Una vez que Aria se había tranquilizado, y que Eri había podido hablar con su padre y su hijo explicándoles por qué estaba allí, Iván se dirigió hacia Giulian y Mael que seguían apostados a la puerta de la habitación de Eved. Si bien Mael estaba atento, se había cansado de la incesante catarata de improperios de Giulian, así que lo había silenciado, pero no le suprimió el movimiento, a pesar de que ya comenzaba marearse con aquel incesante ir y venir.
Como Iván sabía que así era, no agregó nada más, y en cualquier caso, no habría podido tampoco, pues Armel, que había esperado pacientemente a que todo se tranquilizara, llamó su atención y se apartaron hacia la ventana.
Iván había olvidado momentáneamente la reunión que había solicitado el concejo élfico, pero lo recordó cuando Armel le pidió hablar un momento.
Armel a diferencia de individuos como Dan, Giulian o Jonathan y gran parte de la prole de éstos, hablaba más bien poco y de forma muy concisa, en especial si se trataba de un informe, así que le expuso a Iván con claridad y sin comentarios personales, como los antes mencionados, lo que los elfos habían querido tratar, lo que sorprendió mucho a Iván.
Iván sonrió internamente, porque sabía, aunque Armel no lo iba a decir, que aquel era un color que no le gustaba de manera especial, porque era uno que caracterizaba a los gemelos Douglas y era una manía que habían transferido a sus hijas, pero pasó a otro asunto que le parecía mucho más importante.
Si a Iván le había llamado la atención aquello, Iker, que había permanecido atento, aunque no estaba precisamente cerca, se sintió francamente sorprendido.
Si bien Iker había aprendido muchas cosas por cuenta propia, había una que parecía no poder dominar aún, y era la de enterarse, quisiera o no, de lo que se decía y estaba al alcance de sus oídos, y lo que tampoco sabía cómo bloquear, aunque no había una verdadera razón para ello, era el determinar con exactitud lo que las personas pudiesen sentir. Por lo anterior, su sorpresa era mayor, porque si había alguien que sabía que a Caedmon no le era ni siquiera simpático, era él. No se trataba de odio, como era el caso de Caley, así que suponía que solo se trataba de la predisposición natural de la mayoría de las razas en contra de los vampiros, así que no veía un motivo para que quisiese hablar con él.
Como Armel no tenía idea de la razón, tampoco pudo aclararle nada a Iván, quien se quedaría preocupado por aquello.
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A pesar de que Amdiel había dicho que ya había hecho lo que podía por Jar, había vuelto a entrar a la sala, pero como ya todos estaban más tranquilos, Elijah juzgó prudente decirle a Aria que debían volver a casa, así que Iker dejó de prestar atención a la conversación entre Iván y Armel y miró al chico preguntándose qué sucedía con su instinto, pues para él era obvio que Aria no se movería de allí hasta que por lo menos, pudiese ver a Jar, y si él lo sabía, Elijah tenía que saberlo mucho mejor. Sin embargo, Elijah se salvaría, al menos de forma inmediata, de la segura sacudida, porque en ese momento las gemelas Haider lanzaron un grito jubiloso.
Todos los chicos quedaron por un momento paralizados. No era que se hubieran olvidado de Zoran, pero con todo lo que había estado ocurriendo en los últimos días, solo unos pocos habían ido a verlo, de modo que de ahí la sorpresa al verlo de pie y aparentemente bien. Por supuesto la parálisis no les duró mucho y corrieron hacia él, pero se encontraron repentinamente detenidos y con mayor sorpresa aún, vieron que Sasha los apuntaba con su Gwialen.
Si el techo hubiese comenzado a caerse a pedazos, los chicos se lo habrían tomado con más calma que lo que acababan de escuchar, lo que demostraba la discreción de Zoran, ya que salvo Denielig y Gema, nadie más conocía su secreto, aunque ninguna de las dos le mencionó nunca nada para no incomodarlo. Y si los chicos estaban en aquellas condiciones, la de Urs era más lamentable aun, pues como todos, al escuchar el grito de las gemelas Haider, habían detenido sus conversaciones girándose en aquella dirección, así que al escuchar a su hija, sintió que por un segundo se le paralizaba el corazón.