As De Corazones

CAPITULO 10

NAMJOON

La noche caía sobre Seúl como un sudario de terciopelo negro cuando Namjoon se preparó para ejecutar su plan. Desde su oficina, observaba el club a través de las cámaras de seguridad, sus dedos tamborileando sobre la mesa mientras esperaba el momento exacto para actuar.

La trampa estaba lista. Había difundido información falsa sobre un cargamento de armas que llegaría al puerto de Incheon en las próximas horas, un cargamento que supuestamente contenía pruebas que incriminarían al topo. Ahora, solo necesitaba esperar a que el traidor mordiera el anzuelo.

— ¿Estás seguro de que esto funcionará? — preguntó Jungkook desde la entrada.

Namjoon se giró para encontrar a su hermano menor, con la chaqueta de cuero y la mirada tensa.

— Funcionará — respondió Namjoon.

— El topo está desesperado. Sabe que estamos cerca. Va a cometer un error —

— ¿Y si es una trampa? — insistió Jungkook.

— ¿Y si el topo sabe que esto es una estrategia? —

— Entonces habremos perdido una batalla — dijo Namjoon, su voz firme.

— Pero no la guerra —

Jungkook guardó silencio, sus ojos fijos en los de su hermano.

— Quiero ir contigo — dijo finalmente.

— No — respondió Namjoon.

— Tienes que quedarte aquí. Vigilar el club. Si algo sale mal, necesito que estés en posición de responder —

Jungkook apretó la mandíbula, pero asintió.

— Cuídate — dijo.

— Si algo te pasa, nunca me lo perdonaré —

Namjoon sonrió, una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

— No me va a pasar nada. Confía en mí —

Y antes de que Jungkook pudiera responder, Namjoon salió de la oficina, dejando a su hermano con el peso de la preocupación y el latido acelerado de su corazón.

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EL PUERTO DE INCHEON

El viento nocturno olía a sal y a metal oxidado mientras Namjoon se deslizaba entre los contenedores del puerto. Llevaba un traje negro que se fundía con las sombras, y su SIG Sauer P320 estaba firmemente asegurada en su funda. A su espalda, dos de sus hombres más leales lo seguían en silencio, sus ojos escudriñando la oscuridad en busca de cualquier amenaza.

El cargamento ficticio estaba en el muelle número siete, un contenedor de acero etiquetado con el logo de una empresa de importación que Namjoon había creado específicamente para esta operación. Según la información que había difundido, dentro del contenedor había documentos que probaban la identidad del topo y su conexión con el Rey de Espadas.

Namjoon se detuvo a unos metros del contenedor y alzó la mano, indicando a sus hombres que se detuvieran.

— Esperen aquí — susurró.

— Si no regreso en diez minutos, activen el protocolo de emergencia —

Los hombres asintieron en silencio, y Namjoon avanzó solo hacia el contenedor.

El silencio era absoluto, interrumpido solo por el crujido de los barcos en el puerto y el lejano sonido de las sirenas. Namjoon llegó al contenedor y verificó el candado, asegurándose de que seguía intacto. Luego, con un movimiento rápido, lo abrió.

El interior estaba vacío. Como había planeado.

Pero cuando se giró para salir, una figura emergió de las sombras.

— Sabía que esto era una trampa — dijo una voz conocida.

Namjoon sintió que su sangre se helaba. La figura avanzó, y cuando entró en el tenue haz de luz de una farola, Namjoon reconoció el rostro.

— Hoseok — dijo, su voz apenas un susurro.

— Tú... eres tú —

Hoseok sonrió, pero no era su sonrisa habitual. Era una sonrisa fría, calculadora, que no llegaba a sus ojos.

— Lo siento, hermano — dijo.

— Pero el juego ha cambiado —

— ¿Por qué? — preguntó Namjoon, su mano deslizándose hacia su pistola.

— ¿Por qué hiciste esto? ¿Por qué traicionaste a tu familia? —

Hoseok dio un paso adelante, y por primera vez, Namjoon vio la verdad en sus ojos. No era ira ni rencor lo que brillaba en ellos. Era algo más profundo. Algo más antiguo.

— Porque — dijo Hoseok.

— Tu familia mató a la mía —

Namjoon sintió que el aire se escapaba de sus pulmones.

— ¿Qué? —

— El Rey de los Ases no era el único que había construido un imperio — dijo Hoseok, su voz cargada de años de dolor reprimido.

— Mi padre tenía su propia organización. Y cuando el Rey de los Ases quiso expandirse, simplemente lo eliminó. Y ustedes, fueron sus ejecutores —

Namjoon negó con la cabeza, su mente girando en un torbellino de confusión.

— No sabía... —

— Claro que no lo sabías — dijo Hoseok, su risa amarga.



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Editado: 20.09.2026

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