Artes Prohibidas 2: El Ascenso

Capítulo 34. Nerissa

Abril 08, 2019

LUIS ÁNGEL POV:

Los párpados me pesaban. El cuello me dolía como si hubiera estado doblado durante horas. Intenté mover las manos, pero estaban sujetas.

Mi vista estaba borrosa, y aunque no estuviera así, igual no podía ver mucho, pues estaba a oscuras. No sabía si era de día o de noche, ni por cuánto tiempo estuve inconsciente.

Olía a humedad y a madera y podía sentir el polvo entrando por mi nariz.

Intenté moverme, pero mis muslos estaban atados con una cuerda a la base en donde estaba sentado. Quise teletransportarme, pero no me moví.

—Quintaesencia —susurré a la nada y tampoco obtuve respuestas.

—No funcionará —respondió alguien en las sombras, alargando el final de la palabra.

Mi pulso se alteró al oír su voz.

Caminó de forma calmada y erguida, con la cabeza en alto. Como si fuera superior.

Intenté moverme en mi lugar, prender mis puños en llamas, pero mi magia no funcionaba.

—Deja de intentarlo. Ya sabes el porqué no funcionará.

Bufé resignado.

—Me cago en sus putas zonas vírgenes —contesté. Luego grité de frustración hasta que mi voz dolió—. ¿Dónde estoy?

—¿Ya no reconoces este lugar? Entiendo que te pueda parecer distinto a como lo dejaste, pero la esencia… —olfateó de forma exagerada por la nariz— es la misma.

Fruncí el ceño. Forcé la vista, pero no distinguía el lugar.

—No sé de qué estás hablando.

Nerissa soltó una risa baja, casi decepcionada.

—Yo creo que sí. Solo que todavía no quieres recordarlo.

Dio un paso más. Entonces pude verle el rostro. Sereno. Demasiado sereno.

Tragué saliva.

Chasqueó los dedos y las luces se encendieron.

La vieja cama, los muebles antiguos. La ventana cerrada que ocultaba un balcón. Y claro, el techo abovedado.

Cerré los ojos para contenerme. Estaba en la torre del reloj de mi antigua escuela, en Saint Peter.

El lugar que vio mis inicios, mis alegrías y mis penas.

Reí por lo bajo, para ocultar un temblor en mi voz.

—Debo reconocer tu creatividad. Ni en mi peor pesadilla hubiera imaginado volver aquí.

—Por eso mismo te traje, porque es el lugar menos pensado para buscarte.

Este pequeño intercambio me dio a entender que tenía esto planeado desde hace bastante tiempo.

—Entonces, todo este tiempo siempre fuiste tú. Ayudaste a los cazadores a ubicarme. Gracias a ti, mis amigas fueron cazadas. Por ti es que perdí a mis seres queridos —el temblor había dado paso a dureza en mi voz.

—Para serte sincera, te hice difícil el trabajo de encontrarme. —hablaba mientras rodeaba la silla en donde me puso—. Pero, tu desconfianza hacia la autoridad, tu reciente encuentro con el líder de los cazadores que te dejó traumado de por vida y tu egocentrismo camuflado de mártir… Todo eso me hizo fácil hacerte creer que el monstruo era otra persona. En eso sí fuiste muy manipulable.

Se burlaba de lo fácil que fue guiar mis sospechas hacia Ravenna.

—Necesitaba que miraras a la mujer correcta… pero por la razón equivocada —agregó, parada frente a mí.

—¿Qué quieres de mí? —mi voz sonaba firme—. ¿Por qué armar todo este espectáculo con los cazadores para matarme?

Nerissa suspiró, ya no se notaba calmada. Tragó saliva. Su mirada divagaba, seguro estaba ordenando sus palabras.

—Este sistema es tan frágil que… en cualquier momento puede caer si la persona correcta no está al mando.

—¿Te refieres a Ravenna?

Ella asintió.

—Mi prima ha sido una excelente Eterna —estaba hablando en tiempo pasado, como si ya no existiera Ravenna—. En lo que va de su reinado, prolongó un modelo estable. Castigó cuando debía castigar. Cedió cuando convenía ceder. Sin duda supo mantener el sistema vivo.

—No sé qué tiene que ver su preciado frágil sistema y Ravenna conmigo.

—Tan impaciente, como siempre —dijo—. Pero tienes razón. ¿Qué tiene que ver Ravenna contigo? Y la respuesta no es tan obvia. ¿Que qué quiero? Busco perpetuar el legado de Ravenna, quiero que sus acciones continúen cuando ya no esté. Que su legado de firmeza y constancia perduren.

—¿Yo que tengo que ver con ese legado?

Nerissa sonrió, como si hubiera escuchado un chiste blanco.

—Tú eres una pieza clave en ese legado que busco perpetuar —fruncí el ceño. No entendía nada—. Eliminarte, asegurará que el legado dure.

—Eliminarme, ¿por qué? Déjate de rodeos y habla claro.

—Está bien, aquí va la verdad —soltó cambiando el tono—. Tú serás quien herede el trono de Ravenna —confesó—. Tú serás el próximo Eterno de este aquelarre.

El silencio se apoderó del ambiente. Solo se escuchaban nuestras respiraciones por largos segundos.




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