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Escuché las tablas de madera crujir, abrí los ojos casi con un pequeño brinco ues aún no estaba acostumbrada al lugar que me rodeaba. La ventana estaba cubierta con la cortina y en el cuarto ya no había ninguna lámpara encendida.
Me senté en la cama tallando mi rostro, no era necesario que viera el reloj. En los últimos dias me despertaba con poco a las cuatro de la mañana, por más de que me acostara tarde mi cuerpo reaccionaba solo a esta hora, Así fuera una o dos horas las que descansará ni siquiera en el día era capaz de pegar el ojo.
Di un suspiro y puse mis pies en el suelo, todavía me costaba creer que cada sensación era real y no un sueño loco que tenía. Escuché el click de la puerta principal, aquello llamo mi atención era común que yo me despertara pero era la primera vez que escuchaba que no era la única.
Me puse de pie tome una sábana de la cama y me la enrede como una capa saliendo de la habitación. Cruce el pasillo viendo que también estaba obscuro al igual que el comedor y la sala, camine hasta la entrada de la casa-cabaña escuchando como algo se mecía suavemente.
Tome la manija y por curiosidad abrí la puerta y empuje el mosquitero de la entrada, en una esquina ahí estaba la mujer que me había acogido días atrás, dos semanas atrás.
—¿Te desperté?— estaba en aquella mesedora con un cojín verde, cubriéndose las piernas con una manta y fumando de una pipa con las lámparas encendidas— No te preocupes puedes volver a la cama.
—¿Por qué estás despierta?— pregunté aquello tomando asiento en la mecedora de aún lado y notando la taza de café en la mesita a su lado— ¿Te sientes mal?
—Quizas— dijo aquello sin mirarme— Pero no te asustes, no va a ser necesario que hagas algo
Ella llevo una de sus manos a la mía aunque estaba en mi pierna y dió ligeras palmaditas, solo hizo aquello y volvió a ver al horizonte como si esperara...algo.
Su mirada reflejaba tristeza y cansancio, pensé que aquellos rasgos eran parte de su físico pero después me di cuenta de que no era así.
Clauris Anrres era el nombre de la mujer que me había encontrado en una esquina de la calle, aquella mujer robusta de cabello largo ya cubierto de ligeras canas y que me ofreció más que un simple té y un cambio de ropa, tenía apenas 37 años pero se veía que había vivido mas que eso
—Ve a la cama, no es necesario que me acompañes— hablo interrumpiendo el silencio que teníamos.
—Parece que vas a estar un largo rato aquí—me recargue mejor en el respaldo de mi lugar y me cubrir mejor— Yo tampoco he podido dormir.
—Me he dado cuenta, cada dia te vez más cansada.
—Creia que sería fácil dormir, siempre fui de sueño pesado.
Clauris asintió tomo un poco de la pipa que tenía en la mano y tras unos segundos la saco, con los días me di cuenta que este lugar no era mi hogar.
El clima siempre era cálido, a menos que me mojara como el día que llegué, el cielo tenía una luna con una forma como si fueran tres en una sola, además de la cantidad de estrellas que salpicaban el cielo casi no era necesario realmente tener tanta iluminación por ello solo existían lámparas.
—¿Quieres que te ayude con algo de tus libros? ambas tenemos tiempo.
—Creo que me falta mucho por entender varios signos— suspiré y cerré los ojos, la escritura y la lectura de este lugar me estaba costando un reverendo esfuerzo.
—Puedo conseguir otro libro en el mercado para eso, aunque es infantil— Clauris dió una ligera risa
—Los que me has dado son infantiles, lo cual no entiendo por que los tienes.
—Como te has dado cuenta de por sí tengo muchos libros.
Y era cierto, Clauris poseía un cuarto repleto de libros un total de seis repisas llenas por cada mueble que eran cinco, tenía de todo historia, cultura, cocina e incluso medicina ella misma me había dicho que podía entrar sin problemas a aquel cuarto.
Pero todo eso no tenía sentido si no sabía leer, Clauris se quedó pasmada cuando le dije que no entendía nada de los textos y de una caja en un rincón saco libros pequeños. Cómo si fuera de cuentos infantiles y me los dió.
Infantiles si que eran, pero para aprender a leer y escribir, lo tome sin problema eso y los pocos libros que parecían traer texto que si entendía cómo el del grabado de roca del pueblo.
El pueblo de Amarat, si era su nombre. Clauris me dijo que aquel texto era uno por llamarlo así universal pero que cada territorio tenía su propia escritura para evitar conflictos
La que tenía que aprender en este momento era del territorio del reino de Nagia, por qué fue otra cosa que aprendí en estos días. Estaba en un mundo con jerarquía.
—Aun te quiero dar gracias— dije aquello jugando con las pelusas de la sabana que me envolvía— Por creerme.
—No es difícil de creer, además eres una niña...ayudarte era lo indicado
—¿No crees que estoy loca o que me di un golpe en la cabeza?
—Bueno, de que tienes unos ligeros golpes los tienes pero...no es razón suficiente para creer que estes loca...o seas un fenómeno.
Asentí solamente ante sus palabras, me extraño que me creyera, no dudará de cómo le conté como caí, al describir de dónde venía y a todo lo demás...que no sabía que hacer. Clauris me ofreció refugio sin dudar, me dió una cama, ropa que no fuera sospechosa en el pueblo y comida.
Ambas decidimos no presionar el saber por qué estaba yo ahí, pero que ella buscaría la razón o forma por la que había llegado y como yo no tenía alguna alternativa me brindo la opción de estudiar el reino...aunque no íbamos muy bien con eso.
—Por cierto— hablo dejando la pipa y tomando una taza— deberás aún quedarte aquí, hoy en el mercado escuché el rumor de la "forastera" de nuevo. Discúlpame.
—Esta bien...— dije aquello con ligera preocupación— no tuve cuidado y no quiero darte problemas.
—Problemas no me das y cuidado no ibas a tener por qué obviamente estabas desorientada, no has hecho nada mal.