Abril 07, 2019
LUIS ÁNGEL POV:
Abrí apenas un ojo. La luz que se filtraba entre las ramas me molestó. Me restregué la vista y entonces sentí un peso sobre mi lado izquierdo.
Giré la cabeza. Erick dormía con la cabeza apoyada en mi regazo. Su respiración era tranquila, y su cabello dorado me tentó a acariciarlo. Lo hice.
En cuanto lo toqué, los recuerdos de la noche anterior volvieron de golpe: la aparición de la bruja, la huida, la cueva, el beso. Los besos.
Erick se removió y se incorporó de golpe, alerta. Cuando vio que era yo, se relajó. Me sonrió apenas y se inclinó para besarme, pero interpuse la mano entre los dos.
—No me lavé los dientes —murmuré. Él negó con la cabeza.
—No me importa —apartó mi mano y dejó un beso suave en mis labios. Sonreí contra sus labios y, cuando me aparté, él soltó el aire—. ¿Todo bien?
—No… sí —me corregí apenas—. Es que… este asunto de la bruja me tiene…
—Jodido —me interrumpió. Asentí apenas—. Lo sé. Lo noto. Pero me tienes a mí, ahora más que nunca —respondió uniendo nuestras manos.
—Hay que irnos de aquí. ¿Puedes caminar?
—Sí. Ya me siento mejor. Aunque… creo que necesito otro beso más para recobrar fuerzas
Lo golpeé despacio en el hombro mientras negaba riendo.
—No te acostumbres a ellos —le dije mientras me paraba. Erick se puso de pie después, me tomó del rostro y me besó de nuevo.
—Yo creo que sí.
Asomé mi cabeza por la salida, tanteando el terreno, pero no había señal de nadie Salimos de la cueva sin bajar la guardia. Caminamos durante varios minutos entre árboles retorcidos y raíces húmedas hasta que sentí una corriente recorriéndome las manos.
Miré a Erick. El chico giró su mano y la vegetación se inclinó hacia él. Habíamos salido de la zona virgen que la bruja creó. Lo tomé de la mano y nos teletransporté al palacio, justo en medio de una reunión de guardias.
Todos giraron al vernos. Algunos sorprendidos, otros aliviados por vernos. Hunter corrió hacia su amigo y lo abrazó.
—¿En dónde se habían metido los dos? Llevamos horas buscándolos.
—Si te contara —le respondió su amigo.
—Necesita ir a la enfermería a que lo revisen —dije.
—Tú también debes ir —me dijo Tania al ver las heridas en mis manos y rostro—. ¿Contra qué te enfrentaste esta vez?, ¿una turba de aldeanos molestos? —bromeó la pelirroja.
—Si te contara —le respondí.
Nos llevaron a Erick y a mí a la enfermería. Las enfermeras curaron nuestras heridas. El rubio no dejaba de analizar cada movimiento que hacían ellas.
La puerta se abrió de golpe y entró Ravenna. Caminó con paso firme hacia Erick
—¿En dónde te habías metido? —lo regañó con tono severo—. Llevan buscándote toda la noche.
—Lo siento mamá, es que…
—Nos desorientamos un poco —contesté. Ravenna reparó en mi presencia.
—¿En serio? Me dijeron que escucharon explosiones.
—Apareció otro animal salvaje —inventé—. Peleamos contra él y caímos dentro de una zona virgen. Nos ocultamos toda la noche hasta que se fuera —Erick rodaba los ojos, no estaba de acuerdo con que le mintiera a su madre.
—¿Es eso cierto Erick? —le preguntó escudriñándolo con la mirada.
—Sí mamá. Eso pasó.
Ravenna nos miraba a los dos, con las manos apoyadas en la cadera. Negó con la cabeza y luego salió de la enfermería, no sin antes decirle a Erick que lo quería ver después en su oficina.
—¿Por qué le mentiste? —me regañó ahora el rubio.
—No le mentí exactamente. Le dije que peleamos y nos ocultamos, solo cambié al sujeto.
—Mi mamá no es la bruja traidora
No quise ver a Erick, pues me resultaba molesto tener esta conversación conspiranoica con él sobre su madre.
Me paré de la camilla y salí de la enfermería, ignorando las llamadas de Erick.
No avancé mucho antes de cruzarme con Fernanda, Daniela y Patricia, que venían prácticamente corriendo hacia mí.
Daniela fue la primera en envolverme en un abrazo.
—Nos enteramos recién de lo que te pasó. ¿Cómo te encuentras? —me preguntó.
—Bueno, es una larga historia.
Les conté a las tres mi encuentro cercano con la bruja. A Patricia también tuve que contarle. No sentía que fuera una amenaza o una infiltrada. Para ser franco, se había ganado mi confianza desde hace tiempo.
—Wow —exclamó la chica—. Todo este tiempo estuve durmiendo con el blanco de alguien más. Asombroso —remató para desconcierto de nosotros.
—No es tan asombroso si te pasas luchando la mayor parte del tiempo —señalé.
Patricia se llevó una mano al mentón y se puso a pensar.
—Entonces, para recapitular, ¿piensas que la traidora puede ser Berta de Osma o Ravenna? —asentí—. ¿Y alguna de las dos se te apareció ayer en la noche y te llevó hacia una zona virgen para eliminarte? —asentí—. ¿Y terminaste encerrado en una cueva junto con Erick? —miré hacia otro lado mientras afirmaba—. Y dime, ¿se besaron antes o después de terminar en la cueva?