Artes Prohibidas 2: El Ascenso

Capítulo 15. La primera guardia, parte 2

Enero 05, 2019

LUIS ÁNGEL POV:

—Tal vez deberíamos... —comencé a decir, pero Erick me interrumpió.

—Guarda silencio, Luis Ángel —masculló con sus ojos aún clavados en la criatura.

El león se detuvo ante nosotros, clavó su mirada en Erick como si pudiera leer sus pensamientos. El animal caminó cerca de Erick y pasó de él. Yo ahora era el centro de su atención.

Tomó una actitud distinta. Si con el rubio fue condescendiente, conmigo se puso en modo alerta. La luz clara de su pelaje cambió a uno rojizo y comenzó a rugir. Era evidente que algo en mí lo intranquilizaba.

—Erick—intenté nuevamente comunicarme con él.

—¡Cállate! —exclamó Erick. Llevó su mano al puño de su espada como si se preparase para lo peor—. No te muevas ni hagas ruido.

El animal se lanzó hacia mí con una velocidad impresionante. Erick actuó con celeridad y conjuró una barrera de plantas que rodeó al animal. Sin embargo, para nuestra sorpresa, la criatura atravesó la barrera como si no existiera.

La criatura volvió de nuevo al ataque y se me quiso abalanzar, pero lo esquivé rodando.

—Erick, algo no va bien. No le agrado a este bicho —dije con voz temblorosa.

—¡Qué sorpresa! —soltó el rubio con sarcasmo, sin apartar la mirada de la criatura.

Un rugido ensordecedor resonó y el león utilizando su cabeza lanzó a Erick por los aires. Mi compañero cayó al suelo inconsciente.

La criatura se volvió hacia mí y corrió a embestirme con ojos centelleantes. Actué por instinto esquivando sus ataques y buscando una forma de enfrentar a esta fiera mágica.

Antes de que me envolviera con sus garras le lancé una bola de fuego, la cual se difuminó en su deslumbrante y rojizo pelaje. Intenté levantarlo del suelo, pero tampoco funcionó.

—¿Qué te pasa, bestia?, ¿por qué estás tan enfadada conmigo? —murmuré entre dientes, tratando de entender la razón detrás de la furia de la criatura—. **Detente** —pesé a que lo ordené la bestia solo rugió más fuerte. Es inmune a los hechizos. Ningún poder en la tierra es capaz de pararla—. ¡Erick, despierta! —grité intentando llamar la atención del rubio aún inconsciente.

Cada movimiento de la criatura, cada salto y cada giro era calculado. Parecía tener un odio inexplicable hacia mí. Sus garras chocaban contra el suelo, la criatura aumentó su velocidad y lanzó un zarpazo, pero lo esquivé por poco. El cortisol que drenaba por todo el cuerpo me mantenía alerta.

Hice que varios troncos le cayeran encima aprisionándolo. Funcionó por unos pocos segundos, tiempo que aproveché para recuperar fuerza. Quemó la madera que la aprisionaba con su pelaje incandescente.

Al dar un paso hacia atrás me enredé con una raíz y caí al suelo de espaldas. Me apoyé en mis codos para verlo una última vez: pensaba en desaparecer. Y justo cuando la criatura mágica se preparaba para su próximo ataque, un destello rojo rompió la oscuridad de la selva. Apareció el caballero rojo.

Desenvainó su espada con destreza lanzándose hacia la criatura. La hoja resplandecía con un resplandor rojizo y con una habilidad, que debo admitir envidio, logró contener a la bestia por un momento. Mientras tanto, yo, aún en el suelo, observaba la escena con asombro.

El caballero rojo hizo brotar del suelo unas plantas que soltaron esporas que molestaban a la bestia. También se extendían del suelo una enredaderas que intentaban aprisionar a la criatura. Sin embargo, la bestia resistía y su pelaje ardiente despedía chispas que amenazaban con quemar las plantas mágicas.

Fue entonces cuando decidí que no podíamos depender solo del caballero rojo. Reuniendo mis fuerzas, me puse de pie y, con determinación, extendí mi mano hacia la criatura.

—Quintaesencia —un rayo brotó de mis dedos envolviendo a la bestia con una luz intensa. Logré por fin tocarlo con mi esencia. La criatura rugió, pero esta vez no era un rugido de furia, sino más bien de libertad.

La quintaesencia cambió el color del pelaje de la criatura de un rojo furioso a un tono claro sereno. Ahora iluminaba con un brillo pacífico la oscura y destruida selva. La bestia, finalmente calmada, se dejó caer al suelo, con una mirada ahora mansa.

El caballero rojo guardó su espada y se giró hacia mí. Quise acercarme a él, pero sin decir una palabra desapareció en la oscuridad de la selva dejándome con la criatura ahora pacífica a mis pies.

—Gracias —susurré solo para mí.

Me acerqué a la bestia y al ver que estaba tranquila me aventuré a acariciar su pelaje, el cual era suave al tacto. Aunque antes era un ser temible, ahora emanaba una tranquilidad que se extendía por el aire

—Ay, amigo. Y pensar que hace solo unos segundos atrás eras un monstruo indomable. Mírate ahora.

La criatura se levantó lentamente y caminó hacia lo lejos, justo hacia donde lanzó a Erick. Cierto, me había olvidado de mi compañero.

Corrí hacia él viendo como el felino lamía su rostro para despertarlo. El chico abrió sus orbes y se asustó al ver que tenía los dientes de la bestia cerca de él. Antes de que pudiera hacer algo lo detuve.




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