actitudes individualistas o negligentes.

—«Creo que eso va para ti» —para qué negarlo.




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