Arzhvael (libro 10. Criaturas Mágicas)

Cap. 75 Mael & Elizabeth

 

Mael despertó y lo primero que vio, fueron los ojos preocupados de Samantha, pero más allá de eso, percibió con absoluta claridad el cansancio y las oscuras sombras alrededor de los ojos que hablaban de una noche sin sueño.

  • Nena
  • Hola – dijo ella – ¿Cómo te sientes?
  • Bien, pero tú no deberías estar aquí
  • Intenté decírselo, pero no es de la clase inclinada a obedecer
  • ¡Zidan! – exclamó ella

Mael miró al berserker y se sorprendió al verlo sonreír, pues en su opinión, aquel individuo parecía imposibilitado para ello. Sin embargo, hizo eso a un lado por otro asunto de mayor importancia, al menos para él.

  • ¿Elizabeth?
  • Zidan la envió a casa – le dijo Samantha

Aunque no había dicho nada incorrecto, sino lo que el mismo Zidan le había dicho cuando ella preguntó por Lizzy, tuvo la impresión de que lo había hecho, porque los ojos de Mael brillaron con ira y el peligroso halo dorado hizo violenta aparición, de modo que Zidan se apresuró a apartarla, aunque sabía que la ira de Mael estaba dirigida a él y no a ella.

  • La señorita Elizabeth estaba cansada y tú no estabas en…
  • ¡Fuera de mi camino!

Sam apenas si tuvo oportunidad de ver nada, porque un segundo después Mael había desaparecido.

 

Lizzy no había podido descansar nada, porque la conversación con Dreo fue la más larga que hubiese tenido con él en toda su vida, de modo que cuando él se marchó, ella miró la hora y pensó en darse un baño y marchar a Averdeen, pues pronto iba a amanecer. Se sacó las ropas y después de un apresurado baño, comenzó a vestirse cuando sintió la presencia.

  • ¿Qué sucede contigo, Eli?
  • Nada, solo que no soy el individuo que crees, y la verdad no sé si me gusta mucho que me confundas con otro sujeto, señorita Elizabeth

Lizzy dejó caer el zapato que estaba por colocarse y volviéndose, ahogó una exclamación al ver a Mael.

  • Puedo volverme si… te incomoda – dijo él, y con mucho esfuerzo se giró

No obstante, Lizzy no tenía idea de qué había dicho él y ni siquiera estaba muy segura de estar despierta, pero se obligó a reaccionar y fue cuando notó que él estaba de espaldas a ella.

  • ¿Mael? – dijo y él giró un poco la cabeza
  • ¿Ya puedo mirar?
  • ¿Qué? – preguntó ella caminando hacia él – ¿Estás bien? ¿Puedes estar de pie?

No obstante, un segundo después estaba en brazos de Mael y casi estuvo segura que sus ojos lanzaban chispas.

  • No debió hacer eso, señorita Elizabeth

Pero no tendría oportunidad de preguntar qué era lo que no debía haber hecho, porque a continuación perdió el contacto con la realidad y creyó estar inmersa en algún sueño de los que había tenido muchos, con la diferencia de que en ninguno de los mismos se había sentido de aquel modo, pues estaba segura que si no se asía con fuerza caería al vacío.

Mael por su parte, apenas había entrado en contacto con los labios de ella, y, a pesar de no ser precisamente inexperto en la materia, se sentía como un escolar que experimentaba por vez primera aquella emoción y se dejó arrastrar por ella. Como ya se ha dicho, Mael era un indivduo ecuánime y en perfecto dominio de sus emociones, pero si bien había tenido muchas compañeras de cama, había sido únicamente para satisfacer un instinto básico, de manera que sus sentimientos nunca habían estado involucrados. Sin embargo, aun suponiendo que hubiese tenido alguna expectativa, la misma no habría podido estar más alejada de la realidad, porque lo que Mael parecía ignorar era que siendo un berserker y teniendo en sus brazos a la mujer que amaba, la razón se iba a paseo y eran los sentimientos y el instinto los que tomaban el control. De manera que aquella experiencia resultaría igualmente novedosa para ambos.

Lizzy había soñado muchas veces con estar en aquellos brazos, pero sus sueños no habían ido más allá de imaginar lo que sentiría si él la abrazara y tal vez si la besara, pues no había tenido ninguna experiencia amorosa, de manera que las avasallantes sensaciones que estaba experimentando eran totalmente desconocidas, y aquel vacío que había sentido en el estómago las últimas veces que lo había visto, estaba a años luz de lo que estaba sintiendo en ese momento. Sin embargo, un rayo de cordura se abrió paso en su cerebro al escuchar lo que se tradujo en el mencionado cerebro, como un quejido, pues recordó de lo más inconvenientemente, lo que había dicho Zidan.

  • Mael… – logró articular, pero él parecía incapaz de hacer lo mismo pues solo escuchó algo que estaba a medio camino entre una palabra y un gemido – Mael, Zidan di… - había comenzado, pero calló de manera abrupta

Algunas veces en su vida, Lizzy había sentido miedo, pero el que sintió en aquel momento superaba en mucho a cualquier otro, pues Mael elevó la cabeza y clavó sus ojos en los de ella que identificó con rapidez no solo la ira, sino algo muy amenazante que vino acompañado con lo que sin duda era un gruñido feroz.

  • No lo hagas, Elizabeth – le dijo – Te amo y no quiero matarte




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