Giulian, Jonathan y Sam entraron al Hospital, era el tercero que visitaban desde que había comenzado su misión, pero apenas habían dado unos pasos cuando tanto Jonathan como Giulian advirtieron que estaban inapropiadamente vestidos para aquel lugar. Si bien era cierto que llevaban sus Skik accesibles, pero bien resguardadas de los ojos de los firbolg, el resto de su atuendo se correspondía con la estación y el lugar, pero aquel era un sitio destinado evidentemente a ciudadanos de muy escasos recursos. Jonathan sujetó el brazo de Sam y se apartaron del corredor.
Sam que aún estaba mirándose sonrió, llevaba unos jeans desteñidos hasta lo imposible y con varios agujeros en distintas partes, un top que apenas cubría lo necesario, un piercing en el ombligo, los cabellos con varios mechones de color púrpura y un maquillaje decididamente gótico.
A ellos les bastó con unos pocos cambios, más que todo para lucir algo desaliñados. Y aunque a Giulian seguía sin gustarle el aspecto que Jonathan le había dado a Sam, no dijo nada más, porque tuvo que reconocer que no difería en mucho del de la mayoría de las chicas que circulaban por el hospital.
En el mostrador de recepción les indicaron el piso y el nombre del doctor al que iban a ver. Cuando llegaron al pasillo donde consultaba dicho médico, Giulian hizo un gesto de fastidio.
Unos diez minutos después los hicieron pasar. En condiciones normales aquello les hubiese tomado toda la mañana por la cantidad de mujeres que esperaban, pero la breve charla con la enfermera les había ahorrado aquel trámite.
Un individuo relativamente joven, tal vez un poco mayor que Giulian, aunque eso era impreciso, pues como ya se sabe, el proceso de envejecimiento de un arzhvael difiere en mucho del de un firbolg, era el médico y los miró con curiosidad durante unos segundos, pero luego exhibió una sonrisa profesional al saludarlos. Aunque no lo dijo, asumió rápidamente que, aunque Giulian se veía muy joven, por las características física en general, o bien era el hermano, o el padre de Sam, y que Jonathan era su pareja. El hecho de que Sam fuese tan joven, no despertaba mayor asombro, ya que la mitad de las chicas embarazadas que se atendían en aquel centro hospitalario, no superaba los dieciocho años, razón por la cual tampoco se cuestionó la poca edad que parecía exhibir Giulian.
De entrada, Giulian sintió indignación, pero luego se recordó a sí mismo la razón por la que estaban allí. Sin embargo, Sam tomó el control de la situación inmediatamente.
En ese momento Giulian puso todos sus sentidos en alerta, porque aquello era una mentira manifiesta, ninguna institución del estado contaba con un excelente programa de adopciones. Los niños que eran rechazados por sus padres iban a parar irremediablemente a un Orfanato. De manera que se mostró interesado en el asunto.
Giulian asintió, pero en cuanto el médico entró en contacto visual con Sam, quedó suspendido en un limbo. La chica se apresuró a implantar los pensamientos que deseaba que tuviese, y luego de unos minutos el hombre pareció regresar del viaje y sonrió.
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Editado: 25.09.2022