Arzhvael (libro 10. Criaturas Mágicas)

Cap. 46 Lizzy

 

Lizzy había abandonado la habitación donde estaba Mael a todo correr, pues cuando fue consciente de que él estaba despierto y que por fuerza había tenido que notar lo que ella había hecho, sintió la urgente necesidad de huir. Pero una vez que había abandonado el hospital, no tenía idea de a dónde ir. No quería ir a casa, pues no quería tener que enfrentar otra larga conversación con Daira acerca de su estado de ánimo. No podía ir a Averdeen por razones obvias, y aunque allí estaban sus primas y habría sido natural que buscase refugio junto a ellas, en realidad ninguna sabía lo que le estaba sucediendo. De manera que en segundos se había quedado sin opciones que por lo demás nunca habían sido muchas, así que se recostó de una pared, se llevó una mano al pecho y cerrando los ojos se preguntó qué hacer a continuación.

  • Huir no es muy inteligente, señorita Elizabeth
  • ¡Svan! – exclamó

Él se preparó para la habitual reprimenda con respecto a su poco delicada forma de aparecer, pero en aquella ocasión Lizzy parecía a punto de muchas cosas y reprenderlo no era una de ellas, algo que quedó demostrado a continuación.

  • Sácame de aquí por favor
  • ¿Y a dónde debo llevarla?
  • Lo más lejos posible y donde nadie pueda encontrarme
  • Señorita Eliza…
  • ¡Solo hazlo, maldición!

Svan juntó las cejas por el malestar que le produjo el grito, pero la sujetó por la cintura y partieron. Una vez que Lizzy se sintió nuevamente estable, echó una rápida mirada a su alrededor y se estremeció, porque el manto de blanca nieve resaltaba de forma extraña en la absoluta oscuridad de la noche. Svan se sacó el abrigo que llevaba y se lo colocó por encima de los hombros.

  • ¿Dónde…? – comenzó Lizzy, pero pareció perder el interés
  • En casa – contestó él a la inconclusa pregunta – Venga, tras los árboles sentirá menos frío

Lizzy se dejó conducir, pero una vez bajo la protección de los árboles, se deslizó hacia el piso y comenzó a llorar en forma convulsiva. Aunque a lo largo de los últimos años, Svan había sido testigo de su llanto en muchas ocasiones, en aquella había algo diferente, aunque no tenía idea de qué podía ser aparte del hecho que ella sabía que él estaba allí y en las anteriores oportunidades no. Aunque Svan sabía a qué obedecía el llanto de la chica cuyo motivo había sido el mismo siempre, lo que no sabía era qué hacer, así que la dejó llorar durante largo rato sin moverse ni decir ni una sola palabra, algo esto último que afortunadamente se le daba muy bien a Svan que, a diferencia de la mayoría de sus parientes, podía pasar incluso días sin hablar. No obstante, cuando notó que se hacía tarde, decidió que debía llevarla a un lugar más a propósito, porque aparte de que podía enfermar a causa de las bajas temperaturas, ya comenzaban a acercarse los lobos que habitaban aquellos lares y no tenía muchas ganas de enfrascarse en un pleito con ellos; no era que los animales tuviesen mucha oportunidad con él, pero no le gustaba la idea de tener que lastimar a algún recalcitrante individuo que no se mostrase inclinado a renunciar a una presa como Lizzy.

  • Señorita Elizabeth, será mejor marcharnos, porque…
  • ¡No! – exclamó ella
  • Es mala idea gritar
  • Lo siento – le contestó ella recordando que eso les sentaba muy mal
  • No lo digo por mí, sino porque tenemos compañía – dijo acentuando la última palabra
  • ¿Compañía?
  • Vamos

De manera muy inconsulta a juicio de Lizzy, la sujetó y unos segundos después ella estaba acomodándole un golpe.

  • ¿Qué sucede contigo?

Svan invirtió un momento en informarle la situación que acababan de dejar atrás, y aunque ella se sintió un tanto abochornada, no era de la clase que cedía con tanta facilidad.

  • ¿No se supone que son ustedes superiores y que esos bichos deberían obedecerles?
  • Todo obedece a un orden natural y no estamos aquí para alterarlo, de manera que los bichos solo se comportan como les es usual, usted representa alimento y lucharían por él, aunque con poca probabilidad de obtenerlo.
  • Pero si les das una orden…
  • Eventualmente obedecerían, pero antes de eso me habría visto obligado a enfrentarlos y alguno habría resultado lastimado.

Lizzy entendió el punto y dejó de discutir, pasando a sentirse curiosa con relación al lugar.

  • ¿Dónde estamos?
  • En casa
  • Eso ya lo dijiste, pero no señala un lugar geográfico muy específico
  • No es importante, lo importante es que estará más cómoda

Dicho esto, la condujo por un sendero no muy largo y al final del mismo Lizzy vio una especie de cabaña muy rudimentaria. Svan empujó la puerta y le hizo señas para que entrase.

  • ¿Vive alguien aquí?
  • Yo. A veces – contestó él con su parquedad habitual – Regreso en un momento




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