Arzhvael (libro 10. Criaturas Mágicas)

Cap. 45 El rescate

 

Como Izek ya había comprobado que podía trasladarse sin restricciones, partió a toda velocidad mientras que Iván tardaría más en hacerlo, pues se detuvo un momento a dar unas apresuradas órdenes a sus hombres.

Iker y Nat habían continuado el camino con Niove después que Iván había tenido que marcharse con tanta premura, pero Iker era incapaz de sujetar su lengua y Nat pensó que el elfo terminaría por intentar arrancarle la cabeza. No era que él no estuviese preocupado por Erskin, pero Iker expresaba su preocupación de forma mucho más ácida.

  • Escucha infeliz, podríamos ahorrar tiempo si nos dices a dónde hay que ir – le dijo cuando ya llevaban mucho tiempo de camino

Nat pensó entre otras muchas cosas, que el elfo tenía una paciencia envidiable, porque si él había estado queriendo acomodarle un buen golpe a Iker, aquel sujeto con más razón, pero aun así seguía en estoico silencio. Finalmente se habían detenido, aunque ellos no veían nada parecido a un bosque élfico o a una entrada a alguno.

  • ¿Dónde estamos? – preguntó Nat
  • En medio de ninguna parte – dijo Iker y luego repentinamente, sujetó a Niove por el cuello
  • ¡Iker! – exclamó Nat, aunque él no le prestó atención
  • Si esto es una trampa, ya puedes despedirte de tu cabeza, porque serás al primero que enviaré al Helheim

Aunque Nat no se había planteado aquella posibilidad, porque en realidad no había motivos para que los elfos los quisiesen muertos, con la misma velocidad pensó que tal vez no tendrían motivos para quererlo a él, pero Iker era otro asunto, porque ahora era un vampiro, y siendo que habían sido aquellos los que habían mantenido secuestrada a Erskin y después del tratamiento que le había dado su primo a Caley, allí podría residir el dudoso motivo. Sin embargo, hizo su mejor esfuerzo por detener sus desbocados pensamientos y apartó a Niove de Iker.

  • No voy a decir que me agrades – dijo el elfo una vez libre – y en realidad comienzo a pensar que no eres de la clase que le sea agradable a nadie, pero ¿qué motivos podría tener yo para tenderte una trampa?
  • En realidad, no necesitas un motivo, porque todos ustedes comparten la manía de los vampiros por sentirse superiores y creerse con derecho a gobernar a las otras razas

Ambos registraron con precisión la ira de Niove posiblemente al verse colocado al mismo nivel que los vampiros, pero como había estado pensando Nat, aquel sujeto tenía una paciencia única, pues solo les dio la espalda y pareció comenzar a examinar el lugar.

  • ¿Quieres calmarte, Iker McKenzie?
  • No, y…
  • Suponiendo que tuvieses razón, solo conseguirás que nos maten más pronto
  • Algo que les quedaría bastante difícil, primo – replicó él con su habitual arrogancia

Aunque no lo sabían, aun tendrían que esperar mucho tiempo, mismo que se le hizo eterno a Iker, pero hacia el final de la tarde percibieron con claridad varias presencias y Nat extrajo sus canalizadores. No estaba especialmente habituado a ellos, porque no eran los suyos que se habían perdido a raíz de su secuestro, pero su madre había insistido en que tuviese los de ella hasta que pudiesen adquirir otros para él. Iker por su parte y siendo que no tenía ni los propios ni ningún otro, pues no podía tocarlos, simplemente agudizó sus ahora muy desarrollados sentidos determinando con precisión tanto el número como la esencia de las energías que se acercaban comunicándoselo de inmediato a Nat.

  • Niove, si…
  • Son amigos – lo interrumpió él
  • Tal vez lo sean tuyos, pero no nuestros – dijo Iker
  • Abiabi fy syr – escucharon un momento después y vieron emerger a varios elfos de debajo de sus skyk – Todo está listo como ordenaste
  • Bien, en marcha entonces
  • Ey, ey – dijo Iker

La expresión de los elfos que ya era de poca simpatía, aumentó sumándose a ella la reprobación.

  • Ya me estoy cansando, McKenzie – dijo Niove y Nat pensó que en verdad era un milagro que hubiese tardado tanto – ¿No eras tú el que tenía tanta prisa?
  • Y la sigo teniendo, pero lo que también tengo, es sentido común y…
  • Vamos Iker, cierra la boca y camina – lo urgió Nat
  • ¿Te das cuenta…?
  • De lo único que me doy cuenta – lo interrumpió de nuevo mientras se ponían en marcha – es de que terminaran matándonos por tu culpa
  • ¿Por qué? Aunque personalmente pienso que es lo que quieren, yo no los estoy atacando
  • Quizá no físicamente, pero tu desquiciante charla es un ataque a cualquier cerebro

Iker exhibió su odiosa sonrisa, pero guardó silencio y se dedicó a observar y a almacenar en su memoria hasta los más mínimos detalles del entorno.

  • ¿Qué? – dijo cuando sintió la mano de Nat en su brazo, pero él le hizo un gesto de silencio y señaló al frente

Iker ya había notado que habían llegado a lo que podía ser el final del camino, pues, aunque su vista se había agudizado, no veía nada porque simplemente no había nada que ver salvo lo que parecía una sólida pared. No obstante, fuese lo que fuere aquello, no era lo que parecía, porque unos segundos después algo brilló en la oscuridad y los elfos comenzaron a atravesar la supuesta pared.

  • ¿Qué esperan? – preguntó Niove que se había quedado de último – Es su turno




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