Arzhvael (libro 4. Nueva Vida)

Cap. 30 El nuevo semestre

 

Samantha despertó con una sensación de felicidad como no recordaba haber sentido antes. Cuando abrió los ojos comprendió por qué. Estaba en la habitación de Giulian, estaba en su cama. Acarició las sábanas que tenían su olor y aún conservaban algo de su calor, pero no estaba él. Prestó atención y escucho correr el agua. Estaba en el baño. Se levantó y sintió frío, buscó su ropa y se cubrió rápidamente, pero aquella tela era un pobre sustituto del calor que él le proporcionaba. Entró sin llamar y lo encontró en la bañera. Giulian giró la cabeza al oír la puerta y la visión de ensueño que estaba delante de él le paralizó el corazón.

  • Buenos días – saludó ella acercándose y dándole un suave beso
  • Buenos días, princesa.
  • ¿Necesitas ayuda? – preguntó pícaramente.
  • La verdad es que estoy necesitando urgentemente…

Pero se quedó mudo ante el espectáculo, porque Sam sonrió y abriendo su bata, dejó que esta se deslizara por sus hombros cayendo al piso. Este simple gesto fue tan sensual, que provocó una inmediata y explosiva reacción en Giulian que estiró el brazo y la atrajo posesivamente, metiéndola en la bañera con él. La besó con suavidad, pero las caricias fueron aumentando su temperatura hasta repetir las hazañas de la noche anterior. Seguía siendo hermoso. Mucho rato después Sam sonrió y le preguntó:

  • ¿No temes que papá entre de pronto y nos encuentre aquí?
  • No –  contestó él y ella lo miró
  • No creo que le siente muy bien encontrarte en la bañera con su hija –  insistió
  • Ya te he dicho que no lo hará – y rio divertido
  • ¿Cómo lo sabes? Lo he visto entrar aquí sin tocar.
  • Lo sé sencillamente, porque coloqué un encantamiento de cierre en la puerta.
  • ¡Ja! ¿Y crees que eso lo detendría?
  • Créeme princesa, tu padre sabe perfectamente lo que eso significa y no intentaría forzar la entrada, porque no querría ver dentro.
  • Eres un…

Pero él nunca se enteró de lo que era, porque la hizo callar de la única manera efectiva para ello, sellando sus labios con un beso.

Muy entrada la mañana, Sam se fue a su habitación. Se tiró en su cama sonriendo de felicidad y de pronto escuchó la voz de su hermano.

  •  ¿Por qué tan feliz? No es que no me alegre, pero me gustaría saber la razón.

Sam rio y pensó que sería del todo inconveniente que su hermano se enterara de las razones de su felicidad.

  • Nada especial, solo soy feliz.

Aunque no pensaba dormir, porque debía ir a ver a los niños, se quedó profundamente dormida. Mael esperó en vano a verla aparecer en la habitación de los niños, y cuando fue evidente de que ella no vendría se asomó con cuidado a su habitación, pero al ver la cama hecha, un súbito dolor sin nombre y acompañado de una ira indescriptible se instaló en su corazón. Abandonó la habitación, se despidió de los niños y sin detenerse se marchó a Arx, había llegado el momento que tanto había temido, pero no había marcha atrás. Lo que Mael, muy inocentemente, no había esperado sentir, era aquella necesidad de destrozarlos a ambos, pues parecía haber olvidado lo que él era, y pensaba que su formación evitaría que sintiese aquel asesino deseo. Sin embargo, si algo habría de reconocer en el futuro, no solo él, sino cualquiera que supiese que era un berserker, era que tal vez la formación por sí sola no fuera suficiente, pero acompañada del inmenso amor que le profesaba a Samantha, y una convicción digna de elogio, era lo que había evitado la tragedia ese día. La pregunta que lo atormentaría a partir de ahí sería ¿Por cuánto tiempo podría soportarlo sin que su naturaleza quebrase su decisión? Después de mucho correr sin rumbo fijo, se detuvo en un paraje solitario y un ronco sonido que estaba a mitad de camino entre la ira y el dolor, brotó de lo más profundo de su pecho y miró al cielo preguntándose por que los dioses les habían hecho aquello a los miembros de su raza. ¿Por qué no podían amar y olvidar si no eran correspondidos? ¿Y por qué debían sentir aquella monstruosa necesidad de destrozar a quien los desdeñaba?

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Giulian bajó y sus amigos estaban en el salón. Dan leía El Heraldo y Amy un libro. Hacía mucho que habían desayunado, los saludó alegremente y siguió al desayunador, tenía un apetito voraz. Pensó en esperar a que Sam bajara, pero se estaba tardando mucho, así que decidió comer y luego simplemente le haría compañía mientras ella desayunaba. Pero terminó y ella seguía sin bajar, de modo que subió. Entró sin llamar y vio que estaba profundamente dormida. Sonrió, se acercó, le dio un beso en la frente y salió. Decidió que lo mejor era dejarla dormir, porque debía estar cansada después de una noche y una mañana dedicadas a hacer el amor. Bajó de nuevo y entró al salón disponiéndose a leer el diario él también.

Dan estaba contento de que Giulian se hubiera levantado de tan buen humor, ya que había pensado que después de la terrible discusión que habían tenido él y su hija la noche anterior, se levantaría con un humor criminal. Había pasado más o menos una hora cuando Amy dejó el libro y se levantó.

  • Ya es más de mediodía, voy a ver si Samantha está bien. Ya debería haberse levantado.




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