Arzhvael (libro 12. Amor en tiempos de guerra)

Cap. 47 Æsir

Los uzkys eran criaturas sencillas, y si bien su creador no los había dotado de un gran raciocinio, sí de un instinto muy superior al de las demás especies que habitaban Midgard y era casi su única ventaja sobre las demás. De forma natural y de acuerdo a su sencillez, ellos por quienes se preocupan primero era por sí mismos, eso no significaba que no fuesen capaces de sentir afecto y no solamente por un padre, un hijo o un hermano, sino por cualquiera, la diferencia estaba en que lo que no parecían sentir era el apego que evidenciaban las otras razas, como intentó explicárselo Eri en una ocasión a Arianell.

No obstante, y como sabemos, Loki no había puesto especial interés en nada más que hacerlos peligrosos y de acuerdo a su necia manía de fastidiar a todo el que podía, de modo que, a diferencia de las razas puras, no sucedería con los uzkys aquello de transferir su condición en todas sus partes a su descendencia, algo que, en cualquier caso, habría estado difícil de saber siendo que ninguna otra raza habría querido relacionarse con ellos. Sin embargo, especialmente Jud, cuyos padres pertenecían a razas puras, había heredado características muy obvias de ambos, solo que los uzkys y si bien lo notaron, solo pensaron que aquel era uno muy extraño, pues auqnue Eri, Bri, y algunos otros, eran hijos de arzvhaels, no presentaban tantas diferencias como Jud.

Otra característica de los uzkys, era que ellos no sentían el miedo que evidenciaban las otras razas hacia la muerte, no era que quisiesen morir, pero lo encontraban tan natural como la vida misma, de manera que, si bien su natural instinto de supervivencia los impulsaba a defenderse de cualquier peligro, cuando moría alguno sentían tristeza, pero no se quedaban enganchados en ella y era superada con relativa rapidez continuando con sus vidas. En este punto Jud también era diferente, porque demoraba mucho más en superar las pérdidas, y como habían notado, asimismo, se empeñaba en tener cosas o personas con un ahínco que encontraban irritante, pero lo atribuían a terquedad y nada más, algo esto último que compartía con Bri, solo que a Bri le duraba la terquedad hasta que conseguía aquello que quisiera y luego parecía olvidarse del asunto fuere este el que fuere, mientras que Jud no.

En las actuales circunstancias, Jud había estado sufriendo horrores y no solo por lo que le habían hecho y que se había visto agravado por su condición, sino que, había sido consciente de que estaba muriendo, y aunque como se dijo, no le temía a la muerte en si misma, lo que le causaba aquel sufrimiento emocional era el dejar a quienes amaba.

Sin embargo, en un momento determinado el dolor desapareció y sintió como si flotase emujado por una suave brisa, así que, aunque seguía experimentando la tristeza, la natural curiosidad que siempre le había causado todo en la vida, se impuso cuando se vio en los hermosos jardines de Garselid. Jud no se cuestionó cómo había llegado allí, sino que, en cuanto se sintió estable, comenzó a caminar admirando los maravillosos y brillantes colores del jardín, y si estaba seguro que se encontraba en los de Garselid, era porque ya había visto muchos otros y ninguno brillaba como lo hacían los de aquel bosque.

No sabía cuánto tiemo llevaba caminando, pero de pronto vio la figura de una mujer que se acercaba y pensó que era su madre, y aunque no era así, igual le resultó muy familiar. Jud había ladeado la cabeza como le era habitual cuando no entendía o intentaba recordar algo, pero la mujer le sonrió y él correspondió al gesto con su inocencia característica.

  • Saludos, hijo de Jairel

Entre las muchas cosas que Jud había aprendido desde que vivía con sus parientes maternos, estaba la formaa correcta de cómo saludar a un elfo, y aunque a él todavía le costaba un poco pensar en sí mismo como uno y seguía viéndose como un uzky, perdió unos segundos en contestar.

  • No te angusties —habló de nuevo Isalfar que era la que estaba allí —Lo importante no es a qué raza pertenezcamos, sino lo que somos como personas

Como Jud le había escuchado más o menos lo mismo muchas veces a Arianell y a sus parientes, no dijo nada, y lo que sí hizo fue sujetar la mano de Isalfar que ella había extendido y continuaron caminando.

  • ¿A dónde me llevas? —preguntaría Jud finalmente
  • He venido para llevarte a casa, Jud

Aunque lo primero que Jud pensó, fue que no necesitaba que nadie lo condujese a casa, independientemente de si hablaban de Garselid o de Lev, pues él sabía erfectamente como llegar, su instinto le dijo que ella no se estaba refiriendo a ninguna de esas casas. De modo que nada dijo, pero sí se detuvo un momento y miró hacia atrás, solo que no había nada que mirar y por un instante sintió un dolor sordo en el pecho.

Habían avanzado un poco más cuando una luz brillante hirió sus ojos, haciendo que Jud estuviese seguro de que el sol acababa de desprenderse del cielo y caido ante ellos. Percibió, más que vio, que Isalfar se había inclinado, pero cuando iba a hacerlo él, sintió como si la tierra lo estuvuiese succionado y todo fue oscuridad.

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En Asgard, y cuando Elijah y sus acompañantes tuvieron la sensación de que todo parecía haberse detenido, lo que no tuvieron fue tiempo para cuestionarse que estaba sucediendo o si alguna de sus temperamentales deidades había enfurecido, pues a continuación, y aunque ellos no lo sabían, experimentaron la misma sensación que Jud, es decir, como si de pronto la tierra estuviese especialmente interesada en tragárselos a pesar de que la misma estaba en perfecta quietud. Por un fugaz momento Elijah pensó que aquello era obra de Loki, pero no tuvo tiempo de reaccionar como seguramente lo habría hecho, y de lo único que tuvo oportunidad fue de aferrar con fuerza a Del contra su pecho.




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