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—Se tiene un estimado de 100 personas por aldea, las 35 han mandado ya sus listas de participantes en la cosecha, estamos a la espera del día para confirmar las cifras.
El pliego de papel era mediano y el hombre canoso seguía leyendo su contenido, no desvíe la mirada en ningun momento y aún así no le prestaba atención. Me enfoque en el pilar de mármol detrás de él, era más eficaz contar eso que escuchar al hombre.
—¿Desea su majestad algo más? — al terminar de leer comenzó a enrollar el papel
—Agradezco su reporte de hoy, puede retirarse.
Mi padre lo despidió con un gesto de su mano, apenas la sala quedó en silencio unos segundos cuando otra persona tomo lugar para desdoblar otro tedioso papel.
Mi padre procuraba escuchar la mayoría de las novedades, peticiones o incidentes día tras día. Esto podía llevar poco o mucho tiempo pero si había algo que llamara su atención lo tomaba directamente el resto lo derivaba a miembros de la corte
Por unos segundos desvíe la mirada al asiento al lado derecho de mi padre que estaba vacío, Rulli se había ausentado de estos días de informe cuando comenzó a faltar 15 dias previos para la cosecha, el rey no le negaba la entrada al bosque arcano cercano a nosotros aunque eso no fuera necesario debido a nuestro linaje, se justificaba para que Rulli se rodeará de personas influyentes para su futuro reino.
Mientras que a mí me venía sin cuidado, nunca me hizo falta entrar a uno.
Decían que, yo no era el indicado para hacerlo.
La sala nuevamente se quedó en silencio, regrese mi atención a la puerta principal la fila de personas había llegado a su fin y comenzaban a salir en un orden pulcro sin murmullos, las puertas se abrieron y cerraron con ayuda de los guardias. En aquel salón blanco solo quedamos el rey, su corte y yo.
—Pasemos a atender los asuntos de preocupación.
El rey se puso de pie y señalo delante de él, miembros de la corte se formaron y dando una reverencia pasaron a invocar la mesa del mismo suelo de mármol una mesa rectangular junto con las sillas, mi padre bajo los 10 escalones del trono para indicarles a todos que tomaran asiento, una vez las 25 personas que formaban la corte lo hicieron. El rey tomo su lugar
—Su alteza— Uno de ellos llamo a mi padre con respeto— Hasta que nos de la indicación comenzamos.
Aquello era una oración con respeto y devoción aún así los años me habían enseñado que eso solo era una mentira, realmente daban a entender que si mi padre no me despedía ellos no compartirían palabra alguna sobre el reino.
Me puse de pie acomodando la ropa y quitando el polvo inexistente de la misma.
—Mi rey— me incline levemente— Me retiro al jardín.
—No, te quedas— Me quedé quieto al escuchar la orden de Adkiel— Como sabrán, un príncipe siempre debe estar presente en estás reuniones de la corte.
—Majestad— Una mujer se levantó para hablar por la corte— El principe que debe de estar aquí es el heredero.
Reprimi la burla que quiso salir de mis labios e incluso las ganas de mirarla con incredulidad a cambio me incorpore con orgullo y mire la espalda de mi padre con aquella corona color plata.
—Como saben el príncipe Rulli está en entrenamiento, Elic se queda.
La mujer asintió dando la razón para tomar su lugar, me quedé de pie observando desde el lugar del trono, los murmullos comenzaron entre los pilares de la sala. Quizás los miembros de la corte no decían nada, pero los guardias al rededor lo hacían por ellos.
Sacaron aquellos temas que tanto preocupaban para el futuro del reino, cosas como la cantidad de soldados que teníamos, una cantidad que había desertado por las exigencias de ser un Lidoriense, las amenazas y relaciones diplomáticas tensas que teníamos con los reinos vecinos. Y sobre todo la facilidad con la que varios invernaderos Grago estaban siendo encontrados de forma clandestina.
Siempre era lo mismo, perseguían la cola del problema y terminaban dando solo círculos, de los días que había estado no habían logrado nada como los inútiles que eran.
Pase saliva tratando de evitar llamarlos ineptos y me di media vuelta, cruce mis brazos a mi espalda notando el paisaje.
Había un ventanal lo suficientemente grande por escasos metros se mantenía separado del techo y del suelo. Del otro lado estaba el inicio de todo.
El árbol arcano padre, tan grande casi como el castillo, con los siglos sobre el, nuestro punto de origen y el dueño de nuestras vidas antes de si quiera tenerlas, las runas brillaban con cinismo siendo la mayor iluminación del salón, las avsas y los brigis subian y bajaban entre sus ramas ocultándose entre las hojas.
Nuestro linaje estaba unido a eso, o eso nos decían cuando éramos niños.
Por unos segundos me sentí distraído, hasta que la luz se reflejo en mi vestimenta, me disgusto que aquello me recordara lo que tendría que soportar.
Había dejado que Rulli escogiera mi ropa, Adkiel no le negó eso cuando dijo que había sido su idea para integrarme en las actividades del reino y ahora estaba aquí, vistiendo ropa blanca que iba a juego con el salón.
Rulli le dijo a su padre que aunque el fuera el futuro rey necesitaria de un buen consejero pues no podía depender de la corte para siempre. Se que eso termino en una discusión y con más rumores dentro del castillo.
—Ha este paso, los invernaderos Grago serán de conocimiento general en los reinos vecinos. No podemos arriesgarnos a que está información llegue a ellos
—Si bien los invernaderos son para mantener vida del bosque arcano fuera de este existe la posibilidad que la magia se replique en uno de ellos.
Adkiel escuchaba pacientemente, acariciaba suavemente su cien, aunque solo veía su espalda sabía que aquellos ojos color amatista estaban viendo el mapa de la capital con notoria preocupación.
—Sin mencionar que los Hirks ya no salen se sus templos, cuando se les convocan ignoran el llamado y su número también ha bajado.