Abril 10, 2019
LUIS ÁNGEL POV:
La luz apenas se asomaba por la ventana. El cielo recién comenzaba a aclararse, aunque las pinceladas de neblina auguraban un clima cambiante.
Tocaron la puerta dos veces seguidas. No esperaron respuesta e ingresaron.
Achiqué los ojos para ver mejor quién era. Un hombre alto y corpulento vistiendo traje caminó hacia mi cama. Hizo una reverencia y habló:
—Buenos días, señor. La Eterna me mandó a buscarlo. Lo está esperando en el comedor.
Asentí, diciéndole que bajaba en unos minutos. El hombre asintió con la cabeza y se marchó.
Suspiré cansado y haciendo un gran esfuerzo me senté en el borde de la cama. El reloj que estaba en la mesita de noche marcaba las 6:05 AM.
—Vamos, tú puedes —me decía a mí mismo mientras veía la punta de mis pies.
Me paré y fui al baño a lavarme la cara. A través del espejo vi a un joven que no sabía a lo que se enfrentaba. Uno que todavía no estaba listo. Mientras las gotas caían por mis ojos hinchados y mi piel seca, boté todo el aire que tenía adentro me dije a mí mismo que sí podía.
Abrí una de las maletas que trajeron las chicas. En ella encontré mi uniforme de la guardia de Oridia. Me lo puse, ya que no sabía con precisión qué me esperaba.
Bajé al comedor y me encontré con Ravenna, sentada a la cabecera y Erick, sentado en uno de los laterales.
—Buenos días —dijo Ravenna.
—Hola a todos —saludé.
Erick me sonrió y me indicó para sentarme a su lado. Me senté en la silla contigua. De inmediato, tres personas entraron al comedor con platos en sus manos. Los dejaron en la mesa y se retiraron.
Jugos de frutas, frutas picadas y unos huevos fritos con avena en un platillo.
—Un desayuno ligero, pero contundente —comentó el rubio.
Ravenna y Erick comieron. Yo apenas toqué la fruta y bebí el jugo.
—Debes comer la avena —me dijo Ravenna—. Tiene proteína. Lo necesitarás hoy.
—No me gusta.
Ravenna suspiró dejando caer su cuchara en el plato.
—En esta vida hay cosas que no nos gusta hacer, pero aun así tenemos que hacerlo, porque es nuestro deber.
—No veo por dónde no comer avena vaya en contra del deber.
Ravenna frunció levemente el entrecejo.
—Todo lo que hagas a partir de ahora estará en escrutinio. Lo que comas. Lo que rechaces. A quién saludes. A quién ignores. Serás el centro de atención, porque serás el siguiente Eterno. Así que te recomiendo hacer las cosas no pensando en ti, sino en lo mejor para los demás.
—Casi nunca pienso en mí. Siempre termino pensando en lo que necesitan los demás. Eso lo tengo claro —señalé. Erick se removió en su sitio, estaba comenzando a incomodarse—. También tengo claro que no me gusta la avena y por eso no la comeré. Nadie me odiará por eso.
Erick se giró a verme, abriendo los ojos, como intentando decirme que me detuviera.
—Perdón. No fue mi intención ponerme tan intenso.
Y aunque Ravenna relajó sus facciones, con voz severa dijo:
—Comes lo que quieras. Solo no malogres el entrenamiento de hoy.
Asentí varias veces y terminé de comer las frutas.
Después del desayuno, Ravenna me condujo a través de la residencia hacia el estudio.
Una amplia habitación, cuyas paredes estaban adornadas por cuadros de mujeres y pocos hombres. El piso de parquet contrastaba con el blanco escritorio de madera en el que se sentó Ravenna.
Fruncí el ceño. Pensé que iríamos al jardín o a alguna habitación acondicionada para el entrenamiento.
—A juzgar por tu cara, pensaste que iríamos directo a la pelea, ¿no es así?
—¿No lo haremos?
—Cuando llegue el momento —dijo atrayendo un libro a su mano—. Pero ahora iniciaremos con la parte más divertida para ti —levantó el libro apenas unos centímetros—. Las reglas.
—Las reglas —repetí con voz desilusionada. Ravenna asintió.
—Tengo entendido por tus maestros que no te ha ido bien en las materias desde que llegaste —balanceé mi cabeza de un lado a otro—. Tengo mucho trabajo contigo y poco tiempo para enseñarte despacio. Comencemos.
Durante las siguientes horas, Ravenna se concentró en enseñarme todo acerca de qué es una Eterna. Desde los conceptos fundamentales, hasta lo que puede y no puede o debe hacer.
Repasó acerca del equilibrio que representa la Eterna dentro del mundo. Sobre los deberes que tiene para con la sociedad, pues las decisiones que adopte junto con el Consejo afectarán la vida de familias enteras, no solo individuos.
También me habló acerca de las zonas mágicas. Dijo que eran seis en total, una por cada continente: Europa, África, Asia, Oceanía, América del Norte y América del Sur. Cada uno dominado por una Eterna.
—¿Entonces, no hay una sola Eterna para todo el mundo?