Enero 26, 2019
LUIS ÁNGEL POV:
Me desperté. La cabeza me palpitaba y tenía las muñecas dolorosamente atadas a una silla. La luz parpadeante me cegaba momentáneamente y cuando finalmente pude enfocar, vi al hombre frente a mí.
Con una mirada fría y calculadora que me atravesaba como una espada, con una sonrisa macabra dibujada en su rostro.
—Te has vuelto un problema, Luis Ángel —su voz resonó en la habitación como un eco—. Déjame presentarme oficialmente. Mi nombre es James Valdemar, pero de seguro me conoces como “El Guardián del Pueblo”, así me llaman mis electores —contó orgulloso, como si fuese el mayor logro de su vida.
Intenté liberarme de mis ataduras, pero él chasqueó la lengua y me dijo que lo pensara dos veces antes de intentar liberarme, hacerme el héroe y matarlo. Chasqueó los dedos y dos cazadores aparecieron desde las sombras.
—¿Crees que solo tú estás en peligro? —con un solo gesto uno de sus hombres me puso una pantalla en mi cara, mostrándome una transmisión en vivo.
Mi corazón se detuvo al ver en la pantalla a mi familia entera amordazada y atada de pie en unos postes. El miedo en sus ojos era innegable.
—No... —susurré, sintiendo una oleada de desesperación y furia—. Déjalos ir. Ellos no tienen nada que ver con esto.
James me mostró una sonrisa cruel y vengativa.
—No estás en posición para dar órdenes, Luis Ángel —se puso detrás de mí—. Sus vidas dependen de que sigas mis instrucciones al pie de la letra —dijo con una voz calculadora—. Si veo movimiento, se mueren; si veo que abres la boca para dar comandos, se mueren —acercó su boca a mi oreja y me susurró—. Si piensas por un solo segundo que podrás salir con vida de esto, aquí estoy yo para cortarte las alas y decirte que no —dio la vuelta y se puso enfrente de mí—. Esta noche las cosas cambiaron: ya no eres el cazador, ahora eres la presa —sentenció mientras su sonrisa se ensanchaba.
Quería gritar, lanzar hechizos, hacer cualquier cosa para sacarlos de allí. Estaba atrapado y lo peor de todo era que mi familia estaba en peligro por mi culpa.
Las horas pasaron, James seguía yendo y viniendo de la habitación, mis captores no me perdían de vista y yo, yo me sentía como un águila con las alas atadas viendo como apuntaban con flechas a mi nido.
Los rostros de mi familia, pálidos y temblorosos, quedaron grabados en mi mente como una imagen quemada en la retina.
—¿Qué se siente? —me preguntó James de lo más normal, como si fuésemos amigos de toda la vida—. ¿Qué se siente tener fuego en las manos, pero no poder quemarme; poder desaparecer en un parpadeo, pero no te atreverte a moverte? Debe ser como… —hizo una pausa teatral— como ser un león con los colmillos arrancados, obligado a quedarse quieto mientras su manada sucumbe ante los cazadores.
Mis manos temblaron, no de miedo, sino de rabia. James se inclinó ligeramente hacia mí, bajando la voz.
—Tú y yo sabemos que podrías acabar con todo esto ahora mismo. Un solo hechizo y yo dejaría de ser un problema. Pero si lo haces… —se enderezó y sacó un pequeño comunicador de su bolsillo, girándolo con sus manos—. Bueno, supongo que alguien daría la orden, ¿no?
Sentí un vacío en el estómago.
—Bastardo —escupí entre dientes.
James sonrió, complacido con mi frustración. Ese era su objetivo: provocarme.
—Oh, vamos. No seas tan dramático, hombre. No quiero matar a nadie —soltó apretando los labios—. Pero tengo que matar a alguien —agregó esta vez con un tono malévolo.
—Disfrutas bastante de tu actuación, ¿no es así? —mascullé con una media sonrisa, inclinándome ligeramente hacia adelante—. El papel de dictador te queda bien, lo admito —continué, dándole una mirada rápida de arriba abajo—. La voz firme, la postura imponente, el jueguito de quien tiene el control... Te hace sentir poderoso, ¿verdad? Como si de verdad tuvieras todo bajo control.
James soltó una risa breve, pero vacía.
—Tengo todo bajo control.
—¿Sí? —levanté una ceja—. No lo creo. Un vencedor no necesita pavonearse ni soltar discursos baratos para convencerse a sí mismo de que está ganando —dije, manteniendo mi voz firme.
James apretó los labios.
—¿Qué intentas decir?
—Que esto… —hice un gesto vago con la cabeza, señalando la habitación, mis ataduras, su patética demostración de poder— es lo más cerca que estarás de la cima —su expresión se endureció. Ahora sí le había golpeado donde le dolía—. Disfrútalo mientras puedas, James, porque los dientes crecen, las cuerdas se desgastan y cuando el león vuelve al ruedo, no deja más que huesos.
Su mirada se oscureció y su agarre sobre el comunicador se tensó. Lo tenía. Y él lo sabía.
—Señor —uno de sus esbirros se comunicó con él por la radio.
—¿Qué pasó? —contestó con una voz que aunque intentaba ocultar su molestia, no le salió bien.
—Señor, atrapamos a dos brujas —James esbozó una sonrisa triunfal mientras me observaba con sus ojos brillando de emoción.
—Tráelas ante mí —cortó y se me acercó—. Invitaste a tus amigas y no me pasaste la voz —soltó una risa maquiavélica que se escucharía hasta en la China—. Veremos ahora si me puedo acercar un poco más a la cima.