Arzhvael (libro 10. Criaturas Mágicas)

Cap. 33 Despedida

 

En cuanto Enid había escuchado que la delegación de Evendil estaba en camino y siendo que no quería encontrarse con aquellas personas independientemente de quiénes fuesen por Erskin, quiso marcharse, pero como no podía levantarse en medio de la comida y como pensó sensatamente que no era como si ya estuviesen allí, intentó tranquilizarse y terminar de cenar en calma. No obstante, una vez que habían finalizado y se dirigían al salón, sus hijas, y como cabía esperar, se mostraron en total desacuerdo pues aún era muy temprano. Armel por su parte y sabiendo que era iluso imaginar que su familia estuviese donde correspondía, en cuanto estuvo listo para dejar Arx marchó directamente a Averdeen, pero si bien no le extrañó que sus hijas se negasen a marcharse, porque aquello era algo que había asumido como otra realidad de la vida por mucho que no le gustase, lo que sí lo sorprendió fue la alteración de su mujer, así que se fue derecho a averiguar la razón que en su mente solo podía ser que los condenados gemelos hubiesen hecho algo especialmente desastroso.

  • ¿Enid?
  • Ya las conoces – dijo ella en forma distraída – No van a…
  • Enid – repitió él y sujetó su rostro – Esto no tiene que ver con las niñas – dijo después de unos segundos de observación

Sin embargo, algo muy desagradable recorrió su espina dorsal al ver la angustia en los ojos de su mujer. Él, al igual que todos los portadores del don del control mental, procuraba con ahínco no invadir los pensamientos ajenos, pero en vista de las circunstancias, se dejó de delicadezas e irrumpió en los de Enid, y aunque habría preferido no hacerlo, tuvo que hacer un enorme esfuerzo para sujetar su ira, pero uno mayor para acallar el dolor que golpeó su corazón. No obstante, no tuvo ocasión para decir o hacer nada, porque en ese momento un destello anunció que los visitantes estaban llegando.

Giulian avanzó en cuanto comenzó a salir del Dver la poco más de media docena de elfos.

  • Bienvenidos a Averdeen, caballeros – dijo extendiendo su mano hacia el que venía al frente del grupo y después de asegurarse que no venía ninguna elfa entre ellos
  • Gracias – dijo el individuo – Mi señor Caley agradece el recibimiento

Después de decir eso, vieron que otro elfo se adelantaba y este se les hizo conocido a algunos de los presentes, pero Giulian lo recordó con claridad y arrugó el entrecejo.

  • Abiabi padarys [1] – saludó Caley y luego mirando a las damas agregó – fy istreys [2] – pero un momento después, Caley dobló una rodilla y todos sus acompañantes lo imitaron – Abiabi, dejlig Enid [3]

Siendo que todos los miembros de la última generación habían escuchado las furiosas diatribas de Endering cuando Dreo la llamaba dejlig, al igual que lo habían hecho Iván y Giulian cuando Dan hacía lo mismo, estaban perfectamente al tanto de lo que significaba, pero si bien a los mayores les extrañó un poco aquel familiar trato en un elfo, a los gemelos Douglas les había sentado muy mal y mejor ni hablar de Armel. Sin embargo, independientemente de los sentimientos y posibles reacciones, estos quedarían en suspenso, porque en ese momento venía haciendo su entrada Samantha en compañía de Erskin, Nat, Iker y Gema.

A pesar de que Erskin nunca se había llevado especialmente bien con su hermano mayor, seguía siendo su hermano, y después de ocho años de ausencia, la emocionada chica corrió a abrazarlo.

  • ¡Caley! – exclamó

Pero para indignación de absolutamente todos los presentes, si bien Caley no pudo evitar el abrazo, fue evidente para todos que aparte de no corresponderlo propiamente dicho, se había apresurado a apartarla.

  • Abiabi Erskin – saludó como si la hubiese visto apenas unas horas antes

Erskin tal vez recordó que Caley nunca había sido especialmente afectuoso, de manera que no prestó mucha atención al frío saludo.

  • ¿Dónde están papá y Cailan? – preguntó al no verlos en el grupo, pero Caley no le prestó atención, sino que la apartó y miró a Giulian
  • Le expreso nuevamente la gratitud a nombre de mi pueblo y…
  • Te hice una pregunta, Caley

El brillo de ira en los ojos del elfo despertó un recuerdo en la mente de Elijah que se colocó casi al lado de Erskin antes de que nadie tuviese oportunidad de notarlo, pero al menos a Caley le quedaría muy claro el mensaje de los ojos esmeralda.

 

  • Estás siendo grosera, Erskin – dijo mirándola aun con ira – intento agradecer al señor Cornwall el haberte devuelto a los tuyos

Elijah no era de los que iba por ahí buscando reconocimiento, pero aquel individuo ya había colmado su paciencia y todos en aquella casa lo sabían con exactitud, porque lo conocían bien, así que se prepararon para que el elfo lo pasase muy mal y, de hecho, Samantha tuvo el deseo y casi la intención de dejar mudo a su hijo.

  • En ese caso le agradeces a la persona equivocada, amigo, pero, así como no estoy especialmente interesado en que me agradezcas nada, sí lo estoy en que contestes a lo que ella te preguntó

Mael se llevó una mano a la frente preguntándose por qué aquel muchachito tenía que ser y hacer las cosas tan difíciles, pero al igual que todos, él también prestó atención a la reacción del elfo, porque todo en él estaba gritando que quería acomodarle un puñetazo a Elijah, sin embargo, aquel era un príncipe de su raza y sin duda había sido educado para manejar situaciones difíciles, aunque él también lo fuese.

  • Nuestro padre es un individuo ocupado y con muchas obligaciones qué atender
  • Claro, y supongo que los hijos no entran dentro de esas obligaciones – dijo en tono cáustico
  • Eli por favor – escuchó Elijah la voz de su madre
  • Está bien – dijo Erskin – yo entiendo – agregó, pero a nadie se le escapó la mezcla de tristeza y decepción que había en su voz, lo que no contribuyó en nada a que la simpatía de nadie por aquel sujeto aumentase – Muchas gracias Elijah, si alguna vez puedo ayudarte de cualquier manera, no dudes en buscarme – y dicho esto intentó suspenderse para darle un beso




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