As De Corazones

CAPITULO 1

JUNGKOOK

El humo del cigarrillo se enredaba con las luces de neón, formando figuras efímeras que se deshacían antes de que pudiera darles un nombre. Jungkook observaba el espectáculo desde su mesa privada, un balcón de cristal ahumado que dominaba todo el club EL ÚLTIMO AS. Desde ahí, el mundo era suyo. Las pistas de baile parecían un océano de cuerpos en movimiento, el DJ mezclaba ritmos que vibraban en el pecho como un segundo latido, y las botellas de champán se abrían con un estallido que celebraba la opulencia de los que podían pagarla.

Pero Jungkook no veía nada de eso.

Llevaba tres años buscando aquella mirada. Tres años desde aquella noche, desde aquella carrera en el asfalto mojado donde una sombra de cabello oscuro y ojos de acero había perforado su coraza. Había intentado convencerse de que fue su imaginación, el cansancio, la euforia de la victoria. Pero la imagen persistía, como una cicatriz invisible en el fondo de su mente.

— Sigues mirando al vacío como si esperaras que el destino viniera a buscarte —dijo una voz grave a su espalda —

Namjoon dejó caer su peso en el sofá de cuero frente a él, con un vaso de whisky en una mano y una tableta en la otra. Sus ojos, siempre analíticos, lo escudriñaban con esa mezcla de preocupación y curiosidad que Jungkook detestaba.

— No espero nada — respondió Jungkook, apagando el cigarrillo en un cenicero de cristal de Murano.

— Solo respiro —

— Mientes mal — intervino Yoongi, apareciendo de la nada como una sombra.

— Tu respiración cambió hace tres segundos cuando miraste hacia la entrada. Algo te llamó la atención —

Jungkook giró la cabeza para encontrar al mayor de los siete apoyado contra la barandilla del balcón. Yoongi siempre estaba en los bordes, en los límites, observando desde las sombras. Su ropa era impecable, un traje oscuro que se fundía con la noche, y su expresión era un lienzo en blanco donde solo los más astutos podían leer la tormenta que se ocultaba debajo.

— No es nada — insistió Jungkook, aunque sus dedos se crisparon inconscientemente sobre el reposabrazos.

— Siempre dices que no es nada — dijo Jimin, deslizándose para sentarse a su lado.

— Pero luego terminas encerrado en tu taller de coches hasta las seis de la mañana, desmontando motores que no necesitan reparación —

Jimin sonrió, una sonrisa que podría derretir el hielo más antiguo, pero sus ojos de felino lo delataban. No había inocencia en él. Nunca la había. Los siete habían construido su imperio sobre las ruinas de sus infancias, y cada uno de ellos llevaba las cicatrices de esa construcción.

— Déjenlo en paz — dijo Taehyung, apareciendo con su andar pausado y etéreo. Se sentó en el brazo del sofá, su cuerpo esbelto y su mirada perdida en algún punto del horizonte de luces que se veía a través de los ventanales.

— Si Jungkook quiere perderse en sus demonios, que lo haga. Todos tenemos los nuestros —

— Los tuyos son más poéticos que los nuestros — murmuró Hoseok con una sonrisa, acercándose con una botella de tequila en la mano. Vestía un saco de seda dorado que reflejaba las luces como una segunda piel, pero su sonrisa, tan brillante como siempre, tenía un filo de acero.

— Los míos son más caros —

— Los míos son más ruidosos — dijo Jin, el último en unirse al círculo. Se sentó en el sillón principal, el que siempre ocupaba, el que lo convertía en el centro indiscutible de la mesa. Su presencia llenaba el espacio como una marea imparable.

— Y los tuyos, Jungkook, son los más peligrosos porque te niegas a nombrarlos —

Jungkook apretó la mandíbula. Tenía razón. Jin siempre tenía razón. Era el líder porque podía leer a cada uno de ellos como un libro abierto, y cuando no podía, los obligaba a leer en voz alta.

— No hay nada que nombrar — dijo Jungkook, levantándose de su asiento.

— Fue solo una noche, hace tres años. Una cara en la multitud. Ya pasó —

— Las caras no se quedan grabadas tres años si no significan algo — dijo Namjoon, sin levantar la vista de su tableta.

— Las estadísticas lo demuestran. El cerebro humano olvida el 90% de los rostros que ve en 24 horas. Si la recuerdas, es porque tu cerebro la archivó en la sección de "PELIGRO" o en la de "DESEO"

— O ambas — agregó Jimin, sus ojos brillando con malicia.

Jungkook sintió el calor subir por su nuca. Malditos. Malditos todos ellos. Por eso los quería. Porque lo conocían demasiado bien, y porque nunca le dejaban esconderse detrás de su fachada de hielo.

— Basta — cortó Jin, levantando una mano.

— No estamos aquí para analizar las obsesiones de Jungkook. El negocio va bien. Las carreras de esta noche están aseguradas. Las partidas de póquer en el sótano tienen una lista de espera de tres meses. El club está lleno hasta la bandera. Hoy hemos ganado —

— Hoy siempre ganamos — dijo Yoongi con un tono que no era presunción, sino un hecho.

— El problema no es ganar. El problema es que alguien decida que quiere lo que tenemos —



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En el texto hay: fanfic, accion, fanficbts

Editado: 31.08.2026

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