YOONGI
El club EL ÚLTIMO AS a las tres de la madrugada era un espectáculo completamente diferente. Las luces de neón se habían atenuado hasta convertirse en un resplandor tenue y rojizo, la música había cesado, y el olor a perfume y alcohol se mezclaba con el de la desinfección que los empleados de limpieza usaban para borrar las huellas de la noche. Los cuerpos que antes se movían al ritmo de los graves ahora eran solo sombras en las esquinas, los últimos rezagados que se negaban a aceptar que la noche había terminado.
Pero para Yoongi, la noche apenas comenzaba.
Desde el balcón VIP, observaba el club vacío con la misma intensidad con la que un lobo observa su territorio después de una tormenta. Todo estaba en orden, pero el instinto, ese don que lo había mantenido con vida durante más años de los que quería recordar, le decía que el orden era solo una ilusión.
La llegada de Mina había sacudido los cimientos de su imperio como un terremoto. Y Yoongi, el estratega, el frío calculador, el que siempre veía diez movidas adelante, se encontraba por primera vez en años sin un plan claro.
— No puedes quedarte ahí toda la noche — dijo una voz a su espalda, rompiendo el silencio.
Yoongi no se giró. Había reconocido el paso de Jimin desde que entró por la puerta del balcón, su andar felino y silencioso que delataba su entrenamiento como bailarín y como asesino.
— Puedo hacer lo que quiera — respondió Yoongi, su voz plana.
— Es mi club —
— Nuestro club — corrigió Jimin, acercándose para apoyar los codos en la barandilla a su lado.
— Y lo que está pasando nos afecta a todos —
Yoongi finalmente giró la cabeza para mirar a su hermano menor. Jimin tenía los ojos fijos en el vacío, su rostro hermoso y juvenil ocultando la tormenta que sabía que hervía en su interior.
— ¿Tú qué piensas de ella? — preguntó Yoongi, sin preámbulos.
Jimin tardó unos segundos en responder. Cuando lo hizo, su voz era más suave de lo habitual.
— Creo que es peligrosa. Pero no en la forma en que lo son nuestros enemigos. Es peligrosa porque nos conoce. Porque sabe cosas que no debería saber. Y porque hay algo en su mirada que me hace querer confiar en ella, y eso me aterra más que cualquier bala —
Yoongi asintió lentamente. Jimin había expresado exactamente lo que él sentía, y eso era inquietante. Los siete compartían un vínculo que iba más allá de la lealtad, una conexión casi telepática que les permitía leer las emociones de los otros. Y en aquel momento, la emoción que emanaba de todos ellos era una mezcla tóxica de desconfianza y fascinación.
— Jin confía en ella — dijo Yoongi, más para sí mismo que para Jimin.
— Jin confía en su juicio — corrigió Jimin.
— Pero eso no significa que confíe en ella. Hay una diferencia —
— ¿Y Jungkook? —
Jimin se rió, una risa corta y sin alegría.
— Jungkook está perdido. Lo he visto en sus ojos desde que ella apareció en la barra. Lleva tres años obsesionado con esa mujer, y ahora que la tiene frente a él, no va a soltarla fácilmente. Incluso si eso significa poner en riesgo todo lo que hemos construido —
Yoongi guardó silencio, procesando la información. Jungkook era el más joven, el más impulsivo, el que actuaba antes de pensar. Pero también era el más leal de todos ellos, y si algo salía mal, daría su vida por proteger a sus hermanos.
Esa lealtad era su mayor fortaleza y su mayor debilidad.
— ¿Dónde está ahora? — preguntó Yoongi.
— En la sala de juntas. Con ella. Jin, Namjoon y Hoseok están con ellos. Taehyung llegó hace diez minutos y se unió a la reunión —
— ¿Y por qué nosotros no estamos ahí? —
— Porque Jin quiere que estemos en los límites, vigilando — respondió Jimin, una sonrisa irónica curvando sus labios.
— Quiere que mantengamos la distancia, por si todo esto resulta ser una trampa —
Yoongi asintió. Era una decisión lógica, la clase de decisión que Jin tomaba para protegerlos a todos. Pero en el fondo, Yoongi sabía que no era solo estrategia. Jin también estaba procesando la llegada de Mina, y necesitaba espacio para hacerlo sin que sus hermanos pudieran leer sus emociones.
— ¿Vas a bajar? — preguntó Jimin.
Yoongi negó con la cabeza.
— No. No hasta que tenga más información. Pero tú ve. Necesito que estés ahí, que observes. Que me digas lo que tus ojos vean más allá de lo que tus oídos escuchen —
Jimin lo miró durante un largo momento, sus ojos oscuros brillando bajo la luz tenue.
— Siempre tan paranoico — dijo, pero en su voz no había crítica, solo comprensión.
— La paranoia me ha mantenido con vida — respondió Yoongi, su voz apenas un susurro.
— Y también a todos ustedes —
Jimin asintió y se alejó, su silueta desvaneciéndose en las sombras del balcón. Yoongi se quedó solo, sus dedos tamborileando rítmicamente sobre la barandilla de metal.
Editado: 20.09.2026