Arzhvael (libro 4. Nueva Vida)

Cap. 4 Sangre Douglas I

 

Después de que Peter habló con Eowaz, éste fue a ver a Anne, y aunque era poco lo que podía hacer, la tranquilizó como el día que recibió la noticia de que su hijo estaba muerto. Sin embargo, estuvo de acuerdo en que debía regresar a su casa, porque eso tal vez la ayudaría a recuperarse con mayor rapidez.

El caso de los Lèbedev había resultado un poco más complicado, porque si bien la familia no tenía ningún problema para regresar a su patria, Anastasia no podía hacerlo, ya que Eowaz dijo que Kenneth debía seguir en Helgard. De modo que el día que partieron sus padres, Anastasia entró en crisis y casi pierde al bebé, de no haber sido por la rápida intervención de Daira, las cosas podrían haber resultado catastróficas.

La mayoría de los refugiados ya había vuelto a sus lugares de origen, Endering fue la última de los refugiados en abandonar Arx en compañía de Alan. La dirección del Hospital de Arx, que ahora quedaría reducido a solo unos pisos, estaría a cargo de Daira, pero el jefe de Läkares sería el que hasta la fecha había sido el asistente de Alan, un joven arzhvael con mucho talento de nombre Armand Isham.

Aunque Eowaz había ofrecido nuevamente a Will ingresar al Cuerpo de Krigers, el chico declinó la oferta, pero en cambio aceptó la Dirección de la Biblioteca Nacional cuyo antiguo encargado había fallecido hacía más de un año, por lo que la institución había permanecido acéfala desde entonces. De modo que él había sido el primero de los McKenzie en abandonar Arx. Jonathan había sido enviado a algún lugar que nadie conocía pocas horas después de la reunión en la que le fue participado que pasaba a formar parte del Consejo Arzhaelí, por lo que su familia no sabía nada de esto último, y Kenny se había ido con él, de modo que no estuvo presente el día de la partida de los Lèbedev, lo que suponían había contribuido en gran medida al ataque de histeria que sufrió Anastasia.

Los miembros del antiguo Consejo de Estado habían solicitado la presencia de Peter en Kelten, pero éste había dicho que de momento le era imposible, porque no dejaría a su esposa en las condiciones en las que se encontraba, de manera que los demás se habían constituido en una especie de Junta de Gobierno transitoria y estaban trabajando sobre la base de que una vez que Anne se restableciese, Peter podría volver y enfrentar unas nuevas elecciones. Habían solicitado la ayuda de Eowaz, pero éste tampoco quiso intervenir, dejando clara la posición de la Orden Arzhaelí, porque, aunque se les había devuelto su estatus y sus propiedades, Eowaz estaba decidido a mantener a la Orden lo más alejada posible de la política de estado, aunque prometió que estudiarían la propuesta de volver a hacerse cargo de la seguridad.

Danny y Gail estaban en el Salón ambos con muy mala cara cuando entraron Sam y Mael. Los recién llegados no se molestaron en preguntar, ya que conocían la razón de su malestar. Los McKenzie se habían marchado el día anterior y desde entonces ambos estaban de un humor criminal.

  • Quiten esas caras, no tienen ni veinticuatro horas de haberse marchado – les dijo Sam
  • Para ti es muy fácil Sam – dijo Gail – tienes a Mael y a los niños, en cambio…
  • Pues podrías ayudar con ellos – lo interrumpió Mael
  • Ya tienen una nana – contestó él con acidez

Mael y Sam se miraron y parecieron llegar a la misma conclusión, aquellos dos estaban decididos a sentirse miserables y ellos nada podrían hacer, pero cuando se disponían a abandonar el Salón, entraron Giulian e Iván y como cosa extraña en los últimos días, venían ambos sonrientes.

  • Hola princesa – la saludó Giulian tomándola por la cintura y dándole un beso en la frente – Vamos chicos, daremos un paseo – dijo mirando a los demás

Pero como ciertamente ni Danny ni Gail estaban como para paseos, Iván los sujetó a ambos y los arrastró con él. Las medidas de seguridad se habían relajado, por lo que pudieron trasladarse desde allí mismo.

Cuando sus pies tocaron tierra firme de nuevo, Gail venía gritando a su padre en todos los tonos, mientras que Danny solo venía enfurruñado, pero silencioso. Mael se situó al lado de Sam una vez que Giulian la soltó.

  • ¿Dónde vamos? – preguntó Mael
  • Ya lo verán – contestó Giulian

Era inusual que no les participaran a dónde se dirigían, pero los chicos se limitaron a mirarse y guardaron silencio. Habían llegado a las afueras de una población que se les hacía conocida y de hecho por un momento pensaron que estaban en Allia.

  • No, no es Allia – dijo Iván – El nombre de ese poblado es Rieg.

Mael volteó con tanta violencia que se hizo daño en el cuello.

  • ¿Rieg? – preguntó para asegurarse innecesariamente de haber escuchado correctamente

Iván asintió y Mael hizo un rápido repaso mental de todo lo que sabía de aquel lugar. No tuvo que esforzarse mucho, la historia de Rieg estaba unida a la de los Cornwall por donde quiera que se la viese. La pregunta ahora era qué hacían allí y por qué habían llegado de aquel modo. Llegaron a una bifurcación de caminos, y aunque Sam había disfrutado mucho del hermoso paisaje, ya se estaba cansando, porque era una subida pronunciada. Mael estaba a punto de sugerir llevarla en brazos cuando Giulian se detuvo repentinamente.

  • Buenos días, Gwyn – saludó a alguien que la mayoría no podía ver con excepción de Gail y Sam
  • Saludos, descendientes de Syke
  • Déjate ver, todos son amigos – dijo Giulian
  • Tal vez lo son para ti, pero no para mí – dijo la Dríade
  • Como quieras.




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