Artes Prohibidas 2: El Ascenso

Capítulo 39. Heredar las ruinas

Abril 22, 2019

LUIS ÁNGEL POV:

Volvimos más rápido que apurados a la capital.

Ravenna no estaba del todo bien como había dejado entrever a las pocas personas que nos vieron antes de partir de Georgetown.

Lucía cansada. Se movía de forma lenta. Sus brazos le pesaban y de rato en rato se quedaba dormida de improviso.

El carro nos dejó en la puerta de la residencia. Uno de los guardias le ofreció la mano a Ravenna para ayudarla a bajar.

Ella dudó un segundo antes de aceptarla.

El mismo guardia tocó la puerta. Nada.

Volvió a tocar, esta vez con más fuerza, pero no obtuvo respuesta.

Ravenna y yo intercambiamos miradas.

La puerta finalmente se abrió apenas lo suficiente para que un empleado asomara el rostro. Su mirada fue directa al guardia… y luego se congeló al reconocer a Ravenna.

Balbuceó poco antes de hablar.

—Lo-lo siento, pero ya no puede ingresar —soltó. Sentí algo apretarse en mi pecho.

Ravenna le increpó sin elevar la voz, pero con un tono cargado. El chico pegó un pequeño brinco, pero volvió a insistir que no nos podía dejar entrar, que eran órdenes que se les dio a todos.

—¿Y quién dio esa orden? —preguntó molesta Ravenna.

—El Consejo —se oyó una voz detrás del empleado. El señor De la Piedra abrió la puerta y con un gesto le ordenó al chico que se alejara—. Fue un acuerdo del Consejo no dejarte entrar —continuó De la Piedra. Ravenna exhaló profundo y antes de contestar De la Piedra habló—. Pero es obvio que no seguiré esa orden —dijo terminando con una sonrisa.

Le abrió los brazos a Ravenna y nos indicó que entremos.

—Sabía que no podrían convencerte —De la Piedra se llevó una mano a la cabeza.

—Estaban a punto de hacerlo —confesó en son de burla—. Pero hubiera sido descabellado darte la contra.

Entramos a la residencia, ahora tomada bajo el control del Consejo, como nos informó De la Piedra.

Según él el Consejo no tomó bien el hecho de que Ravenna me haya proclamado como el siguiente Eterno ante la Confederación. Por eso decidieron actuar y vetar a Ravenna de todos lados.

—Incluso en Oridia no eres bienvenida —añadió De la Piedra.

—Está bien, sabía que esto podría pasar —le contestó ella—. Pero es por un bien mayor —terminó lanzándome una mirada abierta.

—Ravenna. Sé que te dije que podías entrar, pero…

—Ya no sigas. Hay ojos por doquier —completó. De la Piedra asintió.

—Puedes pasar la noche aquí, pero si estás planeando hacer algo más…político —susurró—, te sugiero que lo hagas en otro lugar.

—Eso me temía —contestó la mayor bajando la voz.

—Yo sé a donde podríamos ir —hablé, iluminando mi rostro. Los mayores me preguntaron en dónde.

Abril 23, 2019

En cuanto pusimos un pie en mi antigua casa, todos los recuerdos de mi adolescencia me golpearon uno tras otro.

El interior estaba polvoriento. No había luz ni agua. Había platos sobre la mesa del comedor a medio comer, ya podridos.

Sus antiguos ocupantes salieron de un momento a otro. Esa era la impresión que daba.

—Manos a la obra —dijo Ravenna.

Nos tomó toda la mañana devolverle algo de dignidad a lo que alguna vez fue mi casa. Limpiamos, barrimos, trapeamos y acomodamos todo en su sitio.

Bueno, yo hice la mayor parte. Ravenna solo se dedicó a decirme en donde limpiar.

Al asomarse la tarde, Ravenna me sentó en el comedor. Dijo que la lección de hoy era sobre políticas y decisiones.

—Un distrito humano de la capital ha descubierto actividad mágica —continuó—. No tienen pruebas, pero están muy cerca. Y si eso ocurre pues…

—Entonces lo detenemos —respondí de inmediato. Ella preguntó cómo—. Borramos recuerdos, intimidamos, lo que sea necesario…

—¿A todos? —me quedé en silencio—. Son cientos. Tal vez miles.

Tragué saliva.

—Entonces a los líderes —dije—. A quienes están organizando todo.

Ravenna inclinó apenas la cabeza.

—Tienes dos opciones —dijo con calma, alzando un dedo—. Uno: borras recuerdos de forma masiva, pero fallas en al menos 20% de los casos. El rumor persiste. Se expande y en semanas tienes a humanos organizándose contra lo que no entienden —alzó otro dedo—. Dos: eliminas el foco, de forma rápida y silenciosa.

Sentí un nudo en el estómago.

—Eso no es gobernar. Eso es…

—Sobrevivir —cortó ella.

Negué con la cabeza.

—Tiene que haber otra forma.

—Dímela —Ravenna me sostuvo la mirada.

Abrí la boca. Nada salió. Intenté buscar algo. Cualquier cosa.




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