Artes Prohibidas 2: El Ascenso

Capítulo 40. La capital arde

Abril 25, 2019

LUIS ÁNGEL POV:

—El descontento en las calles se empieza a intensificar —narraba la conductora de noticias—. La sorpresiva destitución del presidente Eugenio Aliaga, sumado al accionar del Congreso de la República, desencadenó protestas callejeras contra lo que algunos consideran una toma del poder por parte de la oposición.

La imagen cambió del estudio a una vista aérea de la ciudad.

Cientos de personas con pancartas en la mano, con mensajes de “Abajo el Congreso”, “Fuera Martinez” y “Martinez no es mi presidente”.

Cambié a otro canal. Otra periodista. Otro ángulo. Otra multitud. La misma historia.

—Algunos líderes políticos califican la destitución como un golpe de estado, mientras que las redes sociales vislumbran el descontento popular…

La imagen mostraba a una mujer con un megáfono y una mascarilla para ocultar su identidad. Estaba arengando a las masas, llamando a la insurgencia, a su derecho a protestar y a no ser reprimidos.

Apagué el televisor.

Me apreté fuerte el pecho con la mano para calmar esa sensación fría y dura que acorralaba mi corazón.

No era miedo. Era reconocimiento.

Abril 26, 2019

—El presidente interino Manuel Martinez instó a la calma a los ciudadanos que se están congregando en las plazas a protestar —comentaba la periodista.

La televisión mostraba su salida del Palacio de Gobierno. Rodeado de policías. Blindado. Protegido.

—Unidad. Tranquilidad. Tenemos que mirar hacia adelante. Resolver esto juntos —se escuchaba decir al presidente.

Era una mentira. Ya era demasiado tarde.

Algunos comentaristas hablaban de una marcha masiva esta noche. Asistirían políticos, artistas y diversas personalidades que rechazan la asunción del nuevo jefe de estado.

Otros hablaban del aumento del despliegue policial en las calles para preservar el orden y la tranquilidad.

Algo se estaba acumulando.

Como presión antes de una explosión.

Abril 27, 2019

La noticia de la marcha de ayer en la noche llegó a todos los medios de comunicación internacional, quienes catalogaban que lo que ocurría en el país no tenía precedentes en nuestra historia.

—Se agrava la crisis social y política —decía la conductora del medio internacional—. Las fuerzas de seguridad han vuelto a reprimir las manifestaciones contra el presidente interino Manuel Martinez. Dos personas han muerto, hay decenas de heridos y al menos cincuenta desaparecidos.

Las imágenes eran peores. Gente corriendo, gases lacrimógenos, personas cayendo. Gritos.

Sentía pena por las familias. Por los heridos. Por los inocentes atrapados en medio de todo esto. En medio de un escenario que alguien había estado preparando.

Pero no era eso lo que me helaba la sangre, sino lo que vi después.

Una bola de fuego apareció de la nada y estalló contra una línea de policías. El reportero gritó. La cámara cayó al suelo y la transmisión se cortó.

Tragué saliva. Ya no había duda.

—Señor —dijo una voz. Un guardia había entrado sin que lo notara. Hizo una reverencia leve—. Tiene visitas.

Se hizo a un lado y ellas entraron.

No lo pensé, me paré del sofá y las abracé con fuerza.

Daniela, Fernanda y Patricia me devolvieron el gesto con la misma intensidad.

Tenía semanas sin verlas.

—¿Qué hacen aquí? —pregunté separándome apenas.

—Vinimos a ver cómo estabas —respondió Daniela. Me revolvió el cabello y me sonrió.

—¿Cómo está Ravenna? —preguntó Patricia. Negué con la cabeza.

—Está débil. Su fuerza se le está yendo demasiado rápido.

Patricia movió la cabeza levemente.

—Es porque su poder está siendo drenado hacia… —se detuvo. No hacía falta que completara la idea. Su mirada viajó de mí hacia las noticias—. Es un caos allá afuera.

—También por allá —respondí—. ¿Saben algo del Consejo?, ¿de Nerissa?, ¿de Oridia?

Se miraron entre ellas antes de responder. Era una mala señal.

—El palacio está igual —dijo Patricia—. O peor. Los profesores ya no obedecen. Nadie confía en nadie.

—Algunos leales a Ravenna se fueron —añadió Fernanda—. Otros solo están esperando a ver quién gana.

—Y otros ya eligieron —remató Daniela—. Están con Nerissa.

Sentí otra vez el apretón en mi pecho.

—Lukas desapareció —dijo Patricia—. Lo más probable es que esté con Nerissa, porque con su madre no está —claro—. Silvana sigue en el palacio —continuó—. Tratando de adaptarse… como muchos —hizo una pausa—. Pero la otra parte ya está tomando posición —dijo refiriéndose a Nerissa—. La ven como la permanencia del status quo —remató Patricia.




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