JIN
El despacho de Jin era un santuario de orden en medio del caos. Pero esa noche, incluso el orden más meticuloso no podía calmar la tormenta en su interior. Desde la ventana panorámica, observaba la ciudad que se extendía a sus pies como un tablero de ajedrez iluminado, y por primera vez en años, no podía ver la siguiente jugada.
La llegada de Mina había cambiado las reglas del juego.
— Señor — dijo una voz desde la entrada.
— Hay alguien que insiste en verlo —
Jin se giró para encontrar a su asistente, un joven de rostro impasible que había trabajado para él durante años.
— ¿Quién? —
— Dice llamarse Kang Doyun. Dice que tiene información sobre... el pasado de la señorita Mina —
Jin sintió que su corazón se aceleraba. Kang Doyun. Un nombre que no había escuchado en años. Un nombre que pertenecía a un hombre que había trabajado para el Rey de los Ases, el padre de Mina.
— Hazlo pasar — dijo, su voz controlada.
El asistente asintió y se retiró. Minutos después, un hombre de mediana edad entró en el despacho. Vestía un traje gastado y su rostro estaba surcado por las cicatrices del tiempo y la violencia. Pero sus ojos, esos ojos oscuros y calculadores, seguían siendo los de un hombre que había visto demasiado.
— Jin — dijo el hombre, inclinando la cabeza en un gesto de respeto.
— Ha pasado mucho tiempo —
— Doyun — respondió Jin, señalando la silla frente a su escritorio.
— Siéntate. Cuéntame qué trae a un fantasma de regreso a la ciudad —
Kang Doyun tomó asiento, sus manos arrugadas descansando sobre sus rodillas.
— He oído que la hija del Rey de los Ases está en la ciudad — dijo sin rodeos.
— Que se ha acercado a ustedes —
— ¿Y eso qué te importa? —
— Porque fui yo quien la ayudó a escapar hace años. Fui yo quien la llevó al extranjero y borró todos los rastros de su existencia. Y ahora, sé que ha regresado con una misión —
— ¿Cuál? — preguntó Jin, inclinándose hacia adelante.
Kang Doyun lo miró fijamente, y en sus ojos había algo que Jin no había visto en mucho tiempo: Miedo.
— Vengar a su padre — dijo.
— Pero no solo a los hombres que lo asesinaron. También a los que lo traicionaron. Y Jin... ustedes tienen un topo en su organización. Alguien que trabajó con los asesinos del Rey de los Ases —
El silencio que siguió fue ensordecedor. Jin sintió que el suelo se movía bajo sus pies. Había sospechado que el topo existía, pero escucharlo confirmado por un hombre que había estado en el centro de la tormenta era diferente.
— ¿Quién es? — preguntó, su voz apenas un susurro.
— No lo sé — respondió Kang Doyun.
— Pero sé que está cerca de ustedes. Muy cerca. Y sé que Mina lo sabe. Por eso está aquí. Por eso se ha infiltrado en su círculo —
Jin apretó los puños bajo el escritorio.
— ¿Por qué me estás contando esto? —
— Porque — dijo Kang Doyun, levantándose.
— El Rey de los Ases fue mi amigo. Y aunque no pude salvar su vida, puedo ayudar a que su hija no cometa los mismos errores que él —
— ¿Qué errores? —
Kang Doyun lo miró fijamente, y en sus ojos brilló una advertencia antigua.
— Confiar en las personas equivocadas —
Y antes de que Jin pudiera responder, el hombre se giró y salió del despacho, dejándolo solo con el peso de sus palabras y la certeza de que la tormenta estaba más cerca de lo que había imaginado.
-------
JUNGKOOK
El taller de coches estaba vacío cuando Jungkook llegó. Había necesitado alejarse del club, del ruido, de las miradas que lo seguían a todas partes. Ahí, entre el olor a gasolina y metal, podía pensar con claridad.
Pero esa noche, ni el rugido de un motor podía silenciar las voces en su cabeza.
— Sabía que te encontraría aquí — dijo una voz desde la entrada.
Jungkook se giró y encontró a Mina en el umbral. Llevaba el cabello recogido en una coleta desordenada y una chaqueta de cuero que le quedaba demasiado grande, como si hubiera salido apresuradamente.
— ¿Qué haces aquí? — preguntó, aunque en el fondo sabía la respuesta.
— Necesitaba verte — respondió ella, acercándose.
— Necesitaba hablar contigo —
— ¿De qué? —
Mina se detuvo frente a él, sus ojos de acero brillando bajo la luz tenue del taller.
— De todo — dijo.
— De las mentiras. De los secretos. De las cosas que no te he contado —
Jungkook sintió que su corazón se aceleraba. Había esperado este momento desde que ella apareció en el club, pero ahora que estaba frente a él, no sabía si quería escuchar la verdad.
Editado: 20.09.2026