Arzhvael (libro 11. La ira de los Dioses)

Cap. 24 Memorias

 

Arianell seguía con Eri, pero después de un largo silencio en el que intentaba ordenar todo lo que él le había dicho junto con la muy imprecisa información que poseían tanto ella como los miembros de su raza con relación a los Uzky, lo miró.

  • ¿Muy difícil? – preguntó Eri
  • ¿El qué?
  • Entendernos

Arianell pensó que por absurdo que pareciese, eran tan condenadamente sencillos, que eso era lo que la complicaba a ella.

  • Jud me dijo que no sabía quién era su madre…
  • Y no lo sabe
  • Pero ustedes sí ¿Por qué no se lo han dicho?
  • ¿Para qué?
  • ¿Cómo que para qué? Tiene derecho a saberlo
  • Mmm… tal vez si fuera otro, y si lo hubiese preguntado, Erk habría considerado decírselo, pero Jud es… difícil.
  • Difícil – repitió ella
  • Posiblemente se habría ido derecho a buscarla, y antes de que me digas que eso sería lo normal, no es así, porque lo habrían matado incluso antes de llegar a esa ciudadela

Ella lo pensó un momento y concluyó que Eri tenía razón, así que pasó a otra cosa.

  • Entiendo, pero eso no lo hace difícil, solo sería un niño queriendo conocer a su madre.
  • En verdad es difícil
  • Eso no es muy explicativo
  • Explicarlo ya es difícil, Nell – dijo él en un tono de frustración que no le había escuchado en todo el rato, pero ella ignoró eso
  • Haz un esfuerzo. Cuando dices que es extraño, te refieres a que no es como los demás ¿no?
  • Más o menos – contestó y ella lo miró mal – Todos lo queremos, pero sabemos que es extraño, o al menos lo es para nosotros. Cuando estaba pequeño era tan inquieto como cualquier nic[1], pero era más lento y menos fuerte, así que pensamos que estaba enfermo y Erk estaba preocupado, por lo que Jud pasó mucho tiempo con Jar
  • Pobre – dijo Arianell al recordar al sujeto
  • Jar le dijo a Erk que lo que le sucedía era que no comía como debía, pero nada de lo que hizo cambió eso. Si te fijas bien, Jud no es tan alto, fuerte o veloz como nosotros.

Aquello sorprendió a Arianell, pues en su opinión Jud era todo lo anterior. Sin embargo, intentó pensar lo que creía saber y analizó lo que estaba escuchando. A ella personalmente, le parecía que Jud era casi tan alto como Eli, aunque aquí su razón riñó a su necio pensamiento, pues en realidad nadie era tan alto como Eli. Con relación a la velocidad, a ella le parecía en extremo veloz, aunque no tenía idea de cuáles serían los estándares para aquella gente. Y con relación a la fuerza, la tenía menos aún, de modo que después de este rápido análisis, le hizo un gesto afirmativo a Eri para que continuase.

  • Otra cosa rara era que Jud enfermaba mucho, y los Uzky no lo hacemos
  • Espera, espera ¿no enferman nunca? – puntualizó
  • Bueno, casi nunca, y por lo general solo cuando comemos algo en mal estado
  • ¿Y qué le sucedía a Jud?
  • Nadie sabe
  • ¿Cómo es eso? Porque según Jud, Jar lo sabe todo – dijo y Eri rio
  • Eso solo es otra actitud infantil de Jud. El asunto es que siempre pensamos, aunque eso no ha ocurrido nunca, que iba a morir de tanto enfermar
  • ¡¿Qué?!
  • Calma, es obvio que no ha sucedido, y aunque sigue enfermando a veces, ya no tanto
  • Bien, te concedo que eso – puntualizó – puede ser extraño, pero…
  • Hay más
  • ¿Cómo qué?
  • Su manía por las otras razas. También por eso estuvimos a punto de perderlo muchas veces, como en una ocasión en la que lo atraparon, y como aún estaba pequeño, Erk apaleó a Vir pues se suponía que él lo vigilaba ese día. La cosa es que fuimos a buscarlo y apenas si llegamos con tiempo, porque quienes lo habían atrapado eran arzhvaels y estaban a punto de quemarlo
  • ¡Por los tesoros del Gran Druida! ¡No es posible! ¡Dijiste que era un niño!
  • Pero era un niño Uzky, de modo que eso no les importaba como no te habría importado a ti, porque…
  • ¡Claro que me habría importado! – exclamó, pero él la miró de una forma que no le gustó de manera especial
  • Estás mintiendo – le dijo haciendo que recordase a Jud – porque es posible que te importe ahora que lo conoces, pero no habría sido así en aquel entonces, ya que, si hubieras estado allí, habrías pensado igual que ellos, es decir, que solo éramos salvajes y peligrosos, algo que es cierto, pero no todo el tiempo, y en aquel momento Jud solo exhibía la infantil curiosidad que lo ha caracterizado siempre. Afortunadamente pudimos sacarlo del lío, pero perdimos a muchos de los nuestros, aunque no les fue mejor a los tuyos, lo que no contribuyó a que mejorasen la opinión que tienen de nosotros. Y en el caso de Jud, si hay algo que le guste menos que comer, es el fuego, porque se le quemaron las piernas y pasó algún tiempo antes de que Jar lograse curarlo por completo.




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