As De Corazones

CAPITULO 2

NAMJOON

El reloj de pared marcaba las once y cuarenta y tres cuando Namjoon levantó la vista de su tableta por primera vez en tres horas. Frente a él, en la mesa de juntas de vidrio y acero que ocupaba el centro de la oficina privada de EL ÚLTIMO AS, se alzaban montañas de documentos financieros, informes de inteligencia y mapas de rutas para las carreras de la próxima semana. Su mente era un motor de combustión constante, procesando datos, encontrando patrones, trazando conexiones que otros no veían.

Pero esa noche, algo no encajaba.

— ¿Dónde está Jungkook? — preguntó, su voz grave resonando en el silencio de la oficina.

Los otros cinco levantaron la vista de sus propias ocupaciones. Jin, sentado al frente de la mesa como un rey en su trono, arqueó una ceja. Yoongi, recostado en una silla con los ojos cerrados, abrió uno. Hoseok dejó de jugar con su encendedor. Jimin, que estaba revisando su teléfono, frunció el ceño. Taehyung, en cambio, solo sonrió con esa enigmática calma que siempre lo acompañaba.

— Dijo que iba a dar una vuelta — respondió Jimin, encogiéndose de hombros.

— Hace como dos horas —

— Dos horas es mucho tiempo para una vuelta — dijo Yoongi, su voz como un cuchillo afilado.

— Sobre todo para Jungkook, que siempre vuelve antes de que la gente comience a notar su ausencia —

— Quizás encontró algo interesante — sugirió Hoseok, su sonrisa deslumbrante ocultando la preocupación que asomaba en sus ojos.

— Una carrera improvisada. Una apuesta demasiado tentadora. Ya sabes cómo es —

— Sí — dijo Namjoon, cerrando la tableta con un golpe seco.

— Sé exactamente cómo es. Por eso sé que hay algo mal —

Se levantó de su asiento y caminó hacia la ventana panorámica que dominaba la ciudad. Desde ahí, Seúl se extendía como un mar de luces, un organismo vivo que respiraba y latía bajo su control. Pero en aquel momento, la vista no le ofrecía consuelo. Algo en el aire, en la tensión que había comenzado a acumularse desde que Jungkook se había ido, le decía que el equilibrio que habían construido con tanto esfuerzo estaba a punto de romperse.

— ¿Qué viste, Namjoon? — preguntó Jin, su voz calmada pero con un filo de acero bajo la superficie.

Namjoon se volvió lentamente. Todos los ojos estaban fijos en él. Los siete eran una familia, y cuando uno de ellos se desviaba del camino, los otros lo sentían en la médula.

— Cuando bajó, lo vi detenerse junto a la barra — dijo Namjoon, eligiendo cada palabra con cuidado.

— Había una mujer. No la reconocí. No era habitual. Y su mirada... su mirada no era la de una cliente buscando diversión —

— ¿Qué mirada era entonces? — preguntó Taehyung, su voz arrastrada y melódica.

Namjoon sostuvo la mirada del más enigmático de sus hermanos.

— La mirada de alguien que está cazando —

El silencio que siguió fue tan denso que se podía cortar con un cuchillo. Jimin dejó el teléfono sobre la mesa. Yoongi abrió completamente los ojos. Hoseok apagó el encendedor. Y Jin, el líder, el que siempre mantenía la calma, apretó la mandíbula tan fuerte que un músculo saltó en su mejilla.

— ¿Quién es? — preguntó Jin, su voz apenas un susurro.

— No lo sé — admitió Namjoon.

— Pero no creo que sea una coincidencia. Y no creo que Jungkook haya ido a dar una simple vuelta —

— ¿Tú qué crees? — insistió Yoongi, levantándose de su silla con la gracia felina de un depredador.

— Creo — dijo Namjoon, su voz haciéndose más grave.

— Que Jungkook nos está ocultando algo —

Taehyung se levantó de su rincón, su abrigo largo moviéndose con la lentitud de un sueño. Caminó hacia la barra que ocupaba una esquina de la oficina y sirvió un vaso de whisky, pero no lo bebió. Solo lo sostuvo, girándolo entre sus dedos, viendo cómo el líquido ámbar se arremolinaba.

— Hay algo que deberían saber — dijo Taehyung, su voz apenas por encima del silencio.

— Jungkook no ha dejado de pensar en una mujer desde hace tres años. Lo he visto en sus ojos, en la forma en que se pierde cuando cree que nadie lo observa. Siempre pensé que era una fantasía, un recuerdo inventado. Pero esta noche, cuando bajó a la pista... cuando la vio... supe que era real —

— ¿Tú viste a la mujer? — preguntó Jimin, inclinándose hacia adelante.

Taehyung negó con la cabeza.

— No vi su rostro. Vi su reacción. Jungkook se detuvo como si hubiera recibido un golpe en el pecho. Y luego, cuando volvió a subir, había algo diferente en él. Algo que no había visto desde que empezamos todo esto —

— ¿Qué? — preguntó Hoseok, su voz perdiendo toda su alegría habitual.

Taehyung finalmente bebió un sorbo de whisky, dejando que el líquido quemara su garganta antes de responder.

— Esperanza —

La palabra cayó como una bomba en la mesa. Todos los presentes compartieron una mirada que decía más que mil palabras. La esperanza era peligrosa. La esperanza era el lujo de los débiles. Y ellos, los siete reyes del inframundo de Seúl, habían aprendido hacía mucho tiempo que la esperanza era la primera enemiga que debían eliminar para sobrevivir.



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Editado: 20.09.2026

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