Artes Prohibidas 2: El Ascenso

Capítulo 29. La idea más loca de todas

Abril 04, 2019

LUIS ÁNGEL POV:

Estaba confundido, mareado, oprimido, molesto, rabioso. Había tenido la oportunidad de mi vida de obtener todas las respuestas que quería y se me fueron de las manos. O mejor dicho, me la arrebataron de las manos.

Sospechaba que su muerte no fue simple casualidad. Alguien más estaba detrás moviendo los hilos. Estaba a punto de saber qué bruja o hechicero colabora con ellos y justo muere antes de decírmelo. Casualidad, no lo creo.

Al llegar al palacio, Nerissa me dijo que habló con los guardias para que no mencionen las últimas visitas que tuvo el general. También me prometió que no le diría nada a Ravenna, pues sería nuestra sentencia de muerte. Ya de por sí tenía varios motivos para que Ravenna me odie como para agregar uno más a la lista.

Y eso sin contar con la poca o nula aprobación que tengo de los miembros del consejo. Me repitieron que me alejara de él, pero hice todo lo contrario y ahora está muerto. Definitivamente no deben saber que estuve ahí.

A quien sí les tenía que contar lo ocurrido eran a las chicas. Lo primero que ocurrió fue una avalancha de ataques contra mí. ¿Por qué había ido solo?, ¿por qué no les dije nada?, no me podía mandar yo solo y que somos una familia que se apoya: fueron los reclamos que me lanzaron.

Reconduje la conversación hacia una lluvia de ideas de cómo podía descubrir la identidad de la bruja o hechicero. Fernanda propuso analizar la conducta de todos a los que conocemos para ver quién actúa raro. La descartamos, porque tomaría demasiado tiempo, lo cual no teníamos.

Daniela sugirió analizar mejor la situación, con cabeza fría, para dar con los posibles motivos por los cuales alguien quisiera hacernos daño. La descarté de plano, porque eso mismo trato de hacer desde el día uno.

—Era más sencillo cuando a quién buscábamos era a un cazador, no a una bruja —soltó Daniela dándose por vencida.

—Si se les ocurre algo, por favor avísenme. Me voy a mi cuarto. Me siento exhausto.

—Esto está consumiéndote —comentó Fernanda con mirada compasiva—. Ve, te avisaremos si se nos ocurre algo.

Asentí con una mirada de agradecimiento y salí rumbo a mi cama, pensando en que el enemigo ya no estaba afuera, sino estaba sentado en nuestra mesa.

Pero ni en mi cuarto pude descansar, pues el rubio me estaba esperando.

—¿Cómo te fue? —preguntó con una energía propia de los Golden retriever. Cansado y recostándome en mi cama le conté el incidente en el Zancay—. ¡Mierda! —exclamó—. Pe… pero te dijo algo más —negué—. Rayos. Lo siento mucho, pensé que funcionaría.

—No eres el único que lo pensó —contesté suspirando—. Vuelvo a donde comencé: a no saber nada. Daría lo que fuera por conocer la identidad de la bruja o hechicero detrás de todo esto.

La habitación se llenó de un silencio a penas cómodo. Lo único que podía escuchar eras mis pensamientos. Incluso la respiración de Erick cesó por varios segundos. No lo escuchaba.

—Hay algo que quizás puedas hacer —el rubio rompió el silencio—. Pero no te gustará.

—¿Qué puedo hacer?, ¿preguntarle a tu mamá? —respondí viendo el techo de mi cuarto.

El rubio exhaló profundo y continuó.

—Creo que debería hablar con tu antiguo director, ¿cómo se llamaba?, ¿Harvey?

Al escuchar su nombre otra vez saliendo de sus labios me paré de la cama como resorte. El rubio abrió los ojos grandemente al ver mi rostro descomponiéndose.

—¿Cómo se te ocurre sugerir algo así?, ¿estás loco o qué? —reclamé con los ojos saltones y caminando hacia él—. Ese sujeto es la razón de todo el sufrimiento con el que he lidiado en los últimos años. Y sugieres que hable con él. No, por supuesto que no, Erick.

—Vamos, no te estoy pidiendo que lo perdones o algo por el estilo, solo que lo busques.

—Por supuesto que no —respondí cruzándome de brazos y dándole la espalda.

Erick se puso de pie y se paró delante de mí.

—Solo necesitas usarlo y ya. Eso es todo.

—No voy a bajar al infierno a pedirle consejos a un asesino —grité exasperado.

—No es un consejo, es información lo que le vas a exigir —lo miré molesto y caminé hacia la salida. Abrí la puerta para irme, pero él la cerró con sus poderes—. Por favor, no hagas esto.

—¿Hacer qué? —pregunté sintiendo un calor en mi pecho.

—Molestarte conmigo. Lo encuentro intolerable —confesó con la mirada apagada.

—Lo que me pides es imposible de hacer para mí —hablé dando un paso hacia él.

—No es imposible, solo… es complejo.

—¿Complejo? —repetí con ironía—. ¿Visitarías al asesino de tu madre solo para obtener información de uno de los involucrados?

—Tu pregunta es tonta —lo miré frunciendo el ceño—. Me daría asco, sí. Pero lo haría con tal de encontrar a las otras personas que participaron para traer justicia a mi familia. Eso haría.

Me llevé ambas manos a la nuca, jalé de mi cabello levemente y volví la mirada hacia él.




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