JUNGKOOK
El taller de coches de Jungkook era su santuario personal. Un espacio industrial en las afueras de Seúl donde el olor a gasolina y a metal caliente era el perfume más dulce que conocía. Ahí, entre motores desmontados y herramientas de precisión, podía desconectarse del mundo, silenciar las voces en su cabeza y concentrarse en lo único que tenía sentido: La velocidad.
Pero esa tarde, ni el rugido de un motor V8 lograba calmar la tormenta en su interior.
Llevaba horas intentando reconstruir el motor de un Ferrari F40 que había comprado en una subasta, pero sus manos se movían mecánicamente, sin pasión. Su mente estaba en otra parte. En una mujer de mirada de acero y sonrisa peligrosa.
— Sabía que te encontraría aquí — dijo una voz desde la entrada del taller.
Jungkook se giró tan rápido que casi golpea la cabeza contra el capó levantado del coche. Ahí, con la luz del atardecer filtrándose a través de las ventanas industriales, estaba Mina. Llevaba el cabello suelto, una chaqueta de cuero sobre una camiseta negra, y unos jeans que se ajustaban a sus piernas como una segunda piel.
— ¿Cómo sabías que estaba aquí? — preguntó Jungkook, limpiándose las manos con un trapo grasiento.
— Pregunté — respondió ella, encogiéndose de hombros con una naturalidad que desarmaba.
— Namjoon me dio la dirección —
— ¿Namjoon te dio mi dirección? — Jungkook arqueó una ceja, sorprendido. Namjoon era el más reservado de todos, el que menos confiaba en extraños.
— Dijo que si iba a seguir metida en sus vidas, debía conocer todos sus santuarios —
Jungkook soltó una risa corta.
— Eso suena a Namjoon. Siempre pensando en términos estratégicos —
Mina se acercó lentamente, sus ojos recorriendo el espacio con curiosidad. Pasó los dedos por la superficie de un motor de repuesto, sintiendo el frío del metal bajo sus yemas.
— Esto es hermoso — dijo, y su voz tenía un tono de genuina admiración.
— Este espacio. El olor. La forma en que todo está organizado. Se nota que es tuyo —
— ¿Y eso qué significa? — preguntó Jungkook, secándose las manos con más fuerza de la necesaria.
— Significa que eres más complejo de lo que aparentas — respondió Mina, girándose para mirarlo.
— El Jungkook que ve el mundo es el piloto temerario, el jugador de póquer despiadado, el hombre que no le teme a nada. Pero aquí, en tu taller, eres diferente. Eres cuidadoso. Metódico. Paciente. Esa paciencia no la muestras en ningún otro lugar —
Jungkook sintió que algo se aflojaba en su pecho. Ella lo había visto. Lo había visto de verdad, más allá de la máscara que usaba para el mundo.
— ¿Qué quieres, Mina? — preguntó, su voz más suave de lo que había planeado.
— Quiero conocerte — respondió ella, dando un paso adelante.
— No al Jungkook de las carreras. No al Jungkook del club. Quiero conocer al hombre que desmonta motores a las tres de la madrugada porque no puede dormir —
El silencio se extendió entre ellos, denso y eléctrico. Jungkook sintió que su corazón latía con más fuerza, que su respiración se volvía más superficial.
— ¿Por qué? — preguntó, su voz apenas un susurro.
— Porque creo que ese hombre es el único que puede entender lo que estoy pasando — dijo Mina, y por primera vez, su máscara de control se resquebrajó. En sus ojos apareció una vulnerabilidad que Jungkook no había visto antes.
— He pasado tanto tiempo fingiendo, tanto tiempo siendo la mujer fuerte que todo lo controla, que olvidé cómo se siente ser solo una persona —
Jungkook dio un paso adelante, acortando la distancia entre ellos.
— ¿Qué te pasó, Mina? — preguntó.
— Cuéntame la verdad. No la historia que le contaste a Jin. La verdad —
Mina lo miró durante un largo momento, sus ojos brillando bajo la luz tenue del taller.
— Mi padre no solo fue asesinado — dijo finalmente, su voz apenas un susurro.
— Fue torturado antes de morir. Le arrancaron la información que necesitaban, pieza por pieza, y luego lo dejaron morir en un almacén abandonado. Lo encontré yo. Tres días después de su muerte —
Jungkook sintió que el aire se escapaba de sus pulmones. La imagen era tan vívida, tan brutal, que su mente la recreó sin querer.
— ¿Quién lo hizo? — preguntó, su voz un gruñido.
— Eso es lo que he estado tratando de descubrir — respondió Mina.
— Pero cada vez que me acerco a la verdad, alguien intenta detenerme. Y ahora, con el topo en su organización, sé que estoy más cerca que nunca —
Jungkook la observó, su mente procesando la información. La vulnerabilidad en sus ojos era real, pero también lo era la determinación. Esta mujer había pasado por un infierno y había salido más fuerte.
— ¿Por qué nos contaste todo esto? — preguntó.
— Podrías habernos manipulado, podrías habernos usado sin revelar tus verdaderas intenciones —
Editado: 20.09.2026