Arzhvael (libro 11. La ira de los Dioses)

Cap. 32 Mael

 

Samantha había seguido a Mael hasta Varulv, y aunque podría haber ido a cualquier lugar, no le extrañó encontrarlo allí y frente a la pintura de su madre.

  • No pierdas tu tiempo, Nena – le dijo en cuanto sintió su presencia

A lo largo de su vida, Samantha había experimentado  varias clases de dolor, incluido el de saberse  sin padres pues había crecido  pensando que los había perdido, pero si había uno que en verdad se le hacía muy difícil de soportar, era el de Mael fuera por el motivo que fuere, algo que había sido así desde que iban a la escuela y alguno de sus compañeros intentaba hacerlo víctima de su desprecio, y los susodichos habían comprobado por el camino del dolor, que podían  hacer casi cualquier cosa en la vida menos meterse con Mael, y eso incluía a sus propios hermanos y amigos, pues ella se los hacía pagar muy caro. De manera que, en aquel momento, al ver los ojos verdes velados por las lágrimas, y, aunque ella había alcanzado un alto nivel de control y una consciencia elevada, sintió la enorme necesidad de hacerle mucho daño al responsable. Sin embargo, gracias al mencionado nivel de control, pudo poner orden en sus emociones antes de acercársele.

  • ¿Por qué lo estaría perdiendo?
  • Porque te conozco e intentarás convencerme de que estoy equivocado
  • Y equivocado estás, porque no vine a eso – le dijo y Mael giró la mirada

Aparte de que entre ellos no podían ni habían querido mentirse nunca, él la conocía lo suficiente, y en caso de que ella lo hubiese intentado, él lo habría sabido, pero notó con rapidez que decía la verdad.

  • Bien, no viniste a eso y me alegra, pero si estás preocupada por Elijah, o por Arianell, o incluso por los desgraciados Uzkys…
  • Mael – lo detuvo – quien me preocupa eres tú. Yo te entiendo, porque crecí sin padres y sabes que durante mucho tiempo no solo odié a Bastian, sino que de hecho lo maté, pero eso no me habría devuelto a mis padres y fuiste tú quien lo hizo. De manera que no, no estoy aquí para cuestionarte, sino para que sepas que de acuerdo o no, y eso carece de importancia, yo siempre voy a apoyarte. En una ocasión me dijiste que estuvieses donde estuvieses, en cualquier circunstancia, con razón o sin ella, podría contar contigo y siempre has estado para mí, pero lo que pareces ignorar, es que yo haría lo mismo por ti.

Si bien la expresión de Mael no había dejado de ser la de amenazante ira mezclada con un dolor brutal, en cuanto ella se acercó, no pudo evitar envolverla en sus brazos con la calidez de siempre.

  • No vuelvas a hacerme esto, Mael
  • No te…
  • Me lastimaste
  • ¡Nena! – exclamó horrorizado – Yo nunca…
  • Sí, si me excluyes me lastimas
  • Lo lamento, Nena – dijo en verdad apenado – pero debes entender…
  • Y sabes que así es, y te lo acabo de repetir
  • No me refiero a eso, sino a que por mucho que me entiendas o me apoyes, no está en tu naturaleza odiar y no voy a arrastrarte en una…
  • Estás muy equivocado, Mael Berserker – lo interrumpió y él juntó las cejas, pues sabía que cuando lo llamaba así, era un mal presagio – Yo odiaba a Bastian
  • No Nena, tú solo sentías mucho dolor, porque no entendías cómo era que, siendo padre y abuelo, pudo hacer todo lo que hizo a su propia sangre
  • Escúchame necio, si no lo hubiese odiado, no lo habría matado
  • Y en realidad no lo hiciste
  • ¿Disculpa? Tú estabas ahí
  • Y porque estaba es que lo sé. Tal vez Danny lo habría hecho y yo definitivamente lo habría destrozado, pero tú te limitaste a defenderte, de manera que Bastian fue víctima de su propia maldad

Samantha entendió que no podía rebatir aquello, porque era cierto, y cuando se había enfrentado a Bastian, ella le había transmitido a su hermano lo que debían hacer y eso no incluía ninguna maldición agresora, pero ella era una Douglas tan terca como cualquiera de ellos, solo que Mael no la dejó hablar.

  • Nena, la naturaleza del elemento que se manifiesta con más fuerza en ti, si bien no te impide actuar con violencia, sabemos el daño que te hace, algo que se ha ido intensificando con el tiempo y a medida que has ido evolucionando.
  • También es tu elemento – porfió ella
  • Sí, pero yo soy un berserker también, y la parte salvaje de mi naturaleza…
  • No lo intentes, Mael – lo detuvo – Zidan también es un berserker y eso no evita que se sienta miserable cuando ataca a alguien
  • Seguro – reconoció él – pero su caso es diferente, porque él fue concebido para sanar, recuerda quién es su madre, mientras que yo soy hijo de una arzhvael común. Así que no podría permitir que te involucrases en esto.
  • Así que me haces a un lado
  • No Nena, solo te protejo
  • ¿Y qué piensas hacer con los demás? – preguntó, y como Mael juntó las cejas, ella sonrió en forma maligna – Puedes hacerme a un lado, porque es lo que haces digas lo que digas…
  • Nena no…
  • … pero te va a quedar un poco más difícil con Danny, Gail y las chicas




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