Marzo 09, 2019
LUIS ÁNGEL POV:
—¿Te pareció complicado decirlo? Creo que no.
—Obvio que sí es complicado. Son muchas cosas qué explicar.
—¿Y entonces vas a hacerlo o no? —insistió.
—No lo sé.
—¡Luis Ángel! —exclamó Daniela, girándose hacia mí con una sonrisa despreocupada. Patricia, a su lado, alzó una ceja divertida por mi sobresalto.
Me quedé paralizado, tratando de procesar lo que veía. No estaba en la caverna ni frente a Erick. Estaba en el comedor y mis amigas estaban sentadas, discutiendo algo que no tenía nada que ver con secretos ni traiciones.
—¿Todo bien? —me preguntó Patricia, inclinándose un poco hacia mí.
—¿Eh? Sí, claro —respondí, intentando recomponerme mientras me integraba a la conversación.
—Estábamos hablando del último examen —explicó Daniela, volviendo su atención a sus notas—. ¿Te pareció complicado? Porque a mí me tomó una eternidad explicarlo todo.
—Demasiadas cosas que decir, demasiados detalles —añadió Patricia, suspirando dramáticamente.
—Te noto extraño —me dijo Fernanda con un tono de preocupación—. ¿Todo bien?
Claro que no. Ayer descubrí que mi compañero de cuarto, el guardián mayor y aquella persona que comenzaba a agradarme es en realidad un completo mentiroso.
Es el puto Caballero Rojo. Sí, el mismo Caballero Rojo que apareció la noche de año nuevo, el mismo que me ayudó la otra vez en el bosque y con los caballeros vivientes. Y sabes qué es lo que más me molesta, que no haya podido confiar en mí y contármelo. O sea, se acercó a mí, se hizo el amable, incluso me mostró el manantial. ¡Maldita sea! Me abrí con él y le conté lo de mis padres. Lo detesto.
—Por supuesto. Estoy bien —le mentí a unas de mis mejores amigas. Yo mintiéndole a la persona que me apoyó desde el inicio. ¿En qué me he convertido?
Quiero alejar a las chicas de los problemas y de todo el rollo del Caballero Rojo. Y si eso implicaba mentirles para protegerlas, pues me declaro culpable.
—Si tú lo dices.
—Es porque yo lo digo —le respondí con una voz media altanera, media jocosa, para que vea que estoy como siempre.
Fernanda asintió derrotada, sabía que no diría más, pero no se molestó por ello. Tarde o temprano, la joven bruja terminaría enterándose por mi boca sobre qué es lo que me aqueja.
El resto del día estuve con mis amigas en el jardín, tomándonos un pequeño descanso de todo lo que ha venido aconteciendo en nuestras vidas.
Hicimos un picnic los cuatro. Vacilamos a Patricia con un chico de su clase de herbología, quien terminó siendo Sam, uno de los hermanos gemelos que está conmigo en la guardia.
Daniela, a raíz de los exámenes, nos contó que siente afinidad por la materia de herbología y pociones. Le pareció extraño, pues en Saint Peter nunca le había agradado el curso de química o biología, pero aquí sí le entró el bichito por aprender más. Estaba feliz porque por lo menos a uno de nosotros estar aquí le es de mucha ayuda. Ya hasta vocación encontró.
Al caer la noche, tuve que regresar a mi habitación para cambiarme e ir a hacer guardia. Entré lo más rápido que pude a sacar mi uniforme y con las mismas me fui a cambiar al baño. Quería evitar a Erick a toda costa. Lástima que tenerlo en el mismo club no era de mucha ayuda.
El campo estaba repleto de actividad. Los guardias se movían de un lado a otro. Unos ajustándose las correas del uniforme, otros revisando el estado de sus armas.
Me mantuve lo más alejado que pude del centro de la acción, fingiendo estar absorto en el ajuste de las protecciones de mis brazos. Mi mirada se deslizaba ocasionalmente hacia él, quien estaba al otro lado de la arena, revisando las asignaciones con la misma expresión serena de siempre. Era como si nada hubiera cambiado. Como si yo no hubiera descubierto su mayor secreto la noche anterior.
Erick levantó la vista por un momento. Con sus ojos escaneó el lugar hasta que dio conmigo. Un destello de algo —tal vez incomodidad, tal vez preocupación— cruzó su rostro. Aparté la mirada de inmediato y me giré hacia Tania, quien estaba cerca de mí revisando una lista.
—¿Tienes claro a dónde vamos? —le pregunté, fingiendo interés en los papeles que sostenía.
—Claro que sí. Nerissa nos asignó la parte norte del perímetro. Tú y yo vamos juntos —su mirada se desvió hacia Erick por un instante—. Oye, ¿todo bien con él? No ha dejado de mirarte desde que llegaste.
—Eres muy observadora —bromé haciéndola reír de orgullo—. Todo está bien —respondí restándole importancia—. Solo concéntrate en sobrevivir esta noche.
Tania soltó una carcajada y no volvió a insistir.
Mientras los demás se reunían en pequeños grupos, Erick comenzó a moverse hacia mi dirección. Mi corazón dio un vuelco.
Abandoné a Tania y rápidamente me dirigí hacia un grupo de compañeros que estaban revisando las armas.
—¿Listos para salir? —pregunté, interrumpiendo su conversación.
Uno de ellos asintió y comencé a revisar con ellos las condiciones del equipo, haciendo todo lo posible por parecer ocupado. Por el rabillo del ojo vi que Erick se detuvo a unos metros de distancia.