Enero 20, 2019
LUIS ÁNGEL POV:
Me abrí con Patricia: le conté la historia de las últimas noches con el caballero rojo, incluida la de hace unos minutos atrás.
—¿Me estás tomando el pelo?, ¿en serio te pasó todo eso? —asentí.
—¿Sabes quién podría ser? —la chica se puso de pie y comenzó a andar de un lado a otro—. ¿Eso lo debo entender como un sí?
Patricia se giró hacia mí y volvió a sentarse en la mesa del comedor.
—Sí y no —contestó confundiéndome un poco—. Existe una leyenda muy antigua, demasiado diría yo, sobre un ser, no se sabe si hombre o mujer, que solía vestirse de rojo.
—¿De verdad?, ¿de qué va la leyenda?
—Hace bastantes siglos atrás, existía un mago excepcional en palacio de Oridia. Su nombre era Víctor Tagle, un joven prodigio dotado de habilidades asombrosas en el arte de la telekinesis y piroquinesis. Víctor destacó en la escuela, siendo reconocido por sus compañeros y maestros. Incluso hasta se enlistó en la guardia. Sin embargo, su ascenso a la fama fue acompañado por la tragedia. Se dice que en una misión para proteger el palacio de una amenaza desconocida, Víctor fue consumido por un poder oscuro. Errático y con un alter ego peligroso se convirtió en el caballero rojo, un ser enigmático vestido con una armadura de rojo resplandeciente y una máscara que ocultaba su rostro. Se volvió un vigilante solitario que recorría los rincones más oscuros del palacio para protegerlo de amenazas inimaginables. Se rumorea que buscaba redimirse y liberarse de la oscuridad que lo envolvía, pero nadie conocía su verdadera misión.
—¡Guau! No es tan oscuro como pensé que sería.
—¿A caso esperabas sangre, muertes y destrucción?
—Para ser honesto, sí —Patricia negó con la cabeza—. ¿De verdad no tienes idea de quién podría ser?
—No, amigo. Como te dije, la leyenda es de hace varios siglos.
—¡Qué complicado! ¿Quién crees que podría saber más al respecto.
—Bueno tienes a Nerissa.
—Paso.
—Obviamente también está Ravenna.
—Recontra paso.
—Bueno, así nunca podrás saber quién es —bufé exasperado.
—¿Quiénes más pueden saber?
—Es muy probable que alguien de la guardia. Alguien como… como… como Erick. Él puede saber.
—Sí, el rubio debe saber algo. Pero no le quiero decir directamente “hola, ¿sabes algo sobre el caballero rojo? ¿Por qué te lo pregunto? Oh, es porque me he topado con él varias veces e incluso me ayudó con el tema del lunaris y de las armaduras encantadas”. Definitivamente no —una risita se escapó de los labios de Patricia.
—Es mejor que vayas ensayando qué decirle. Puede que sea tu única opción. A no ser que le quieras preguntar a Silvana o Lukas.
—¡No! Definitivamente no.
—Entonces, ya sabes qué hacer —sentenció.
Terminó de comer su snack de madrugada y se despidió. Antes de salir me preguntó si quería que me acompañe de regreso a mi cuarto, por si es que me vuelvo a topar con el caballero rojo.
—No, está bien. Solo aparece cuando está seguro de que estoy solo. Contigo a mi lado no lo haría —asintió y se fue.
En solitario me puse a pensar en la intervención oportuna del caballero rojo. Pero la pregunta del millón, además de su identidad, es quién podría haber encantado esas armaduras para atacarme. ¿Un cazador de brujas infiltrado o tal vez alguien dentro de la propia Oridia?
Mientras me sumía en el misterio, una nueva misión vino hacia mí: descubrir la verdad y destapar esta conspiración antes de que se cerrara la trampa en la que me encontraba.
Enero 21, 2019
Voy corriendo por los pasillos del palacio con mucha prisa: llego tarde a mi clase de historia de la magia. Al parecer hoy quise pasar más tiempo entre mis suaves frazadas que entre los feos libros de historia.
Abrí el salón de un portazo.
—Disculpe la demora, profesora Talía. No volverá a … —me detuve en cuanto vi que el salón estaba vacío. ¿Qué raro? Pero sí hoy me toca historia de la magia.
—Se fueron al salón de las reliquias a estudiarlas —me orientó un alumno que pasaba por ahí.
—¡Gracias! —solté y de inmediato emprendí la huida hacia el salón de las reliquias.
Es curioso que hoy toque esa clase, porque justo quiero saber más sobre el corazón de Thalassia. Me vendría bien esta clase justo ahora.
Al llegar a dicha habitación me encontré con la sorpresa de que estaba vacía. Qué suerte la mía como para no encontrarlos.
Antes de salir mi vista se tropezó con un objeto en particular. Me detuve en seco y me acerqué a la vitrina que exhibía las reliquias de las Eternas. Detrás de todas ellas y muy oculta resaltaba a duras penas una joya de color rosado.
Giré a todos los lados para cerciorarme de ser el único en la sala, porque lo que estaba a punto de hacer seguramente calificaba como un delito.