Arzhvael (libro 11. La ira de los Dioses)

Cap. 53 ¿Normalidad?

 

A pesar de que recientemente habían vivido la transformación de Eve y habían comprobado que lo dicho por Izek se había cumplido punto por punto, el caso de Vladimir era diferente, pues él no era hijo de Iván y por tanto su sangre vampírica si bien le otorgaba cierta ventaja, tanto Izek como Iván les habían explicado que el proceso sería más traumático, de manera que todos habían estado tan preocupados por el chico que no habían notado la ausencia de Gail, por supuesto, éste no era el caso de Danny, Aderyn, Sam, Mael y Diandra. No obstante, cuando se reunieron, Mael les dijo que él podía hacerse cargo de ubicarlo, pero Danny no quiso oír hablar del asunto, así que Mael conociéndolo como lo conocía, no discutió y se dispusieron a partir.

  • Tú quédate con las chicas, Nena – le dijo Mael – No vamos a demorarnos mucho
  • Lo harán – le dijo ella con tristeza
  • Te aseguro que…
  • Sé que pueden encontrarlo pronto, pero…
  • ¿Pero?
  • Ella tiene razón – dijo Danny – lo más seguro es que tenga que acomodarle un puñetazo o dos para componerle las ideas

Con algo de retraso Mael entendió a qué se referían y sin duda les esperaba un duro trabajo, lo que no sabía era lo incapaz que resultaría él para llevarlo a cabo. Apenas habían abandonado el hospital, Danny se detuvo y sujetó el brazo de Mael.

  • ¡No tenemos que buscarlo! – exclamó y Mael miró hacia atrás pensando que Danny lo estaba viendo
  • ¿Por qué? – preguntó al comprobar que no era así
  • Porque yo sé dónde está
  • Bien, pero…

Mael no pudo completar la frase, pues Danny lo sujetó y un momento después estaban en Escocia. Gail y como había prometido ante el sepulcro de los que por tanto tiempo creyó sus abuelos, había restaurado la casa convirtiéndola en su hogar una vez que se casó, y era justamente allí donde estaba, aunque no en la casa propiamente dicho, sino al pie de la colina cercana donde reposaban los cuerpos de sus abuelos. Cada centímetro de aquella propiedad estaba protegido, pero quienes acababan de irrumpir allí tenían autorización para hacerlo, de modo que no ocasionaron ninguna alteración, aunque Gail los percibió igual.

  • Quiero estar solo
  • Seguro, pero no se va a poder, así que levántate de ahí y regresemos
  • ¿Para qué?
  • No seas necio Gail, Aderyn te necesita, tú hijo te necesita y…
  • ¿Estás seguro de eso?

Durante los próximos minutos tuvieron que escucharlo decir cualquier cantidad de insensateces que iban desde que Aderyn era demasiado para él hasta que no estaba muy seguro de tener ningún hijo, así que Mael recordó el día que habían descubierto que Ángela era la madre de Gail y que éste había reaccionado del mismo modo, el problema ahora era que ni Gail era un niño ni la enorme paciencia de Mael alcanzaba para escuchar a nadie hablar en los términos que él lo estaba haciendo de Iván, y aunque podía esforzarse en tratar de entender cómo podía sentirse Gail por lo sucedido con su hijo, que culpase a Iván de cualquier manera era algo que Mael no podía tolerar ni con la mejor buena intención.

En realidad, Gail no culpaba a su padre de nada, solo que la personalidad de Gail siempre había sido inconsecuente, de modo que decía cosas inapropiadas y que no se correspondían en nada con sus sentimientos. Pero, por otra parte, Aderyn tenía razón en cuanto a que Gail, de forma inconsciente, pues era un trauma que estaba arraigado en lo más profundo de su psiquis, culpaba a la raza a la que pertenecía su padre, del abandono y del odio de la madre que nunca lo quiso. De forma consciente, Gail no lo era de aquello y era lo que lo hacía decir lo que Mael y su propio hijo, consideraban las más absurdas insensateces.

  • ¿Eres estúpido o qué, Gail? – preguntó sacudiéndolo – ¿Qué sucedió con el chico que conocí y al que no le importaba lo que los demás dijesen y que estaba tan orgulloso de su padre?
  • Suéltalo cachorro – dijo Danny irrumpiendo de forma violenta en la mente de Mael y éste soltó a Gail

Danny respiró cuando Gail cayó al piso, pues él había visto formarse la ira en Mael, había escuchado el gruñido que brotó de su pecho y había visto aparecer el peligroso aro dorado en sus ojos, de manera que sabía que tendría poca oportunidad de detenerlo por la fuerza y por eso recurrió a su mente. Danny podía ser un payaso y haberse perdido muchas cosas en la escuela, pero estaba perfectamente al tanto de lo que eran aquellos dos individuos, así que, por una parte, estaba bastante seguro que no porque lo quisiesen, pero podían hacerse mucho daño. Cierto era que Gail no era un vampiro, pero siendo hijo de uno y exhibiendo casi todas las características de uno, estaba en su código genético defenderse de un berserker; y Mael, aunque no había crecido entre los suyos, sí era un berserker con todas sus letras, y aunque tampoco quisiese al igual que Gail, en sus genes y no en su consciente, estaba la propensión a destrozar vampiros. Así que, aunque no había tenido muchas esperanzas de poder detenerlos, Mael lo había soltado, pero como seguía mirándolo con ira, Danny permanecía alerta.

  • Voy a asumir que todo lo que estás diciendo es producto de tu dolor emocional, y que cuando te des cuenta de tu necedad correrás a disculparte con todos
  • No he hecho nada – porfió Gail
  • ¡Ah sí, sí lo has hecho, estúpido! Por empezar, estás aquí lamentándote no sé exactamente de qué, porque la transformación de Vladi y si bien nadie podía querer eso para él, no es una tragedia
  • Eso lo dices, porque no es tu hijo
  • Es posible que no lleven mi sangre, pero todos sus hijos son mis hijos, idiota.
  • Vamos a calmarnos – dijo Danny y eso era muy extraño, pues normalmente era a él a quien había que calmar, pero Mael no le prestó atención
  • Segundo, saliste huyendo como un cobarde y dejando a Aderyn para que le hiciese frente a esto sin el apoyo de su marido, por fortuna para ella nos tiene a todos nosotros y francamente no le veo objeto a seguir perdiendo el tiempo aquí contigo, porque es obvio que tú no necesitas ayuda
  • No te la pedí
  • Claro que no, porque tú prefieres correr a llorar tu mala suerte, en lugar de escuchar a tus hermanos, apoyar a tu mujer y estar ahí para tu hijo como lo está tu padre. No sé si vas a regresar o cuánto tiempo te lleve hacerlo, pero cuando lo hagas, ten mucho cuidado con lo que le dices a Iván, porque él podrá haberte engendrado, pero es evidente que yo lo amo mucho más de lo que lo amas tú, y te juro que, si lo lastimas, voy a hacerte pedazos, hermano.




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